La canción del antihéroe

La canción del antihéroe

Es una de las caras más reconocibles de la pantalla chica aunque su formación viene del teatro. Está coprotagonizando el musical "Doña Flor y sus dos maridos" con Emme y Miguel Habud en el teatro Broadway (miércoles a domingos 21 hs). Marcelo Mazzarello se hace un tiempo para hablar de teatro, sus inicios y de cómo ser galán en Chile.


"Para hacer a Teodoro en ‘Doña Flor y sus dos maridos’, lo primero tuve que hacer fue cantar. A partir de ahí, empezó la construcción del personaje. En ese sentido, lo que más me preocupaba era la cuestión técnica. En un musical se cuenta todo como un cuento. Las canciones y las escenas comparten casi el mismo tiempo: una canción-una escena, una canción-una escena. No necesita una composición tradicional como lo sería para el cine, que sería más meticulosa. El musical pide otro tipo de trabajo. Estás al servicio de entretener y divertir y Teodoro le aporta eso a la puesta. Es el que relaja las situaciones porque tiene alguna carga dramática. Con los trabajos que he hecho se espera que haga reír y distienda las situaciones. Un poco creé el personaje al servicio de esto".

"Me encanta cantar, lo que no quiere decir que lo haga bien, jajaja. Me dijo el maestro Blacher que canto bien. Que no me tire abajo, ya que soy afinado. Me gusta y estoy armando un unipersonal con canciones. Soy de componer y estudio música. Cuando empezamos con el dúo Oliver-Mazzarello, que trabajamos en ‘Naranja y Media’, todos los viernes hacíamos la terapia musical. De alguna manera siempre estuve haciendo cosas musicales. No estudié canto pero ya tuve algunas experiencias en este sentido, aunque ‘Doña Flor’ sería la primera experiencia ‘profesional’. Más que nada porque estamos en un teatro comercial, en la calle Corrientes, pero tuve varias experiencias anteriores en el under".

Impasse 1: Nos encontramos con Marcelo en la platea del Broadway. Asistentes van y vienen preparando la puesta. Agradable como pocos, responde con seriedad pero sin perder la sonrisa.

"’¿Quién son vo’!’ es un espectáculo del que tengo recuerdos hermosos. Hay trabajos en mi carrera que siento que realmente modificaron mi trayectoria y que me dieron basamento y cuerpo a lo que hago. ‘¿Quién son vo?!’ es uno de ellos, ya que me dio la oportunidad de que me miren de otra manera. Por ejemplo, Sebastián Borensztein se hizo fanático del espectáculo. A partir de que lo vio me dijo que estaba escribiendo el guión de ‘La suerte está echada’ y que quería que fuera el personaje central. ‘¿Quién son vo?!’ es una opinión propia y me permití partes de poesía, que no eran fácilmente digeribles. Tal vez, no era lo que se espera de uno cuando estás haciendo televisión. Fue muy importante por eso y la gente que tenía ganas de ver otra cosa se sintió a gusto".

"En Chile hice la película ‘Pretendiendo’. Era un galán seductor, con ese argentino que todos llevamos dentro. El bueno y el malo que ven de nosotros en Latinoamérica y por lo cual nos tienen tanta bronca. Todos los actores eran chilenos, salvo la protagonista (Bárbara Mori) que era mexicana. A lo largo de la peli, al personaje se lo empieza a querer, ya que va modificándose por la relación que tiene con la protagonista. Crear ese personaje fue una oportunidad de mostrar otra cosa. Está el estereotipo de que si sos narigón sos feo. Pero puede haber un galán de otra índole, que de hecho, fue lo que pasó. El director estaba buscando al protagonista masculino y no lo encontraba, ya que quería un galán y tenía una comedia entre manos. No encontraba a nadie que tuviera gracia y pudiera hacer de galán. Hice un casting y me dijo que tenía que hacer el personaje. A la chica le dijeron "vas a tener un galán atípico. No es lo que vos esperás pero va a ser un galán", jajajaja. Nada de rubio, de 1.80 mts. Es más interesante y difícil componer un galán sabiendo que vos no sos el prototipo de la belleza. Está bueno salir del estereotipo del bobo, del feo. Hay que escaparse todo el tiempo de los rótulos, en particular en la actuación, y si uno tiene la posibilidad de hacerlo, es casi una obligación. Además, uno no es lindo y desarrolla una astucia. Si no lo hace, ¿qué come? Es así. El que no llora no mama. Costará el doble levantarse una mina, pero tiene un gusto doble".

Impasse 2: Se lo ve feliz con lo que hace. Habla de su trabajo y de sus amigos (como Carlos Belloso -"es un genio, un artista puro"-) con pasión.

"Empecé con el teatro a los diecisiete años para salir de horas de clase, ya que nos ofrecían hacer una obra. La hice. ¡Y se rieron! Eso fue un disparador dentro de mí, me quedó. Luego pasó mucho tiempo porque no me veía como actor. No me llamaba la atención ni quería hacerlo. Después apareció Norman Briski, que dictaba un seminario de comicidad y me llamó la atención para hacerlo. Lo tomaba como un hobby".

"Tengo una formación muy tana, para la que ‘eso no es trabajo’, y que hay que trabajar de algo ‘serio’. Actuás pero ¿de que trabajás? Lo creía así y siempre trabajé de otra cosa. Empecé a tomar esto en serio a partir del Parakultural, a los veintiocho, veintinueve años. Además, como soy muy tímido, me llevó bastante tiempo vencer el pánico escénico".

"Los 80 fueron una época muy linda. Igual me da un poco de bronca ese revival, porque habría que retomar alguna iniciativa. No vivir pensando en eso sino en cómo traemos eso ahora. Hay mucha gente joven haciendo teatro. Falta rebelión, generar cosas o tener un líder como Omar Viola, que en ese caso, generaba la movida. El contexto estaba dado para que los artistas fuéramos a probar cosas y había gente que iba a ver eso. El teatro tiene que tener un camino novedoso y ser revolucionario, en el sentido de contar algo nuevo. Se contaba lo que estaba pasando ahí, en ese momento. Y ahora están pasando muchísimas cosas. El nivel de toxicidad de los medios tiene a la gente anestesiada".

"Además, antes la gente no se asustaba tanto. Iba al Parakultural a la noche. No había este clima de seguridad/inseguridad. Íbamos los fines de semana a San Telmo, a lugares como Cemento, donde podían pasar cosas o no y de hecho, nunca pasaron. Todos esos lugares funcionaban con mucha gente. Había gente probando y gente que iba a ver qué se estaba probando. Eso nos dio determinada marca a todos".

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