Los días viernes -en la Facultad de Derecho-, sábado y domingo -en la Universidad de Lanús- se realizó el Foro para el Desarrollo Sostenible de la Cuenca Matanza – Riachuelo, convocado por la Fundación Ciudad y por el Centro de Estudios Urbanos y Regionales. Divididos en talleres, alrededor de 300 asistentes -periodistas, miembros de distintas ONG’s, funcionarios gubernamentales, expertos y vecinos- discutieron, identificaron problemática, elaboraron programas de acción y decidieron qué cosas solicitarles a las autoridades para encarar programas de saneamiento y de reconversión de una corriente fluvial con la que puede hacerse cualquier cosa menos dejarla cmo está.
La cuenca del Río Matanza, que en sus últimos 15 kilómetros es conocido con el nombre de Riachuelo, tiene una superficie de 2.238 kilómetros cuadrados, a lo largo de 64 kilómetros, con un ancho de 35. Este río nace en el Partido de Cañuelas, de la confluencia de los arroyos Rodríguez y De Castro y se alimenta con la afluencia de otros cursos de agua a lo largo de su recorrido.
El primero que situó el río en un mapa, en 1599, fue el mercenario alemán Ulrich Schmidl, que lo llamó Río Pequeño. Ruiz Díaz de Guzmán lo denominó -en un mapa confeccionado entre 1606 y 1608- el Riachuelo de los Navíos. Pero el nombre que perdura hasta hoy tiene el sello de la tragedia. El 15 de junio de 1536, los capitanes Diego de Mendoza -hermano del primer Adelantado del Río de la Plata- y Pedro Benavídes fueron muertos por los querandíes en el Combate de Corpus Christi, que se desarrolló en las proximidades del Río Luján. Desde entonces se lo llama, en recuerdo de los capitanes que cayeron en combate, Matanza.
Uno de los problemas principales que sufre la zona de la cuenca es la superposición de jurisdicciones. El río corre a lo largo de once municipios de la Provincia de Buenos Aires y sufre la inacción de una larga serie de burócratas que se anulan unos a otros con su sola existencia.
Sobre el curso de agua en sí mismo tienen jurisdicción tres organismos. Sobre la calidad de sus efluentes y las obras de saneamiento reinan diez organismos, en todos los casos nacionales, bonaerenses y porteños.
UN COMITÉ INTRASCENDENTE
Por si esto fuera poco, existe un organismo llamado Comité Ejecutor del Plan de Gestión Ambiental y de Manejo de la Cuenca Hídrica Matanza – Riachuelo (CEMR), que fue creado en 1995 por el Poder Ejecutivo Nacional. El ente tiene por finalidad solamente administrar los recursos de un crédito del BID para "mejorar la gestión de los recursos naturales de la Cuenca Matanza – Riachuelo".
En este momento, el CEMR está desfinanciado, ya que al crédito de 250 millones de dólares había que agregarle una contrapartida de una suma similar, que deberían haber sido aportados por la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Además, el organismo no tiene poder de policía, ni facultades regulatorias.
Pero lo más grave es que desde que fue creado, el CEMR gastó unos 30 millones de pesos, de los cuales más de 17 millones fueron destinados a estudios y consultorías y sólo algo más de un millón y medio de pesos se gastaron en "obras concretas de saneamiento". Por otra parte, seis millones fueron destinados a la recolección de residuos en las márgenes y en el propio espejo de agua, tanto que algo más de cinco millones fueron destinados a "proyectos ejecutados".
Mientras tanto, de las 3000 industrias y comercios inspeccionados, alrededor de 100 contribuyen con el 85 por ciento de la contaminación del Río Matanza. Esta cifra habla por sí sola de la necesidad de operar sobre esas empresas, porque sería hora de recordarles a los empresarios y a los contribuyentes de que contaminar las vías fluviales es una actividad ilegal. Los primeros deberían ser sancionados por ello y los segundos deberían ser mucho mejor informados acerca de sus derechos para poder mejor ejercerlos y mejor presionar sobre quienes denigran cotidianamente su calidad de vida.
EN EL FORO HABLÓ LA GENTE
Divididos en talleres temáticos, los participantes hablaron de lo que realmente importa. Exigieron que las empresas contaminantes se hagan cargo de los tratamientos de los enfermos que ellos mismos generan; cuestionaron las soluciones "ingenieriles", que elaboran planes técnicos que no tienen en cuenta a la gente; plantearon la creación de huertas comunitarias para enfrentar añgunos de los innumerables problemas sociales; planean el desarrollo de una economía "popular y solidaria"; la promoción de células asociativas locales multisectoriales para generar microemprendimientos; la generación de redes de trueque y de intercambio; la instalación de plantas de tratamientos de fluidos industriales y cloacales; la organización de grupos de trabajo de saneamiento basados en los planes sociales y el asesoramiento a las PYMES sobre las tecnologías "limpias".
También se planteó que "antes" el país no estaba en crisis y lo mismo no se hizo nada para sanear el Río Matanza y que habría que comenzar a visitar a los candidatos -que ahora están en campaña- para obligarlos a incluir en sus programas el tema del saneamiento de la cuenca, que hasta el momento no figura en sus planes.
Finalmente, la presidenta de la Fundación Ciudad, Andreína De Luca de Caraballo, resumió los tres puntos de acuerdo fundamentales a los que arribaron los participantes en el Foro: la necesidad de que el comité de cuenca tenga poder real y que esté abierto a la participación; que la cuenca debe lograr un desarrollo sustentable y que deben construirse redes de ONG’s para trabajar en conjunto.
De todos modos, a pesar de que permanentemente sobrevoló las deliberaciones el concepto de un estado ausente -o demasiado complaciente con las empresas-, pocos lo señalaron como el principal contaminador que en realidad es, a través de los desagües cloacales sin tratamiento.