"Lo principal para ser periodista es la honestidad"
Terminé el colegio secundario y, según mis viejos, iba a ser contador público. Fui perito mercantil y empecé a estudiar en la Facultad de Ciencias Económicas. Me tocó el servicio militar y ahí me di cuenta de que no me gustaba la carrera, pero tampoco tenía una vocación encendida de ser periodista. Me gustaba el deporte y llevaba anotaciones de los Juegos Olímpicos y cosas así. Le conté a un amigo que no quería saber nada con Económicas ?además estaba trabajando en un banco?. Este amigo me dice de ir al Círculo de Periodistas Deportivos. En primer año, fue profesor mío Osvaldo Ardizzone, uno de mis referentes junto con Dante Panzeri. Un día, Ardizzone me elogió algo que había escrito. Ese fue, para mí, el clic que me cambió la historia, y dije: ?Voy a ser periodista deportivo?. Me fue bien. Al año siguiente empecé a trabajar en televisión, sin salir al aire, en Canal 13, en la transmisión de los partidos de tercera división a la mañana. Después, un amigo del barrio me ayudó a entrar en Clarín, donde estoy desde hace 44 años.
Soy periodista de fútbol pero me gusta mucho el boxeo y siempre iba al Luna Park. Empecé a escribir de boxeo cuando estaba en El Gráfico, en el 70, 71. Se había ido Cherquis Bialo y me preguntaron si me animaba a escribir sobre boxeo. Ahí me enganché y después lo hice en Clarín. Hoy, el mejor boxeador argentino es Maravilla Martínez. Un tipo raro que aprendió todo de grande. Se entrena muchísimo y es muy despierto. Después, diría que el más sobresaliente de los últimos años fue Omar Narváez por la cantidad de veces que defendió el título, pero no le salió bien ir a pelear a EE.UU. y perder con Nonito Donaire. Matthysse es un noqueador bárbaro, que tuvo la chance de pelear por el título mundial con Erik Morales, pero se engripó y se canceló todo. Ahora tiene que volver a hacer su recorrido. Maidana ya llegó a su techo. En su última pelea, perdió con Devon Alexander y no estaba bien preparado. Subió de categoría no por plata sino porque le cuesta dar el peso. El mejor boxeador que vi fue Sugar Ray Leonard, y de los argentinos, Gustavo Ballas. Técnicamente, era como Nicolino en defensa, pero pegaba. Después tenemos a monstruos como Galíndez o el extraordinario Carlos Monzón. Nicolino era otra imagen del boxeo.
Impasse 1: Nos encontramos con Horacio en la pizzería El Talión, de Rosario y La Plata. Termina de almorzar con sus amigos y nos saluda con una sonrisa y un apretón de manos. Comienza una charla divertida y punzante, sin perder nunca el humor.
El tema Riquelme se fue agrandando con el tiempo, y eso que empezó como una broma. Cuando él fue al Barcelona y no le daban chances, pensaba que se rebelaba y no quería jugar en la posición que le daba Van Gaal. Decía: ?Qué bárbaros estos tipos que se creen los dueños de este fútbol cuando Riquelme entiende el juego?. Me asombra mucho que los colegas periodistas no se den cuenta de la diferencia sideral que hay en la interpretación del juego entre Riquelme y los otros. Es indiscutible. En el fútbol hay una dictadura de los entrenadores. Es tal el avance mediático de los técnicos que se han creído los inventores del fútbol. Al ser los fusibles si un equipo pierde, se han transformado en esquemáticos encargados de dar ideas y los jugadores en obedientes cumplidores de órdenes. No hay jugadores que jueguen libremente, ?rebeldes? a las gestiones de los técnicos. Se perdió la espontaneidad, la libertad, la alegría del juego. Por eso, un equipo como Barcelona rompe todos los esquemas porque tiene jugadores que vienen con una idea que reivindica el juego del fútbol.
Después de 2000, no hay más capitanes argentinos en los clubes grandes de Europa. En los 90, estaba Redondo en el Real Madrid, Simeone en el Atlético, Batistuta en la Fiorentina o Caniggia mismo. Se produjo una crisis muy grande. En los últimos años, salvo Lamela, no se fueron jugadores argentinos por precios desorbitantes y repercusión al exterior. Hubo un parate en la aparición de los jugadores y se los llevan cada vez de menos edad. Se produjo un vaciamiento del fútbol argentino, faltan jugadores de talento. En tal sentido, la discusión Menotti-Bilardo no quedó en el tiempo; sí los nombres, pero es una cuestión filosófica entre quien defiende las formas estéticas del juego y los que creen que todo depende de la circunstancia del resultado. No se puede defender esta teoría porque nadie es dueño del resultado. Me gusta ganar pero ¿a quién no le gusta? De una falacia se hizo una ideología. No se puede comparar una cosa con otra. Es insostenible.
Impasse 2: Horacio responde con seriedad y buena onda, con su voz tan característica. Se presta para las fotos y dice ese ?¡Uoop!? tan personal cuando posa, al tiempo que ríe con ganas. Simpático, entrador y querible, la gente lo mira y lo reconoce al instante.
El acceso a internet y la fácil obtención de la información ha conspirado contra el desarrollo de los periodistas. Sobre todo contra el afán de investigación y la creación de su propia identidad como periodistas a partir de la información. En internet hay de todo, pero salen cosas que están bien y cosas que están mal. Lo vi cuando daba charlas en escuelas de periodismo y los pibes tenían la idea de que todo lo resuelve internet. Se perdió el ojo de tigre, el fuego sagrado del periodista. Ahora, ¡hasta se identifican como simpatizantes de un equipo! Estoy en completo desacuerdo con esa situación porque condiciona la opinión frente al receptor, que la toma o desprecia según cree que es la intención del periodista. Lo principal, para encarar esta profesión, es la honestidad. Es necesario e imperioso cultivarse y capacitarse.
En los últimos años tuve más movimiento en mi carrera. Soy periodista de Clarín y desde hace unos años con cierta trascendencia pública, pero nunca cambié el concepto de lo que significa mi profesión y la manera de entenderla. Es gracioso ver que uno tiene ?fans?. Una cosa es que tengas fama cuando sos joven y otra que te agarre de viejo, como a mí. Fue una gran sorpresa. Hay gente que está acostumbrada, pero no yo. Fui al Madison Square Garden y había gente que me conocía porque ven el programa en Nueva York por cable. Me ponen en programas de repeticiones cuando me enojo? Antes lo veía, pero ya no. Como dice Chiche Gelblung, es fácil hacer un programa tomando lo que hacen otros. Este verano hice unos shows de stand up. Daniel Dátola, que trabajaba conmigo en el programa de Sofovich, pensó que podía hacer esos monólogos. Lo hicimos y me gustó, pero no creo que lo haga de nuevo. Tengo poco tiempo y era un gusto que me quería dar. Si me llaman para un papelito... habría que ver. No soy actor pero si son esas sanatitas de televisión en la que uno hace cualquier cosa, veremos.