La interna por la caja, entre los Federales y la Guardia Urbana
Ruido mentiroso, ruido entrometido, ruido escandaloso, silencioso ruido. Ruido de conjuros, ruido malnacido, ruido tan oscuro, puro y duro ruido”, repite como poseído y con voz aguardentosa, en el final de una canción que le pertenece, el andaluz Joaquín Sabina, tratando de desmenuzar en frases las mil presentaciones de la palabra ruido.
A pesar de la testarudez del songwriter no se encuentra en su tema el significado que le dan a ruido los integrantes de la Policía Federal. “Este hecho trajo mucho ruido en la fuerza”, disparó seco y contundente el comisario de la Federal que en una mesa reservada de un bar palermitano dialogó con NOTICIAS URBANAS, al detallar el malestar que le generó a los Federicos la decisión del jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Telerman, de autorizar a los integrantes de la Guardia Urbana a confeccionar multas de tránsito.
Ruido, para los uniformados, es esa marea en forma de enojo soterrado que provocó una decisión no consultada y que consideraron perjudicial para la institución.
Pero ¿cuál fue el daño tan grave que esa medida originó en los hombres de azul? El comisario ensaya una mueca de risa agrandada como si estuviera a punto de revelar una verdad fuertemente encriptada.
“Los políticos saben desde que nacen que la única manera de manejar a la Federal es nombrando a un jefe de la fuerza caratulado como operativo (un tipo de la calle, no de escritorio) y dejando que sigan manejando las cajas históricas de recaudación ilegal (drogas, prostitución, juego clandestino son las principales y en menor medida se ubican el robo de autos y las conocidas cometas por infracciones de tránsito)”, ante tan didáctica descripción, el hombre hace una pausa cargada de suspenso y remata en tono de profecía macabra: “Si ese código no escrito no se cumple, la inseguridad crece en las calles, los robos aumentan e inocentes mueren de manera injustificada.
La realidad se encarga de demostrar que la decisión adoptada por el jefe comunal la primera semana de mayo con respecto al nuevo rol de la Guardia Urbana trajo ruido entre los Federicos.
Pero a ese disgusto se sumó otro que enturbió aún más la situación de la Federal: la orden de Telerman de que los Guardianes caminaran la calle, no permanecieran estáticos en puestos fijos como lo hacían durante la gestión del ex jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, y se movieran para que los vecinos los vieran cerca y en cada rincón de la Capital Federal y no tuviera que ir a buscarlos a sus puestos no móviles. “Falta que les den un arma”, se ofusca el comisario ante la llegada de su segundo café.
La posibilidad de que el tema de la inseguridad asaltara la tapa de los diarios existió. El sector más belicoso al accionar del afrancesado ex embajador en Cuba mantuvo varias reuniones en un conocido restaurant ubicado a pocas cuadras del Departamento Central, de la calle Belgrano, para debatir la puesta en marcha de ciertas acciones que provocarían temor en el vecino común.
Finalmente la sangre no llegó al río, cuando un emisario del jefe comunal les explicó a los azules que la idea del peronista no era tocar ninguna caja de la fuerza sino que simplemente quería que la opinión pública notara una mejoría en la actuación de los Guardianes, con respecto a la administración ibarrista.
Es más, el mensajero descartó de cuajo que Telerman impulse la creación de una Policía Comunitaria, el paso previo a la futura Policía de la Ciudad, como lo intentó Ibarra en octubre del 2004, quien hasta llegó a nombrar al, por entonces, comisario Guillermo Torchia como jefe de una fuerza que jamás se cristalizó.
Por último, les aseguró que serían consultados de manera especial, cada vez que un tema de seguridad los involucre.
La Federal se opone de manera terminante que la metrópolis tenga una policía propia porque eso sería tener que dividir los suculentos dividendos de las cajas que transforman a comisarios con sueldos de 2.000 pesos en millonarios.
Varios de los voluminosos oficiales que escucharon el relato del emisario porteño aceptaron las explicaciones referentes al tema, pero concluyeron que la última palabra la tendrían ellos en las calles, en caso de que volviera a repetirse otro “desliz” del Jefe de Gobierno.
Esas palabras no eran bravuconadas etílicas por lo bebido en el restaurant, se basaban en la realidad: a pesar de las disculpas, los Guardianes seguían haciendo multas, lo que el mensajero atinó a suavizar señalando que ellos también las hacían y que seguramente los miembros de la Guardia Urbana recibirían con buen agrado los consejos que los Federicos, por experiencia, les podían brindar sobre los controles vehiculares.
“La tregua es tensa y la Federal no termina de confiar en Telerman. Ellos siempre prefieren un jefe político más directo y visceral como lo es el ministro del Interior, Aníbal Fernández, con quien mantienen buenas migas”, relató ante este semanario un comisario mayor retirado que participó de algunos de los cónclaves conspirativos.
El Jefe de Gobierno es un hombre inteligente y entendió rápidamente el mensaje que la fuerza le envió. No piensa cometer dos veces el mismo error. Pero tampoco él termina de comprar a los uniformados. Es como una cuestión de piel. Lo peor del caso es que si las diferencias entre ambos se agudizan se verán reflejadas de manera dramática en las calles porteñas.
“La Federal se sorprendió por la nueva medida”
Manuel Izura es el subsecretario de Seguridad del Gobierno capitalino y uno de los responsables políticos de la Guardia Urbana (está integrada por alrededor de 800 hombres). El funcionario fue consultado por NOTICIAS URBANAS sobre el malestar que generó en la Federal el nuevo rol que el telermanismo le dio a la Guardia Urbana.
-¿Qué cambios introdujo el nuevo gobierno en la fuerza?
-El cuerpo había cumplido un año en la vía pública y a partir de ese momento se realizaron varios balances de lo realizado hasta ese momento. Ese hecho impulsó una modificación de sus actividades y se establecieron prioridades. Una de ellas es la del control de tránsito, algo que se realiza de manera conjunta con la Federal. A eso se agregan los controles nocturnos para detectar conductores ebrios y de esa manera evitar más accidentes y por último se trabaja en la recuperación del espacio público.
-También se les ordenó tener más presencia en las calles.
-Lo que sucedió es que los efectivos de la Guardia generalmente estaban en puestos fijos y luego de un relevamiento se decidió mantener algunos y con el personal restante decidimos realizar diversas diagramaciones de recorridos de calles importantes. El jefe comunal, Jorge Telerman, prefiere poner el foco en los recorridos, para hacer más visibles a los efectivos. De esa manera, el vecino los puede ubicar de manera mucho más sencilla.
-La idea es acercarla a la gente.
-Sí, pero también que los ciudadanos sepan cuáles son las funciones de la Guardia, cuáles sus competencias y en caso de encontrase con un hecho en el que no pueden participar, ser un puente para localizar a la fuerza que debe actuar en esa circunstancia. A la gente le debe quedar claro que va a obtener de la Guardia una respuesta rápida y efectiva de su reclamo.
-Sin embargo, a la Federal no le cayó nada bien que se metieran a realizar una tarea que consideran exclusiva.
-Es verdad que ellos se sorprendieron por la decisión adoptada por el Jefe de Gobierno. Esa percepción la tuvimos y fue clara. Pero no pusieron trabas de ningún tipo. Creo que la sorpresa se originó en que por primera vez un cuerpo civil se encarga de realizar una tarea que les pertenecía. Lo que hay que dejar en claro es que el trabajo de las infracciones de tránsito se realiza de manera conjunta y eso trajo aparejado enormes ventajas.