Otro caso fatal por trabajo clandestino
Pese a que el ministro de Producción de la Ciudad, Enrique Rodríguez, prometió abandonar su cargo si en cien días no erradicaba el trabajo esclavo de los talleres textiles, el viernes 25 se sumó otro caso fatal que tiene estrecha relación con la violación a leyes laborales y de derechos humanos.
Diego Aruquipa, un joven boliviano de 19 años que llegó a este país el año pasado para trabajar, perdió la vida este viernes en el Hospital Muñiz. Diego, más conocido entre los suyos como "Alex", trabajaba como costurero en la casa-taller ubicada en el barrio de Floresta, a dos cuadras de la comisaría 43ª. El local había sido clausurado por una inspección del Gobierno porteño el 9 de agosto pero continuaba funcionando en la ilegalidad absoluta.
Las causas por las que Alex fue internado en terapia intensiva del Hospital Muñiz, donde falleció, son neumonía y tuberculosis, que se cree contrajo en el taller textil clandestino donde trabajó por extensas jornadas aspirando polvillo, comiendo mal y durmiendo poco en un precario cuarto pegado junto a la habitación donde trabajaba.
La casa-taller se ubica en Chivilcoy 630, a simplemente unos doscientos metros de distancia de la seccional 43, y es alquilada por Omar Serrano Guzmán y su esposa Teresa Alcocer, según ellos mismos afirman, por un monto de mil quinientos pesos a una inmobiliaria (que se llamaría Tasab) ubicada en la calle Aranguren. La empresa "Todo Moda", que tiene su local en Cuenca y Bogotá, a cargo de un tal "Rubén", les compraba las camperas rompeviento a un peso ochenta centavos. Aruquipa era uno de la decena de costureros que producían las camperas ganando entre 0.80 a 0.50 centavos por prenda.
Sobre la grave situación en la que se encontraba Diego Aruquipa, los primeros en enterarse fueron los miembros del centro comunitario de Parque Avellaneda “La Alameda”. En una asamblea del jueves 24 un tallerista arrepentido, Juan Cerrano, dio a conocer los hechos hasta aquí detallados.
"Él pretendía que lo ayudáramos a Diego porque no tenía familia aquí en Argentina y que nos comunicáramos con su madre en Bolivia", relató a NOTICIAS URBANAS el referente social de Parque Avellaneda, Gustavo Vera, en el centro comunitario "La Alameda", ubicado en la esquina de Directorio y Lacarra. En este mismo lugar pero algunas horas más tarde Vera entabló una conversación con el matrimonio que contrató a Aruquipa, quienes eran acusados por el otro tallerista Juan Cerrano (con c) y que se encuentran involucrados penalmente por el hecho fatal.
Cerrano, que se negó a hablar ante la prensa, comentó que él fue quien llevó a Aruquipa al hospital. Además, entregó a Gustavo Vera la cédula con la que el joven boliviano fallecido se manejaba en este país. A simple vista se puede observar que este documento de identidad, que este cronista tuvo en las manos, tiene algunas deficiencias como la superposición de la foto con letras.
El frente de la casona donde Aruquipa vivió y trabajaba es de color grisáceo. Desde la calle Chivilcoy se ve en el medio una puerta metalizada de color verde, que tiene pegada un papel rojo que en letras blancas figura "clausurado". "Ministerio de Gobierno, Control Comunal, Dirección General de Fiscalización y Control" se lee en el papel firmado por "E. De Larune de la Dirección General". La clausura del taller de costura fue por violación a dos artículos legales: el 254 del Código Penal, que pena con seis a dos años de prisión la violación de la faja, y el artículo 73 del Código Contravencional.
Según comentó el matrimonio, como el tallerista arrepentido, que para la clausura los funcionarios ni siquiera ingresaron al lugar. Y ello lo corrobora este cronista porque tuvo la oportunidad, el sábado 26, por la noche, de ingresar al lugar y comprobar que allí viven una decena de personas.
La casa que fuera pintada con consignas en aerosol y a la que se le pegaron volantes denunciando la situación en la tarde de este sábado, por los miembros de "La Alameda", tiene una fachada antigua de color grisáceo, una venta de metal con rejas verdes y en el costado izquierdo una puerta blanca, en la que vive otra familia.
Omar Serrano Guzmán, luego de la charla con Vera, permitió que entrara este redactor junto a dos miembros de la "La Alameda" a la casa-taller, a la que se le quitaron las pintadas y volantes, supuestamente clausurada por el Gobierno porteño.
Un pasillo oscuro, con el techo a poca distancia, angosto por la cantidad de materiales acumulados a los lados. Del lado izquierdo al entrar hay un hueco, no puerta, que comunica con un cuarto en el que vive Serrano con su mujer y tres hijos chicos. Siguiendo el angosto pasillo hay una puerta de hierro que da paso al patio. Allí a la derecha hay una inmensa cocina. Una mujer de unos treinta años revuelve algo en una sartén. Casi nadie de los que cruzamos y habitan en el lugar saluda, apenas miran de costado. Hay ropa colgada y un patio con una luz mortecina.
A la izquierda del patio, un cuarto donde se plantó el taller regenteado por Omar. Éste aseguró que tenía unas 15 máquinas. Allí un piso con alfombra bordo, tubos de luz colgando de manera inclinada. Algunas mesas vacías, que en su momento las ocupaban máquinas de coser. Algunas de estas máquinas descansan en el piso, otra se encuentra volcada. El techo del cuarto tiene cartón.
Al salir del cuarto-taller, hay una escalera al costado de una pared que no tiene mucha firmeza. Es de metal y debe tener un ancho de 40 centímetros. La baranda es una varilla frágil. Al doblar a la izquierda se ve un cuarto con paredes de material, todo oscuro y con el techo de telgopor, hay una ventana sin vidrios. Después otra puerta, dos escalones por debajo y un piso de madera. En algunos lugares se ven huecos. Hay dos pequeñas ventanas, una con vidrio y otra con cartón negro. Una vela encendida ilumina las caras presentes. El baño se encuentra en planta baja y muchos materiales de construcción se apilan a metros de allí.
La charla entre Omar Serrano y su mujer Teresa, ante la presencia de sus tres hijos, con Vera y otros integrantes de La Alameda dejo como saldo declaraciones comprometedoras.
Serrano confirmó que el contrato a Diego, conocido por él como "Alex", "lo ubiqué en Curapaligüe y Cobo". Reconoció que el tenía un taller textil y que subalquila cuartos. Pero aseguró que Diego ya no trabajaba para él sino para Cerrano (el arrepentido) y que no sabía de que Diego estuviera gravemente enfermo.
Algo curioso resultó la defensa de Serrano por el fabricante del local "Todo moda", un tal Rubén -"yo le rogaba que me diera trabajo"-, y de la inmobiliaria.