Productiva reunión por la venta ambulante
El Salón Montevideo fue nuevamente el escenario elegido para realizar la tercera reunión conjunta de las Comisiones de Desarrollo Económico, Justicia y Protección y Uso del Espacio Público con el objeto de analizar el proyecto enviado por el Poder Ejecutivo para regular la venta ambulante.
Este lunes, además de legisladores y funcionarios del Poder Ejecutivo, estuvieron presentes vendedores ambulantes, artesanos y manualistas. Asistieron los diputados Julio De Giovanni (presidente de la Comisión de Justicia); Ana María Suppa (presidenta de la Comisión de Desarrollo Económico); Fernanda Ferrero (presidenta de la Comisión de Protección y Uso del Espacio Público), María Florencia Polimeni, Marcos Peña, Sandra Bergenfeld, Tomás Devoto, Fernando Melillo, Silvia La Ruffa, Diego Kravetz, Héctor Bidonde y Gabriela Michetti, entre otros.
En tanto, por parte del Gobierno de la Ciudad, concurrieron el subsecretario de Producción, Gustavo Svarzman; el director General de Defensa y Protección al Consumidor, Miguel Ángel Fortuna; y el director General de Ordenamiento del Espacio Público, Eduardo Torres.
En esta oportunidad, gran parte de los vendedores ambulantes que hicieron uso de la palabra se manifestaron a favor de una normativa que regule la actividad, aunque mostraron diferentes posturas respecto del criterio para establecer la cantidad de puestos a habilitar, dado que el proyecto ley enviado a la Legislatura por el Poder Ejecutivo, entre otros aspectos, propone la instalación de 790 puestos fijos de venta en la vía pública.
El primero en hacer uso de la palabra fue el secretario General del Sindicato de Vendedores Ambulantes República Argentina (SI.VA.RA.), Oscar Roberto Silva, quien se mostró, en general, a favor del proyecto enviado a la Legislatura por el Ejecutivo porteño, especialmente en el número de 790 puestos a habilitar.
Luego intervino la secretaria de la Organización de Trabajadores independientes de la Vía Pública CTA, Mirta Figueroa, que consideró que la cantidad de puestos propuestos por el proyecto del Ejecutivo no era suficiente porque "está alejada de la realidad de desocupación que vivimos hoy".
Por su parte, el secretario General de la coperativa
América" se preguntó "de dónde han sacado el número de 790 ya que en la ciudad hay más de diez mil vendedores ambulantes". También afirmó que "grandes verdulerías utilizan la vía pública para exhibir sus mercaderías, al igual que tiendas de telas y nadie hace nada, pero a nosotros, que somos independientes y no integramos mafias, nos persiguen".
En tanto, Javier Mangioni, en representación de vendedores ambulantes del Subte subrayó que "hay una pelea muy grande con la Cámara Argentina de Mediana Empresa (CAME) porque por ejemplo yo vendo esta funda de celular a tres pesos (mientras mostraba a los presentes el producto) habiéndola comprado al importador, sin robarla y en los comercios la venden a diez pesos".
Se hizo presente también un grupo de artesanos preocupado por los alcances de la ley 1677, vetada parcialmente por el Ejecutivo. Esta norma -que rige desde la semana pasada dado que la Legislatura aprobó el veto- establece un paraguas de 90 días para que los artesanos de la Plaza Julio Cortázar puedan realizar su actividad normalmente y no puedan ser objetados por los fiscales contravencionales.
Suppa explicó que "la Comisión Mixta creada por la ley 1677 tratará la problemática de todos los artesanos y manualistas, no sólo los de la Plaza Cortázar" y aseguró que "debe conformarse con urgencia".
Luego de varias horas de debate -en el que quedó demostrado que hay una expresa voluntad de ciertos sectores de llegar a una solución consensuada de esta problemática y que la iniciativa del Ejecutivo plantea una cantidad exigua de puestos de venta ambulante- se produjo un incidente que motivó la finalización de la reunión. Un artesano tiró unas monedas en el piso, frente a los legisladores, y aseguró que ese era el único capital que tenía.
"No me voy a ir de este lugar sin que me den trabajo o una solución para que pueda alimentar a mi familia", afirmó visiblemente alterado. Inmediatamente intervino personal de seguridad e incluso otros artesanos y vendedores para calmar las aguas.
Una vez que terminó el encuentro, el artesano pidió que los dejen trabajar por lo menos cuatro días a la semana y no sólo sábados y domingos porque, de otra forma, no se puede ganar el sustento diario.