De 58% a 77%: los servicios asfixian el ingreso
El costo de los servicios básicos como parte del salario se ha convertido en un parámetro clave para evaluar tanto la evolución real de los ingresos como la representatividad del cálculo oficial de la inflación en Argentina. En el último año, la canasta de servicios —que incluye electricidad, gas, agua y transporte— aumentó su peso del 58% al 77% del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM), lo que revela un fuerte impacto en el poder adquisitivo de los hogares.
En junio de este año el Gobierno fijó por decreto un piso de sueldos de $ 367.800, un 17% más que en igual periodo de 2025 ($ 313.400). En el mismo mes, de acuerdo con las estimaciones del Observatorio de Tarifas y Subsidios de la UBA y el Conicet, un hogar promedio del AMBA sin subsidios necesitó $ 282.758 para cubrir canasta de servicios (electricidad, gas, agua y transporte), un 54% más que en 2025, cuando ese monto era de $ 183.496.
El invierno trajo nuevos aumentos: en julio subieron las tarifas de transporte, prepagas y el costo de los servicios, profundizando la pérdida del poder adquisitivo. Según el Instituto Argentina Grande, el salario mínimo real perdió un 10% entre abril de 2025 y el mismo mes de 2026, acumulando una caída del 40,1% desde 2023. Otras categorías salariales también sufrieron disminuciones significativas, reflejando una tendencia de deterioro en el ingreso real. Uno de los factores que agravan la situación, según Hernán Herrera, coordinador del área de economía del Instituto Argentina Grande, es la deficiente actualización del índice de precios al consumidor (IPC). Esto subestima la incidencia de los servicios en la inflación real, lo que dificulta la elaboración de políticas efectivas para proteger a los sectores más vulnerables y explica parte del "acomodamiento de precios relativos" que perjudica sobre todo a quienes menos tienen.
El gas natural fue el servicio con mayor incremento, con un aumento del 2.073% desde noviembre de 2023 hasta junio de 2026, seguido por transporte, agua y electricidad, con subas que superan ampliamente el Índice de Precios al Consumidor general, que creció un 236% en el mismo período. Esto impacta especialmente en los hogares más humildes, que además sufren el congelamiento del subsidio a las garrafas, cuyo precio aumentó un 842%, afectando a más del 85% de las familias en barrios populares.
Este escenario contribuye a un fenómeno conocido como "pobreza energética", que mide la dificultad que tienen las familias para acceder a servicios básicos sin destinar una parte excesiva de su salario. Según estudios internacionales y nacionales, el umbral saludable es que esos gastos no superen el 10% del ingreso familiar, norma que hoy resulta inalcanzable para gran parte de la población argentina.