Publicado: 04/09/2003 UTC General Por: Redacción NU

Una elección al rojo vivo

El ballottage promete ser no apto para cardíacos. Los candidatos ya mostraron sus cartas y el triunfo parece depender más del error ajeno que del acierto propio. Ibarra logró achicar una diferencia que hace seis meses parecía imposible de remontar pero no sabe si tendrá resto para ganar. El camino recorrido y un final incierto en la pelea por el sillón de Bolívar 1
Una elección al rojo vivo
Redacción NU
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Hoy la mayoría de los consultores coincide en que la paridad existente entre Aníbal Ibarra y Mauricio Macri anticipa una definición abierta, en la que se peleará voto a voto. Hay consultores que -en off- estiman que la diferencia que definirá quién se quedará finalmente con el sillón de Bolívar 1 y quién será el derrotado rondará el uno por ciento y hasta podría ser menor.

Para colmo, todo parece indicar que ya ambos candidatos mostraron lo mejor que tenían y que no quedan nuevos ases ni comodines en la manga. Ibarra ya gastó los suyos: el apoyo del presidente Néstor Kirchner -que le sirvió para descontar la ventaja que le llevaba el presidente de Boca- y la inauguración de los subtes fueron sus cartas más fuertes, que ya arrojó en la primera mano. Macri, por su parte, repite su propuestas ya realizadas para la primera vuelta: en poco menos de siete días volvió a anunciar como una novedad el apoyo de la Alianza de Centro -algo obvio, ya que este partido había "colgado" su boleta de la fórmula de Compromiso para el Cambio-, su plan social en un comedor escolar -ya había ido antes al de Margarita Barrientos con ese fin- y un paquete de medidas legislativas que había dado a conocer a mediados de julio.

Tal como suele suceder en una final cerrada de un campeonato de fútbol, el partido lo ganará el que se equivoque menos. Dentro de este esquema defensivo, Ibarra y Macri aceptaron participar de algo que intenta parecerse a un debate pero que no lo será, ya que durante la mayor parte del mismo, que se emitirá este jueves a las 21:30 por Canal 7, se dedicarán a contestar un cuestionario que ya les fue entregado de antemano para que lo estudien.

UN POCO DE MEMORIA

Los ibarristas saben que la llave de la reelección pende dos factores. Primero, evitar que la mayor parte de los votantes de Zamora se incline por el sufragio en blanco. Segundo: obtener el mayor grado de apoyo posible del votante de Patricia Bullrich, al que, teóricamente, suele situárselo más cerca de Macri. Pero para llegar a este mapa electoral que denota una exasperante paridad de fuerzas entre quienes llegaron al ballottage ocurrieron varios hechos que vale la pena recordar.

A comienzos de año, todavía con los efectos de la crisis nacional golpeando en la Ciudad de Buenos Aires, el camino hacia la reelección aparecía muy difícil para Aníbal Ibarra. Mauricio Macri punteaba cómodo en las encuestas y Daniel Scioli, ubicado tercero, amenazaba con llevarse el triunfo si su crecimiento se mantenía constante. Contaba con una buena gestión al frente de la Secretaría de Turismo de la Nación -que se había visto ampliamente beneficiada por la devaluación-, no estaba desgastado como Ibarra y tampoco tenía los flancos débiles que ofrece Macri por su histórica vinculación empresarial con el Estado.

Decir qué hubiera pasado si Scioli no hubiera aceptado el ofrecimiento que le llegó para acompañar a Néstor Kirchner en la fórmula presidencial es entrar en el terreno de la hipótesis. Una de ellas es que el santacruceño habría tenido mayores dificultades para alcanzar la presidencia -basta recordar la presión que ejerció Eduardo Duhalde para obtener el sí del ex motonauta por la falta de figuras que ayudaran al gobernador de Santa Cruz a sumar puntos para una elección se le planteaba como muy difícil-. La otra teoría es que si Kirchner no hubiera sido presidente, Ibarra no habría tenido aliados de fuste para su intento reeleccionista. Además, contra Scioli, el jefe de Gobierno tampoco habría podido realizar su campaña aprovechando los resquemores que provoca la figura de Macri, al tiempo que también habría tenido que luchar contra este último.

Pero en febrero Scioli aceptó la candidatura para la elección nacional al día siguiente de que el justicialismo porteño proclamara su fórmula para la Capital junto a Alicia Pierini y abandonó el escenario local. Sin embargo, lo que parecía en un principio una causa de festejos para el ibarrismo, se transformó enseguida en un motivo de temores, ya que las encuestas comenzaron a reflejar que dos tercios de la intención de voto que tenía Scioli pasaban para Macri, con lo que éste estiraba su ventaja hasta 15 puntos e inclusive más. Para esta situación colaboró el propio jefe de Gobierno quien, en su afán de quitarse competidores, fijó las elecciones porteñas para el 8 de junio, evitando legalmente que tanto Scioli como otros candidatos que participaban en los comicios nacionales pudieran "bajar" luego a los locales.

En estas elecciones porteñas, además de los postulantes que finalmente participaron, se encontraban también Gustavo Beliz y Rafael Bielsa. El actual ministro de Justicia, durante su campaña realizaba denuncias contra el jefe de Gobierno, pretendiéndole robar parte de su caudal de votos y, si bien las encuestas no lo favorecían, ejercía presión mediática desfavoreciendo la imagen de Ibarra. Por otro lado Bielsa, que también medía poco, disputaba la misma franja electoral que el actual jefe de Gobierno, quitándole un pequeño porcentaje de votantes.

Faltando dos meses para las elecciones de la Ciudad, las encuestas daban por ganador por amplio margen a Mauricio Macri. Sin embargo, el justicialismo porteño, cuya fórmula había sido desguazada, no había logrado cerrar acuerdos con ninguno de los dos principales candidatos y, mediante un recurso de amparo presentado por su apoderado ante la jueza María Servini de Cubría, obtuvo el 7 de abril la suspensión de las elecciones de la Ciudad.

El triunfo de Kirchner, ratificado un par de días antes del ballottage -que debía celebrarse el 18 de mayo- por la deserción de Carlos Menem, se llevó consigo a Beliz y a Bielsa, que fueron llamados para desempeñar cargos en el Gobierno Nacional. Pocos días antes, el 6 de mayo, Ibarra había confirmado una nueva fecha para los comicios porteños: el 24 de agosto. El triunfo del santacruceño le dio aire a Ibarra, quien comenzó a basar su estrategia en nacionalizar la campaña contra Macri - al que calificó como un "coletazo" del menemismo en retirada- y en reforzar alianzas con los sectores "progresistas".

Así el jefe de Gobierno consolidó finalmente "Fuerza Porteña", en la que incluyó a frentistas, aristas, socialistas, kirchneristas y representantes de la CTA. En cambio, no realizó acuerdos con el radicalismo, para evitar comparaciones con la Alianza de Fernando de la Rúa. Por el lado de Macri, éste cerró con la estructura orgánica del PJ capital e incorporó también a una amplia gama de representantes de centroderecha, conformada por la Alianza de Centro, radicales disidentes e independientes, entre otros.

La polarización que generaron las dos fuerzas se vio representada no sólo en las encuestas sino también en el alto voltaje de la campaña, que tomó temperaturas hasta ahora nunca experimentadas en la Ciudad. Bastante más atrás fueron quedando en la pelea Luis Zamora y Patricia Bullrich -cuyos votantes ahora serán claves para definir el ballottage- y muy lejos el candidato del radicalismo, Cristian Caram, quien finalizó la elección arañando el dos por ciento de los votos.

Las dos semanas previas a los comicios, las encuestas mostraban resultados disímiles: desde una grosera ventaja de once puntos para Macri, hasta un triunfo de Ibarra por uno o dos puntos, pasando por el consabido "empate técnico". Finalmente, tras el recuento definitivo de los votos, los resultados denotan que Macri logró imponerse en la primera vuelta pero por menos de cuatro puntos -exactamente 3,94-. Esta diferencia puede ser considerada mucha o poca, según con el cristal que se la mire. Los ibarristas que terminaron creyendo en las encuestas que ellos mismos encargaron y que los daban ganadores, se habrán sentido derrotados tras la elección. Los que tengan más memoria, posiblemente estarán valorando el resultado.

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