Baquedano: “Nos oponemos a mercantilizar la vida”
El presidente de la Federación de Partidos Verdes del continente americano, el chileno Manuel Baquedano, llegó a Buenos Aires en momentos en que un tremendo maremoto puso a la central nuclear de Fukushima en estado de catástrofe. Baquedano vino invitado por el partido verde local (Iniciativa Verde), presidido por Juan Manuel Velasco, quien fuera ministro de Medio Ambiente de Jorge Telerman cuando éste fue jefe de Gobierno.
El suyo es un apellido patricio del otro lado de la cordillera. Hasta hubo un cruel general conservador también llamado Manuel Baquedano que fue comandante en jefe del ejército durante la Guerra del Pacífico (1879-1883), en la que Bolivia perdió su salida al mar, e incluso un presidente provisional de Chile durante tres días (29-31 de agosto de 1991). Aunque es su descendiente, el que entrevistamos tiene otros orígenes y alguna vez (hace mucho, antes incluso de que Salvador Allende fuera presidente), invirtiendo
el desarrollo del tomate, antes de ser verde fue rojo.
En compañía de Velasco, Manuel Baquedano recibió a Noticias Urbanas en el lobby de un hotel céntrico. Recordó que los partidos verdes nacieron en Europa (su figura descollante fue el franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, quien había sido en 1968 uno de los líderes del Mayo Francés) y luego comenzaron a surgir en América, primero en México, en oposición a la central nuclear de Aguas Calientes, luego en Brasil, con la bandera de preservar la Amazonia ?el mayor pulmón del planeta? de la depredación ?tarea en la que descolló un antiguo guerrillero, Fernando Gabeira, devenido escritor? y, por fin, en Colombia.
Tanto en Brasil como en Colombia y Chile, los candidatos verdes ?la ex petista y negra Marina Silva, el bastante más conservador Antanas Mockus y el socialista progre Marco Antonio Enríquez-Ominami obtuvieron en promedio el 20 por ciento de los votos. En el caso de Chile, Eríquez-Ominami fue por fuera de los partidos tradicionales, apoyándose en dos partidos, el verde y el naranja, es decir el Partido Humanista, fundado por el recientemente fallecido filósofo Mario Cobos, más conocido como Silo.
Dice que le parece que en la Argentina, y especialmente en esta ciudad, su capital, están dadas las condiciones para ?un rápido despegue del Partido Verde?. Y Velasco sonríe.
Con la inconmensurable tragedia del norte japonés como telón de fondo, es natural que enseguida la conversación derive en uno de los grandes temas de esta época, el de la energía nuclear. Confirma Baquedano que los verdes se oponen por completo a su uso. Le recuerdo que un ambientalista tan destacado como James Lovelock ha mudado de opinión y ahora la acepta. ?Lovelock fue mi maestro y no es que se haya vuelto partidario de la energía nuclear. Entiende que el colapso está muy próximo y la acepta sólo como mal menor?, dice. Y queda flotando la sensación de que Baquedano no es tan
pesimista.
?Por lo pronto, la catástrofe de Fukushima ha servido para que tanto (la primera ministra de Alemania) Angela Merkel como (el primer ministro de España, José Luis Rodríguez) Zapatero hayan desandado sus pasos y se dispongan a cerrar las centrales nucleares anteriores a la década de los 80. El lobby de las grandes compañías los había presionado parta extender la vida útil de estas centrales, pero lo que pasó en Japón dejó en claro que hacerlo es correr muchísimos riesgos?, describe, y recuerda que Atucha 1
fue puesta en funcionamiento por el presidente Perón en 1974.
Respecto a la extendida insurrección de los pueblos árabes, Baquedano no es optimista. ?Lo que las masas árabes quieren es consumir, pertenecer. Su lucha no pone enntredicho el actual modelo capitalista sino que lo refuerza. Dice Baquedano que en lo que coinciden el neoliberalismo y el marxismo es en considerar que hay tres factores productivos, capital, trabajo y naturaleza, y que esta última ha de ser dominada. Y agrega que la izquierda es industrialista, y que en cambio el ecologismo verde es posindustrialista y propone que ?las cosas se pueden hacer de otra manera?.
La propuesta verde, dice, es ?una vida digna, que necesariamente será más austera?. Un desarrollo social basado en los transportes colectivos, en las energías renovables, en el autoabastecimiento. El paradigma de las energías renovables, añadió, ?va de la mano? con una sociedad sustentable. ?Tenemos una visión distinta de la de los liberales y los marxistas. No sólo decimos que es imposible sostener un aumento del consumo, decimos que es imprescindible decrecer. No somos catastrofistas, pero sostenemos con firmeza que la sustitución de los sistemas naturales por los artificiales lleva al colapso, a que los sistemas dejen de funcionar. No a una lenta decadencia, sino al colapso. Como un globo que se infla de más: revienta.?
Baquedano hace notar que la opción por las energías renovables va de la mano de la descentralización y la democracia. ?La lógica mercantilista es tender a que haya una sola fuente de energía, y que todos dependamos de ella?, describe. Esa misma lógica, agrega, conduce a que el aire, el agua y los bosques sean considerados mercancías. Y es ahí, en la oposición a esta barbarie, que los verdes encuentran su razón de ser. ?Nos oponemos a la mercantilización de la vida?, sintetiza.
?El capitalismo propone vivir mejor con más cosas, muchos se le oponen argumentando que hay que repartir de modo que más personas vivan mejor con lo mismo. Nos queda a nosotros la ingrata tarea de advertir que tenemos que quebrar esta lógica productivista y que estamos obligados a vivir mejor con menos?, filosofa.
?El neoliberalismo y el marxismo presentan una falla común: tienen visiones antropocéntricas y no reconocen que la especie humana depende de las demás especies, no reconocen los derechos de las demás especies. Nosotros tenemos una mirada ecocéntrica, predicamos renunciar al dominio de la naturaleza?, discurre el presidente de la Federación de Partidos Verdes de las Américas hasta el próximo encuentro, a celebrarse en octubre en el puerto de Natal, nordeste del Brasil.
Surge como ejemplo de mirada ecocéntrica la del maestro Akira Kurosawa en Dersu Uzala. Resulta obvio que no es una mirada habitual entre los japoneses contemporáneos pero sí la predominante en su arte tradicional.