Publicado: 17/04/2011 UTC General Por: Redacción NU

“Cuando un ídolo falla, es regla que lo castiguen”

Con Pezones mariposa, de Bernardo Cappa, Lorenzo Quinteros, uno de nuestros grandes actores, ofrece una metáfora de olvidos y fracasos. Activo como pocos, dirigió otra obra, participó de una peli y se hizo un lugarcito para hablar con NU.
“Cuando un ídolo falla, es regla que lo castiguen”
Redacción NU
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Hacer Pezones mariposa surge por la invitación de Bernardo Cappa, que ya tenía esta idea de cuando participaba del taller de Bartís. Tenía la idea de desarrollar una dramaturgia a partir del buffet de un club que era atendido por un viejo jugador de fútbol, muy empobrecido, en todo sentido. Entra en conflicto con la comisión directiva que lo quiere echar y él no se quiere ir del buffet, del cual está prendido como una garrapata. Hay un tercer personaje que es una especie de discípulo que tiene, a quien quiere convertir en una estrella de fútbol. Todo esto es muy fantasioso. Tiene poco de realidad. Estos son los tres personajes que conforman la obra. Surgió todo de ahí, de la propuesta de Bernardo de llevar a cabo esto. Después empezamos a improvisar y de las improvisaciones, siempre con la vista de Bernardo, se llegó a esto que hoy es la obra.

Toda lectura es válida. Creo que Cesáreo, mi personaje, es más que la metáfora de un personaje porteño porque está al borde de la psicosis, de la locura. Es un personaje muy argentino, más que porteño, que llegó a tocar el cielo con las manos, con toda la gloria, pero que después se derrumbó y, finalmente, terminó siendo ignorado por todo el mundo. Es una metáfora de la caída, de la derrota, de un fracaso. En el fútbol se da mucho esto. Todo chico que empieza a jugar al fútbol aspira a ser ídolo. Después, cuando es ídolo, se da cuenta de cómo esa sociedad que lo puso en ese lugar luego lo descuartiza. El ídolo es simbólico, es incondicional y si llega a fallar, la regla es que lo castiguen.

Impasse 1: Toco el timbre de la casa de Lorenzo. No me atiende. Miro a mi derecha y lo veo caminando por la calle. Había salido un segundo, que coincidió con mi llegada. Subimos la escalera hasta llegar a su casa, en el segundo piso.

Para hacer a Cesáreo me dejé llevar por la imagen que me creó Bernardo al principio, y después le agregué muchas cosas mías, personales. Conocí a Alberto Morán de chico y lo cuento en la obra como si fuera Cesáreo. La foto que está en el fondo del escenario es de mi padre cuando jugaba al fútbol, y así muchas cosas. Cesáreo es un tipo de creación grupal. Teniendo un buen guía dramatúrgico como Bernardo, uno debe siempre poner todo lo que ayuda a hacer crecer al personaje. Nada que lo despiste o que lo saque de lugar. En ese sentido, le agregué todo lo que pude que estaba a mi alcance. Por ejemplo, mi padre jugaba al fútbol. Yo también lo intenté de chico. Él escuchaba todos los partidos por radio, en un pueblo muy chico de Córdoba, Monte Buey. Lo escuchábamos juntos en la radio y me metió en ese mundo. Nunca fui jugador de fútbol. Intenté serlo pero era muy maleta. También él me inculcó mucho el teatro, y Buenos Aires particularmente. Escuchaba los partidos por radio pero cuando venía a Buenos Aires a comprar (era comerciante) no iba al fútbol sino al teatro. Me acuerdo que me comentaba eso y era la ilusión de conocer Buenos Aires y el teatro en sí.
El cielo en otros lugares es una versión de Daniel Zavalla a partir de un cuento de Felisberto Hernández, un cuentista uruguayo al que considero muy valioso; le agregó fragmentos de otros cuentos de él y ahí fue cuando realicé la puesta en escena. Es una obra poética, básicamente, muy encantadora, como toda la literatura de Felisberto. Es de esas obras que uno puede cerrar los ojos e imaginarse todo como cuando era niño. Pero es un cuento que no fue hecho para teatro sino que fue adaptado y relatado casi íntegramente por Daniel Zavalla, junto con los dos actores que lo acompañan. No está adaptado sino que se respeta la forma literaria. Hay una recreación de ese mundo a través de objetos y muñecos. Ahora la llevamos de gira a Uruguay, a Maldonado, Canelones, del 20 al 22 de abril, y al teatro El Solís.

Impasse 2: Lorenzo habla con esa voz tan particular con la que creó innumerables personajes. Desde esos ojos redondos y profundos, cuenta que está un poco resfriado. ?El cambio de clima me mató. Ayer no tenía nada.? Ya somos dos en la misma situación.

No me parece mal que militen los actores. Son personas, ¿no? ¡Son ciudadanos también! Que a veces eso se utilice mal por los medios es otra historia pero que militen no me parece mal. En las críticas a Florencia Peña o a Andrea del Boca por esta nueva situación se mezclan esas dos cosas que te digo: ellas tienen todo el derecho del mundo a militar y los medios utilizan eso, ya sea para hablar a favor o en contra, como si la militancia de un actor o un artista reconocido por otras cosas sea indebida o produzca un desequilibrio en alguna zona sensible de la sociedad. Es una militancia más, pero la gente las ve en la pantalla diciendo cosas partidarias y no se termina de identificar pensando en los personajes que habían hecho a través del tiempo. La gente igual tiene que digerir eso. Acordate que Eva Perón era actriz y Alvear tuvo una mujer que era actriz también. Siempre estuvieron ligados los actores y los literatos a ideas políticas y las han expresado. ¿Por qué no habrían de hacerlo?

Estuve filmando Armonías del caos hace poquito. Es muy particular, de cine independiente, dirigida por Mauro López. Muy particular porque, además de ser cine independiente, aunque esto no la vuelva particular, se filmó en una sola casa, una sola locación, en un PH de dos dormitorios. Los cuatro personajes están ahí adentro y ahí reside la particularidad de la película. Fue un buen criterio para una ópera prima. A Mauro lo sentí muy sólido, muy seguro de lo que hacía.

La película, argumentalmente, es muy interesante porque es un reflejo muy claro de lo que sucede en la sociedad y los miedos que tenemos dentro de ella a nivel inseguridad. Mauro le dio un toque muy particular, no la hizo ni realista ni costumbrista. Entonces, le dio un corte arquetípico, por lo que los personajes son el color, el funcionamiento de una porción de la sociedad. No es un individuo aislado. Por eso digo que la película es potente y creo que va a salir bien. Yo siento las películas cuando las hago, si van a andar bien o no. Ojo, digo que va a andar bien como película. No sé si va a andar bien con el público, porque es una película difícil, en blanco y negro, chica, de un director que es desconocido todavía, pero con muchos valores artísticos.

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