La crisis de las aulas toma las calles
En algunas ocasiones, una crónica, más que la descripción de un hecho puntual o del relato de sus protagonistas, es solo el comienzo de una historia en la que el periodista cree avizorar un río subterráneo que podría generar crecidas inesperadas hasta ese momento.
Esta es la impresión que arrojó la protesta que protagonizaron el martes 8 y el miércoles 16 de mayo los alumnos y docentes de la Escuela de Comercio Nº 7, situada en Monroe 3061, en el barrio de Belgrano.
Una primera mirada arroja que no había militancia política convocante, ni tampoco estaba presente el sempiterno y conocido discurso de izquierda. Los propios docentes se quejaron de la ausencia de los gremios que deben representarlos, por lo que la impresión es que este es el comienzo de un movimiento social que puede germinar en una protesta masiva si logra cohesionarse positivamente.
En el lapso que media entre el fin del turno mañana y el turno tarde, la comunidad educativa de esa escuela se movilizó para protestar por el cierre de cinco cursos que decretó el polémico ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich.
Pareciera que el punto flojo de la administración de Mauricio Macri está en el Ministerio de Educación, si se recuerdan las penurias que debió soportar Mariano Narodowski en el caso Ciro James. Luego, las penurias fueron entregadas en mano al propio Macri, cuando el polémico sucesor de Narodowski, Abel Parentini Posse, publicó sus opiniones en el diario La Nación, que fueron citadas por el antiguo represor Benjamín ?Cachorro? Menéndez en su alegato en uno de los juicios de lesa humanidad en los que fue condenado.
NO PIQUETE
En esta ocasión, la protesta docente no incluyó el corte de las avenidas Monroe y Balbín, sino que los educadores ganaban la calzada solo durante el período de corte del semáforo, abandonándola cuando se encendía la luz verde.
El mecanismo se iniciaba con el despliegue de una bandera blanca con la inscripción: ?Comercial Nº 7 - Más de medio siglo educando a sus hijos?. Otros carteles, que portaban los docentes ?los alumnos no tenían autorización para bajar a la calle por razones de seguridad? mostraban ingeniosas humoradas, como uno que representaba la imagen del malvado mister Burns, el jefe del primitivo Homero Simpson, diciendo: ?¡Ja! ¡Ja!, cómo los engañé. Prometí titularizar y cerré cursos?.
Mientras en la vereda sonaba la Marcha de San Lorenzo, repentinamente una señora con un changuito de compras, que iba acompañada por una niña de no más de ocho años, increpó a los docentes. Comenzó por insultar ?a la atorranta de tu presidenta, que protege a los delincuentes?. Luego relató, en tono airado, que la noche anterior su hija había sido asaltada y golpeada por unos facinerosos. Ante el llanto de la niña que la acompañaba y de la actitud serena de los docentes, que lograron calmarla, la mujer, tras la catarsis, se perdió entre la multitud, mascullando por lo bajo, sin que nadie lograra entender lo que decía. Quizás tampoco ella lo tenía claro.
La docente Laura Míguez leyó desde la vereda un discurso en el que sentó las bases del reclamo que convocó a la comunidad educativa. La trabajadora educativa denunció que ?a los docentes que son despedidos no se los indemniza y, si no logran reubicarlos, pierden su trabajo. Parecería que el ser humano es solamente un número?.
?Este desmantelamiento de la educación pública ?prosiguió la docente? se está llevando a cabo con imprecisiones, con desprolijidades, con falta de reglas claras y con vacío legal. No se respetó el Estatuto Docente, los decretos parecen un remiendo detrás de otro, no se respetó a los trabajadores de la educación, que hacemos mucho más por los chicos de lo que los tecnócratas de la educación, sentados en sus oficinas, se imaginan. Tampoco se respetó a los chicos porque, dada la época del año, a dos meses de comenzadas las clases, nadie pensó en el daño psicológico que implica romper los grupos ya armados, ya que los chicos deben adaptarse a nuevos profesores y deben copiar carpetas y comprar nuevos libros y materiales?.
Luego la pedagoga entró de lleno en la naturaleza de la medida por la cual se inició la protesta. ?Todo es improvisación y atropello. Debemos recordar que de la escuela pública surgieron importantes científicos, profesionales de distintas ramas y hasta políticos honestos y destacados. No podemos permitir que se destruya, por eso estamos organizándonos, relacionándonos con otras escuelas del distrito y de Capital.?
Finalmente, Míguez deslizó críticas y fundamentos. ?Lamento decir que sentimos la ausencia de algunos gremios, que nos deberían estar representando. Agradecemos a quienes nos acompañan, pero no son todos. Los trabajadores de la educación no vamos a permitir que nos dividan, porque más allá de nuestras ideologías políticas, tenemos la plena convicción de que la escuela pública no es una empresa, es un derecho, y la vamos a defender porque es símbolo de movilidad social, de igualdad de posibilidades, de la pluralidad de pensamiento y de libertad.?
Los únicos gremios que se visibilizaron en la protesta fueron la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) y la Unión de Docentes Argentinos (UDA).
Finalmente, el viernes 11 de mayo, la supervisora Mirta Nápoli se presentó en la escuela y obligó a los docentes de los cursos suspendidos a notificarse de la medida, mediante amenazas y coacción.
Solo en el Comercial Nº 7, unas 40 o 50 docentes quedaron en disponibilidad y la incertidumbre es, paradójicamente, lo único seguro en sus vidas.
Según pudieron saber los docentes, las próximas víctimas del ajuste serán los profesores de Educación Física, que dan clases a 25 grupos de alumnos del Comercial Nº 7. Ya les fue anticipado que deberán suspender algunos grupos.
La situación se agrava en este establecimiento porque el gimnasio está clausurado parcialmente, ya que el piso se encuentra hundido en algunos sectores, lo que obliga a que cuando se lo debe utilizar, los alumnos deban bajar en tandas porque se vuelve inseguro. Y esa es, claramente, la génesis de un reclamo que tarde o temprano tendrá imprevisibles consecuencias.