La vida después de Efraín
"La posibilidad de hacer 'Escoria' (NdR: al cierre de esta edición se confirmó que la obra, en la que el actor participó anteriormente, no se va a reestrenar) se dio porque lo había llamado a José María Muscari para hacer un unipersonal y terminar de una vez por todas con Efraín, que quedó grabado como un ícono en la historia del espectáculo. Quería probar con un unipersonal que podía hacer otras cosas que, de hecho, hice. Así que lo llamé a José y le conté mi idea de hacer un unipersonal desterrando a Efraín, para abarcar otro abanico de actuaciones. Él me dijo: 'Mirá, estoy pensando algunas cosas. Esperame'. Al final, me convoca para 'Escoria' con todo un grupo de compañeros con los cuales en algún momento trabajé y quiero mucho. Fue hermoso y desangrante, porque es la primera vez en mi carrera que recreaba gran parte de mi vida personal y profesional."
Impasse 1: Uno lo ve a Héctor y un cúmulo de recuerdos surgen en la memoria. De todos modos, el actor mantiene la misma fisonomía, como si el tiempo no pudiera hacer estragos en su rostro.
"Una vez, buscando en internet, vi una foto mía caminando cerca de plaza Italia, con short y remera, en la que comentaban: 'Ahí lo tenemos a Efraín corriendo. Seguramente es un viejo pedófilo que está buscando adolescentes' o una cosa similar. Pasó. Cuando vamos a ensayar la primera vez, Osvaldo Guidi me saluda y dice: 'Ahí viene Efraín, el pedófilo'. Ahí le dije: 'Por favor no lo vuelvas a decir porque realmente me rompen las pelotas estas cosas. Si hay algo que detesto en el mundo es a los pedófilos'. Este comentario salió en internet y debe quedar bien aclarado."
"Siempre hubo un aura de misterio alrededor de lo que pasó con 'Señorita maestra', por decirlo de alguna manera. Se mezcló todo. Con Cristina Lemercier éramos muy amigos, pero sucedieron cosas terribles. Su muerte fue estúpida ya que se mató por confiar en el arma, y no porque la mandaron a matar como se dijo por ahí. Con Lucía Puenzo tengo una bronca enorme porque si bien es una mujer talentosa y le deseo lo mejor, me usó mal. Me llamó como seis o siete veces pidiéndome data de Señorita maestra diciendo que iba a hacer un homenaje y después saca un libro, que no leí ni pienso leer ya de ver el título: 'La maldición de Jacinta Pichimahuida'."
"Lo que pasó con Cirilo y Siracusa fue algo que les puede pasar a los niños que trabajan en la televisión. ¿Cuántos niños han pasado por la televisión que se dedican a otra cosa? Porque no querían o porque no podían ser actores. ¿Sabés qué pasa? Estos niños son, generalmente, llevados por sus padres, que piensan que se van a salvar con ellos y no es así. Cuando hacía 'Señorita maestra', venía gente y me decía ?tengo una nena que es así o asá? y yo les respondía: 'No se lo recomiendo, porque es un manoseo tan grande que van a terminar siendo extras, en el mejor de los casos'."
"Ningún personaje que hice tuvo la repercusión de Efraín. El otro día pasó una pareja; él la dejó a su mujer para abrazarme y besarme, como si me conociese de toda la vida al grito de '¡Efraín!'. Esas cosas me pasan siempre, pero te encasillan un poco como actor. Y eso que fui el actor fetiche de (Leopoldo Torre) Nilsson. Hice 'Los siete locos', 'Boquitas pintadas', 'La guerra del cerdo' y novelas, como 'El amor tiene cara de mujer', 'Cuatro hombres para Eva'. Estuve con Alberto Migré en la mayoría de sus programas. Trabajé con Tato Bores haciendo distintos personajes y también con Olmedo. Una vez me dijo Tato: '¿Sabés por qué te respeto, Fernández Rubio? Porque venís con la letra sabida. Con vos aprendo ya que no soy actor sino monologuista'."
"Trabajé con casi todos los cómicos y de los que mejores recuerdos tengo son de Verdaguer, Espalter y Almada. De los demás, no tengo grandes recuerdos. Los cómicos son personas muy especiales. Me llamaron los productores más jóvenes, pero era para reforzarles las cosas. No tuve la suerte de ser convocado por Suar para hacer un personaje en una tira completa o en un unitario. Hice de un cura para 'Sin código', que aparecía para ayudar a los personajes y al final los terminó casando a él (Suar) y a Nancy. De hecho, hice Yago, con Facundo Arana, telenovela en la que fui por tres programas y me quedé nueve meses. Ese año, el padre Atilio (que era mi personaje) opacó a Efraín. Me llamaban 'Padre Atilio'. Fue un poco una revancha para con Efraín."
Impasse 2: Hacemos la nota en uno de los salones de la Secretaría de Cultura. Héctor responde a todas las preguntas, sin pelos en la lengua y sin perder la compostura a pesar de relatar cosas que no son de su agrado.
"Hoy en día soy la voz de la Secretaría de Cultura de la Nación. Vine en la época de Pacho O?Donnell, en el 96, que me llamó para un proyecto para la tercera edad: que artistas conocidos fuéramos a los centros de jubilados y les donáramos una biblioteca de madera con cien libros. Estaba Chela Ruiz, que en paz descanse, la Coca Sarli, Luis Dávila, el Pato Carret. Pacho me dijo lo que cobraría por cinco presentaciones y también que había una planta transmisora que pasaba música y danza, donde cobraría 600 pesos. 'Si el otro plan se llega a terminar, con éste quedás.' Se acabó el proyecto y me quedé sin trabajo pero seguía cobrando. Pasó un mes y mandé una carta a la secretaria, la doctora Gutiérrez Walker, diciéndole que me sentía un ñoqui. O me usaban o me retiraba. Al otro día, me cita y me dice: 'Ayer pagué por un maestro de ceremonias, 500 pesos. Desde hoy, usted pertenece a Ceremonial y Protocolo'. Ahora hago los actos, los eventos artísticos, los seminarios, los congresos (soy moderador) y los cursos. Ésta es la historia y así me voy a jubilar. Acabo de cumplir 67 años pero voy a ver si puedo aguantar algunos años más."