Publicado: 11/05/2009 UTC General Por: Redacción NU

Renovar Legislatura, renovar esperanzas

Por Alicia Pierini, <br /> <br /> (Defensora del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires)
Renovar Legislatura, renovar esperanzas
Redacción NU
Redacción NU

En pocas semanas, los porteños elegiremos a nuestra sexta Legislatura. La primera vez que lo hicimos fue en octubre de 1997, cuando decidimos quiénes serían los sesenta legisladores que ocuparían sus bancas durante tres años y medio. En agosto de 2000 una segunda Legislatura sustituyó íntegramente a su antecesora y, aunque algunos diputados fueron reelectos, hizo que otros dejaran sus cargos para que nuevas caras ingresaran al recinto de la calle Perú.

Aquellas dos legislaturas iniciales encararon la ardua tarea de sancionar leyes fundamentales que conformaron el andamiaje jurídico en el que se sostiene el sistema institucional autónomo de la Ciudad.

Largos debates y muchas horas de labor insumió el estudio de los distintos perfiles que podían tener nuestras instituciones, la congruencia del sistema y la consistencia interna del entramado legal que dotó de un marco adecuado y sustentable a los poderes del Estado creados por la Constituyente de 1996. Aquella producción legislativa incluyó a la mayoría de los proyectos presentados y privilegió el consenso, tal como lo requería una arquitectura institucional apenas distraída por alguna minoritaria voz disonante.

La tercera legislatura asumió en diciembre de 2003 y desde entonces ya no hubo renovaciones íntegras del cuerpo ni diputaciones reducidas, sino que comenzó a cumplirse la norma constitucional que fija mandatos de cuatro años con renovación por mitades cada dos. Así, los nuevos legisladores se sometieron a un sorteo que determinó quiénes quedarían hasta 2007 y quiénes cesarían en 2005.

A partir de entonces, los porteños elegimos treinta legisladores cada dos años. Lo hicimos en 2007 y lo haremos el 28 de junio próximo, fecha en que nuestro voto decidirá quiénes serán los nuevos ocupantes de las bancas que queden vacías el venidero 10 de diciembre.

Aún bajo el imperio de la misma Constitución y de reglamentos más o menos parecidos, cada recambio de legisladores modifica el espíritu del cuerpo y -aunque entre los diputados que priorizan la gobernabilidad y la construcción institucional prevalezca la voluntad de lograr acuerdos y construir consensos- la Legislatura ya no tiene su mística fundacional.

Hoy, sus numerosos bloques, subbloques y hasta bloques unipersonales dificultan la tarea de legislar; prueba de ello son los errores técnicos de algunas leyes que obliga sucesivos emparches y los proyectos que no se llegan a tratar porque la vorágine política lo impide y el implacable almanaque los hace caducar a los dos años de presentados. En ese valle de los caídos hay infinidad de buenos proyectos y de ideas que debieran reciclarse, mencionando ?por honestidad intelectual- a sus originales impulsores.

Sabemos que toda renovación genera esperanzas. Claro que no vendrán buenos legisladores por arte de magia ni por gracia divina, sino por nuestro voto. Al emitirlo, recordemos que el sistema normativo que nos rige estará en manos de aquellos a los que elijamos en el cuarto oscuro.

Noticias Relacionadas

Más de Redacción NU