Preocupación por el abandono del Museo del cine
Trabajadores del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y legisladores de la Ciudad denunciaron el estado de emergencia patrimonial que atraviesa la dependencia situada en Barracas y aseguraron que existe riesgo de perder un archivo fílmico único en el país que conserva desde películas mudas nacionales hasta la colección del noticiero Sucesos Argentinos.
El conflicto fue analizado por la comisión de Cultura de la Legislatura, que preside la macrista Lía Rueda, que tiene en debate un proyecto para declarar la emergencia del Museo y donde los trabajadores de esa institución dependiente del Gobierno porteño detallaron la situación que se registra en la actual sede, ubicada en José Salmún Feijoo 555.
Según manifestaron, el espacio que ocupa el Museo es un depósito que no ofrece las condiciones necesarias para el almacenamiento y preservación del material fílmico y de las películas de nitrato, materiales altamente inflamables, así como relataron que ya hay latas oxidadas y fotografías históricas agrietadas y al borde de la desintegración.
En rigor, el Museo funciona en el segundo piso de un edificio que le pertenece al Correo Argentino, donde también está el Centro Electoral, y según los trabajadores, es alquilado por el Ministerio de Cultura porteño, aunque dijeron que desde hace años no se paga la renta, lo que los convierte en "intrusos".
Además, según consigna Télam, hace unos días recibieron la visita un representante legal del Correo, quien les anticipó que la empresa iba a requerir de ese piso en el marco de un plan de remodelación que ejecuta en el edificio, lo que generó una nueva preocupación en los trabajadores que ya mudaron varias veces al Museo con todo su patrimonio.
El Museo guarda 60.000 rollos de películas, 350 piezas como proyectores y filmadoras-, 1600 guiones originales, una biblioteca especializada con 8000 volúmenes, 350 bocetos de escenografía y vestuario y 3000 afiches.
Según la web del gobierno porteño, el Museo tiene por función "investigar, preservar y difundir el patrimonio cinematográfico nacional desde sus orígenes" y fue creado en 1971 en base a la colección particular de Ducrós Hicken -ensayista y académico argentino- que fue donada por la viuda del investigador.
Su primera sede fue el Teatro Municipal General San Martín, de allí pasó al ex Instituto Di Tella, luego al asilo Viamonte, hoy Centro Cultural Recoleta y para 1983 se instaló en un edificio de Sarmiento al 2500, donde permaneció hasta 1997, cuando se mudó a la sede en el edificio de Defensa 1220 y luego a Feijoo.
No obstante, el año pasado, el Ministerio de Cultura anunció la inauguración de una nueva sede del Museo en una dependencia anexa a la Usina de las Ideas, en La Boca.
Pero, para los trabajadores, ese espacio contiene "el uno por ciento del patrimonio del Museo, es más una sala de exhibición", contó a Télam María Marta Notari, quien participó de la reunión en la Legislatura.
Notari explicó que el material "se está perdiendo porque estamos en un galpón donde no se le da el tratamiento adecuado para su conservación para que resista en condiciones precisas de humedad y temperatura" y destacó la tarea de las 40 personas que mantienen a diario el patrimonio del Museo.
Por su parte, el presidente del bloque Buenos Aires para Todos, Fabio Basteiro, advirtió que "el museo está en estado de emergencia patrimonial y edilicia desde hace mucho tiempo, con altos grados de desidia e irresponsabilidad por parte del Ministerio de Cultura".
"Estuvimos visitando el museo y observamos las pésimas condiciones de seguridad, tanto para los trabajadores como para el patrimonio, que requiere de cuidados específicos de humedad y temperatura para evitar la autocombustión del fílmico", contó.
El patrimonio del Museo atesora originales de siete películas mudas nacionales, entre ellas "Hasta después de muerta" de 1916 y "El último malón" de 1918; la colección del noticiero Sucesos Argentinos desde 1938 a principios de los 80, y allí se encontró una copia completa de la película alemana Metrópolis, de Fritz Lang (1927), declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y a la que hasta ese descubrimiento le faltaban 25 minutos.