No hay una circunstancia política más inquietante en un país que la que deriva de la desorientación y la confusión. Los punks lo definieron mejor que nadie en la Inglaterra de los ’80: “no future”, advertían. Eran los tiempos del neoliberalismo en Inglaterra y en Estados Unidos, cuando cerraban las fábricas, las empresas estatales se privatizaban y miles de desocupados eran lanzados a las calles y eran los garrotes de los afables muchachones de la guardia de infantería los que se encargaban de la gestión de sus reclamos sociales. Permita el lector una digresión: en Grecia, la guardia de infantería lleva grabados en sus escudos la palabra Antinomia, que significa contradicción, poniendo blanco sobre negro la naturaleza de las luchas sociales.
Paradójicamente, en la Argentina de estos días se repiten aquellas políticas, de manos del más acérrimo admirador de la gestora de la decadencia inglesa, Margaret Thatcher, a quien la economista Susan Strange acusó de fomentar un “capitalismo de casino”, en el que la especulación y el comercio de acciones eran más importantes que la industria.
Hay momentos en los que la confusión de los “copy-cats” de Thatcher se vuelve peligrosa, cuando deciden salir al casino (confesión de partes) a promocionar “shit-coins” que dejan a la intemperie a miles de ahorristas y permiten que algunos conocidos y amigos de los imitadores acríticos se hagan con los dólares de la gilada.
De Thatcher a Hayden Davis
La situación siguió evolucionando desde el Día de los Enamorados en el que la shit-coin $Libra salió al mercado a capturar estúpidos. En estos momentos, se desconoce el paradero del socio del presidente, Hayden Mark Davis. Tampoco se pueden ver en Internet, ni sus redes sociales, ni las de su hermano Gideon, ni las de su padre, Tom. Los datos del sitio web de Kelsier Ventures han sido eliminados y el podcast de la familia Davis no está a la vista.
Lo que sí se sabe es que la familia de Hayden Mark Davis tiene un pasado oscuro, en el que hubo un bisabuelo asesinado, una abuela que fue víctima de aberrantes prácticas en una secta en la que se abusaba de sus integrantes femeninas y un padre que frecuentó ciertos refugios en los que el Estado suele agasajar a los que no cumplen con las leyes, previa visita al juez.
Hayden lo explicó con sencillez, en términos muy similares al de su jefe. “Es una memecoin -le explicó a Cofeezilla, un experto en estos avatares, el 17 de febrero, tres días después del escandalete-, si usted está poniendo toda su cartera en una memecoin…no es un consejo financiero, es una tontería”.
Lo curioso es que tanto Thatcher, como Hayden Davis y Milei merodearon el concepto del “capitalismo de casino” sin sonrojarse. En el caso del argentino, lo hizo cuando le explicó a Jonathan Goldfarb el mismo 17 de febrero en que Davis hablaba con Cofeezilla, justo cuando el avispero empezaba a alborotarse y todos intentaban explicar lo inexplicable. Thatcher gobernó con los mejores “croupiers” a su lado y Davis robó, huyó y -hasta ahora- no lo pescaron.
Milei y la oclocracia
El historiador griego Polibio (Megalópolis, 200 a.C.-118 a.C.) consideró que el fruto de la demagogia deviene en la “oclocracia” (poder de la turba). “Cuando la democracia, a su vez, se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo se constituye la oclocracia”, al que consideraba el peor de los sistemas políticos.
Polibio describía los procesos políticos en su teoría de la “anaciclosis”, considerando que todo régimen político tiende a la degradación. El griego describía seis fases: la monarquía, a la que sigue la aristocracia, que se degrada hasta convertirse en tiranía y luego, peor aún, en una oligarquía. Para remediarla, se convoca a la democracia, pero si ésta no supera la crisis, deviene en una oclocracia.
En una oclocracia, los intereses del Pueblo no son tenidos en cuenta más que para utilizar el resentimiento, la desazón y hasta el odio contra el otro sector político. La acción demagógica se vale de la creación de emociones irracionales, surgidas de promocionar la discriminación, el fomento del miedo y las falsas promesas de representar a los disconformes, para luego traicionar sus ilusiones.
Logran estos fines con una oratoria inflamada, usando adjetivos fáciles y verdades a medias, que -como todos saben- son mentiras. Adicionalmente, los cultores de la oclocracia cuentan con el manejo de los medios de comunicación y los medios de educación, que sostienen la desinformación ante el público. En la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo está corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos.
La $Libra
El 14 de febrero a las 19:00, el presidente de la Nación publicó varios posteos en sus cuentas de redes sociales, en los que recomendaba, con su habitual estilo eufórico, invertir en un proyecto privado que “se dedicará a incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos”. El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem y el diputado raso José Luis Espert hicieron lo mismo.
A las 19:40, el valor de la $Libra había aumentado un 1.200% (de 0,000001 a 5,20 dólares), para derrumbarse inmediatamente y perder casi todo su valor. La plataforma Solana informó que las nueve cuentas que crearon la cripto se birlaron 286 millones de dólares, dejando a 74.000 inversores mirando al sur.
A las 0:38 del sábado, el sueño había terminado. Los francotiradores -en la jerga, personas con información privilegiada, que operan en las sombras- habían retirado antes de las 20:00 varios millones de dólares de las cuentas, culminando una operación que se denomina “rug pull”, es decir, tirar de la alfombra y salir corriendo, como hacen los vendedores ambulantes en muchas plazas del mundo cuando llega la policía.
El análisis del blockchain de Arkham Intelligence detectó que el dinero fue a parar a varias cuentas de la familia Davis. Todo esto ocurrió a pesar de que para nadie era un secreto la dudosa reputación de todos ellos, profesionales de la estafa y del fraude. El padre de Hayden, Tom, estuvo preso un año por estafas con cheques falsos. Se salvó porque declaró ante el FBI todo lo que sabía y le redujeron una condena que, aseguró, que le podía acarrear al menos 60 años.
Para saberlo no había más que ver un reportaje a Gideon Davis, el hermano menor de Hayden, realizado en el programa Unscripted Arena, realizado por Tony Sablan, en el que, entre medias sonrisas y una estudiada apócrifa inocencia, el menor de los Davis se negaba a identificar una de las últimas operaciones que habían ejecutado, para evitar autoincriminarse.
Finalmente, el 22 de febrero el fiscal Eduardo Taiano imputó al presidente Javier Gerardo Milei por los delitos de “estafa, tráfico de influencias y negociaciones incompatibles con la función pública”. De todos modos, el presidente no tendría, en principio, nada que temer. La jueza María Romilda Servini de Cubría avanzará a paso cansino, mientras que Taiano está pidiendo en estos días una batería de informes a organismos oficiales. Contradictoriamente, el funcionario judicial no secuestró teléfonos, ni ordenó la recolección de pruebas físicas de la estafa.
¿Será que de esta manera Dios librará de todo mal a los jóvenes embaucadores de $Libra?