Juventud, ¿divino tesoro?
No hace falta ser profesional para ver que los adolescentes han cambiado en la última década. Pusieron en marcha una nueva forma de ser, de relacionarse, construirse y trascender hace varios años. Y no existe una causa que haya dado el puntapié inicial.
Algunos cambios, sin embargo, pueden llegar a partir del auge de las redes sociales, donde los adolescentes practican muchas veces el exhibicionismo. ?Se encuentra catalogado en lo que se llama sex-teen: el adolescente depende de la mirada del de afuera, y para tenerla, cada vez hace cosas más grandes. Con el paso de los años, el deseo de exhibirse va aumentando porque el estímulo tiene que ser más grande. La cultura joven hoy es el ?me gusta?, ?no me gusta?, la que generó la cultura Facebook. La validación está en el afuera, buscan en el afuera el ?yo valgo?, ?yo voy a ser alguien?. Desde ese lugar viene la exhibición?, explica Gastón Ieraci, psicólogo social especialista en problemáticas adolescentes.
El exhibicionismo trae implícitos, por definición, cambios en el despertar sexual. ?El acto sexual, hacer el amor, ahora es netamente un acto genital. Es un pene dentro de una vagina o de una boca. Los adolescentes dicen ?yo soy virgen pero tuve sexo oral?; es acostarse con alguien como un acto genital, primitivo, sin las necesidades del compromiso afectivo. Lo más importante en una relación sexual es el corazón, no es el pene ni la vagina ni los pechos. Entonces, cuando no hay vínculo emocional con el otro, pasa a ser como hacer gimnasia?, analiza Ieraci, quien dirige el área de adolescentes y jóvenes de la fundación Volver a Empezar.
Si bien el exhibicionismo es uno de los cambios que muestran las redes sociales, no es el único. También se conforman grupos de pertenencia, que a veces terminan protagonizando hechos violentos, que incluso pueden llegar a la muerte. Eso se debe a que el adolescente ?tiene la sensación de que no va a pasar nada. Le preguntás: ?¿Por qué revoleás esa botella?? y te dice ?porque no va a pasar nada?, y le decís, ?¿Qué pensás que puede hacer un botellazo en la cabeza del otro?? y no sabe. El adolescente no tiene conciencia del acto. En cuanto al caso de Jano, el chico al que le partieron un bate de béisbol en la cabeza, si vos le preguntás a esos chicos por qué lo hicieron, te van a decir ?yo no lo quise matar?; si hablás con los skinhead que le pegaron al chico en Chile por ser homosexual, te van a decir ?nosotros queríamos amedrentarlo?, como si un acto de violencia hiciera cambiar la condición sexual. Ellos nunca consideran que vaya a venir un mal mayor al que están causando. No tienen conciencia del otro porque el otro pasa de sujeto a objeto?, expone el psicólogo.
Los cambios que experimentan los más jóvenes están relacionados con los estímulos que reciben; por ello, un adolescente inmerso en una ciudad tecnológica como Buenos Aires siente que murió cuando se le corta la luz, a diferencia del pibe del campo, que al no tener acceso a determinadas cosas, no siente su falta. ?El problema es que los adolescentes tienen cero tolerancia a la frustración, no toleran la palabra ?no?. Cuando uno era chico, le daba vida a las cosas. Agarraba un pedazo de papel, lo transformaba en un avión y le daba vida; agarraba un palo de escoba, se subía, lo transformaba en un caballo y le daba vida. El adolescente hoy necesita que las cosas le den vida a él, como la Play, la Wii, el último celular. La mayor variación en el consumo la dan los adolescentes, y la gente que se dedica a cautivar los mercados sabe eso y se dedica para decirle ?esto que vos tenés hoy no te causó vida, no te dio nada, pero esto nuevo sí te la va a dar?. Es la cultura del descarte y, en verdad, es como la zanahoria adelante del burro?, analiza Ieraci, autor de los libros En conflicto con mis viejos / En conflicto con mis hijos y De sexo sí se habla.
¿Existe una salida a esta encrucijada en que se encuentra la adolescencia? Sostiene Ieraci: ?La primera solución está en la familia. Hay que reconstruirla; los diálogos entre hijos y padres, volver a comunicarnos, a entendernos. Lo más fácil para cambiar el mundo es cambiarse a uno mismo?, sintetiza el psicólogo social, y agrega que ?el vínculo familiar está en decadencia. También lo está el vínculo padre-maestro como socios en la búsqueda del bienestar del hijo. Antes, llegaba una mala nota y el padre preguntaba ?¿qué hiciste??. Hoy preguntan ?¿qué hizo el maestro???.
?El principal problema que tienen los adolescentes en la actualidad es que no tienen mañana. Viven en presente. Si tenés un mañana, un proyecto, hay cosas que no las hacés porque tenés un foco. Los pibes hoy viven solo el hoy y van andando por la vida como pinte, como se dé. Y si no tienen un rumbo, alguien lo va a marcar por ellos?, añade.
Los medios, por último, parecen jugar un rol importante en este proceso. Son capaces de amplificar lo mejor, pero también lo peor de lo que sucede. Ieraci los compara con un cuchillo Tramontina: ?Sirve para ir a comer un asado con amigos, o para clavarle 20 puñaladas a una novia. Todo depende en las manos de quién esté. Con internet pasa lo mismo: en las manos de un pibe que estudia es una herramienta muy poderosa. En las manos de un pedófilo, es una bomba de tiempo?.