Bielsa: "La Argentina está sobrepensada y subejecutada"
"El gobierno de Néstor Kirchner, la gobernabilidad y la crisis de representación" fue el nombre de un debate que juntó, el martes a la noche, en el Paseo La Plaza, al canciller Rafael Bielsa, a los intelectuales Horacio González y Nicolás Casullo; al subsecretario de Integración Económica de la Cancillería, Eduardo Sigal; y al director de Rentas, Alejandro Otero, con la coordinación del presidente de la Fundación Acción para la Comunidad, Juan Castelnau.
"El fin de una época se ve más claro que principio de una nueva", manifestó Bielsa, ante un auditorio de 500 personas. "Si logramos tener la cordura de abandonar cualquier tipo de discurso fundacional -agregó-, creo que vamos a hacer algo relativamente correcto. No es una época de fundación, es una época mucho más de soldar que de saldar".
"La transformación requiere conflicto -expresó- y algunos ven alguna incomodidad en el conflicto. 'El Presidente es muy conflictivo', dicen, pero cómo se puede no ser conflictivo tratando de ir a donde queremos ir, dejando atrás lo que tratamos de dejar atrás. Cuando la política es confortable es conservadora, por eso si queremos cambiar las cosas tenemos que aprender a convivir con la molestia y la incomodidad", añadió.
"Nos dicen que no hay un plan", afirmó el canciller, quien destacó: "En el supermercado de las ideas sobran planes; la habilidad consiste en dirigir cuando no hay una certeza de qué es lo que va a pasar mañana". "La Argentina está sobrepensada y subejecutada", manifestó.
"Dignidad -agregó-, entendida como una búsqueda de identidad, se opone a indignación. Cuanto más lejos tenemos a la palabra dignidad de la de indignación, más margen de gobernabilidad tenemos. En cambio, cuando está más cerca, estamos en problemas. Creo que ése es el caso de Cromañón. ¿Por qué tan rápidamente aflora el sentimiento de indignación? Aflora cuando se desplaza la dignidad abruptamente, como retrocedió en el caso de la reacción por la excarcelación de Omar Chabán, que la opinión pública considera como uno de los responsables".
Dos horas antes de que hablara el canciller, había sido el turno de Sigal. "Hay quien cree -dijo el subsecretario de Integración Económica de la Cancillería- que esta fuerza de izquierda se puede construir manteniéndose al margen e incluso enfrentando duramente al gobierno de Néstor Kirchner. Ésta es una opción totalmente equivocada, es casi una expresión de la vieja y fracasada idea de la izquierda solamente como una expresión de carácter testimonial que se queda en la purezas de la observación y no en el compromiso de las transformaciones de la realidad".
Luego fue el turno de Casullo, quien resaltó: "Kirchner es hijo del 2001 y al mismo tiempo no lo es". "Ese patético Frepaso -agregó- que termina votando a la derecha radical liberal y que concluye disolviéndose después de los millones que contuvo, era mucho más representativo de un progresismo que hoy en América Latina, en realidad, no está extremando variables, sino que lastimosamente le perdona la vida a Lula, aguanta variables de Tabaré y reconoce que Lagos es un gran presidente. Kirchner aparece a la izquierda de ese progresismo rosa, rompiendo una inercia donde estaba ubicado el progresismo argentino".
"El peronismo -afirmó el intelectual- siempre fue una gran creación incompleta, como diría Ernest Blost sobre el cristianismo, fue una mala primera creación y el deseo infinito de los cristianos de una segunda creación del mundo, un poco más afortunada que la primera". "El evitismo ya fue un movimiento que nada tenía que ver con la burocracia estatal conciliadora", expresó Casullo, quien aseguró: "Nuevamente nos volvemos a encontrar en estas circunstancias donde el peronismo vuelve a soñar que su incompletud se soluciona con algo posperonista".
En tanto, Horacio González buscó -y encontró- todos los minutos posibles para hablar sobre el entusiasmo. "Éste es un gobierno que apela al entusiasmo -dijo-. Se ve en los discursos, en el modo en que el Presidente termina sus fraseos. Hay un llamado al entusiasmo, y realizaciones que lo apoyan".
No obstante, el director de la Biblioteca Nacional alertó que la astucia que, por ser un país chico, el Presidente usa en las negociaciones debe ser medida para que no vaya en detrimento del entusiasmo. En ese sentido, el intelectual recalcó que la gente no sale a la calle por la mejora de un punto del Producto Bruto Interno.
En contraposición, desde una visión más económica, el director de Rentas y del Centro de Estudios Políticos para el Cambio, Alejandro Otero, planteó que en la era post default hay dos agendas en pugna: una de derecha que impulsa nuevas recomposiciones a los bancos y un alineamiento con el FMI; y otra por izquierda que promueve la redistribución del ingreso y una reforma del Estado. "En esa pugna se juega el rol histórico de este gobierno", sentenció el funcionario porteño.
"Esta pugna de agendas no se dirime en términos agumentativos -agregó-, de bondad técnica de las propuestas, sino que se dirime en términos de relación de fuerzas y más allá de que la Argentina post default es esencialmente política, el desafío del ahora es la construcción de un bloque político y social capaz de viabilizar e instalar, en un entramado denso, estas cuestiones que habilitarían a la posibilidad de una ruptura histórica con lo que fueron los últimos treinta años del país".