24 de marzo: “El Proceso” de Javier Milei
A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 la Argentina transita por estos días, en lo económico y en algunas cuestiones políticas también, un camino muy parecido al que le dio impulso a la dictadura genocida de aquélla época.
Los objetivos conseguidos a sangre y fuego en ese momento hoy se consagran a través de decretos de necesidad y urgencia (DNU 70), leyes ómnibus de dudosa legalidad como la ley Bases y otros retrocesos sociales que se verifican desde el accionar autoritario y también represivo del Poder Ejecutivo.
Cuando nos referimos actualmente a decisiones políticas similares a las del Proceso de Reorganización Nacional, hablamos de la actualización de una dependencia crítica -en clave 2026-, con el extractivismo centrado en la energía y en la minería y a la cuestión tecnológica, transversal a todos los rubros, a la vida misma de nuestros ciudadanos. Y con los grupos económicos al comando de la nave, más allá del show del Presidente.
Nadie cuestiona su acceso democrático al poder. Quizás la única diferencia, y no es menor. Ni las recientes elecciones de medio término. Hablamos de lo que sucedió allá por el 76 y lo que sucede hoy con nuestro pueblo 50 años después.
Claramente esta situación es acompañada de una sensible baja en la conciencia social, agotada tras múltiples frustraciones que, a pesar de algunos aciertos importantes pero puntuales, la resultante fue el crecimiento de la brecha en la distribución de ingresos y una cantidad de pobres e indigentes inaceptable para la Argentina. Más allá de lo que pueda decir el cuestionado INDEC o los cómicos voceros del gobierno.
La democracia recuperada en el 83 no funcionó en su intento de mejorarle la vida a las mayorías populares, sino que fue maquillando con otras conquistas una situación de continuos endeudamientos, solo limitados por un lapso corto por el Presidente Néstor Kirchner, que condicionaron buena parte de un esquema de desarrollo sustentable nunca planteado con decisión por algún gobierno y menos aún implementado. La industria nacional que siempre tuvo un desarrollo complejo, pero con brillo en muchas ocasiones, llegó a un punto de no retorno con este gobierno, en el que la destrucción creativa no tuvo la continuidad de la novedad, sino que continúa en su fase destructiva crónica con la consecuente declinación laboral, tan de moda esta semana a partir de una media sanción en el Senado que recorta muchos de los derechos al trabajador formal y alienta su despido con importantes ventajas para los empleadores. Los informales sin destino y los de aplicaciones sin status legal.
Un punto de coincidencia importante con la dictadura es la concentración de la riqueza en pocas manos, la timba financiera, la inequidad en el plano distributivo, el recorte y la represión de derechos y la nula discusión de las decisiones. En esto es importante destacar la utilización de los estudios privados que contratan las empresas líderes en la redacción de los proyectos de ley que presenta el oficialismo en el Congreso. Y no se ponen colorados, festejan su sumisión e inoperancia y generan héroes (rehenes) en Olivos.
Parece que memoria, verdad y justicia es un legado que pretende ser puesto en duda. O al menos sus causas, si algún libertario se apiada dentro de su negación de las torturas, apropiaciones de bebés, y las desapariciones sufridas por miles de compatriotas. Teléfono para Victoria Villarruel y su amigo Alfredo Astiz. La batalla cultural como la llaman ellos intenta ser el sustento de este plan de entrega de la soberanía y de nuestras riquezas, destruyendo el aparato productivo y fomentando –junto a los mismos socios de antes- las debilidades de los sectores públicos y privados que nos colocaban en una posición privilegiada en América Latina, social y económicamente.
El peronismo es una fuerza transformadora, será revolucionario o no será nada según su líder, Juan Domingo Perón. Él hizo la parte fundacional y con la matriz correcta desde el Estado a mediados del siglo pasado, también otros militantes su parte de entrega absoluta en los años de plomo de la Argentina y ahora parece que se acerca peligrosamente al no será nada de la profecía. Siempre es muy arriesgado darlo por muerto. El peronismo, comprendiendo que hoy que el kirchnerismo está en retirada dentro del movimiento, tiene una doctrina desde la cual reinventarse. Habrá que pensar cómo sería la continuidad de aquél modelo que repartía sus utilidades por mitades entre el capital y el trabajo, que debe generar ahora nuevos recursos y agrandar la torta exportable a partir de las nuevas realidades, y se estructure en un proyecto viable y compartido, federal y políticamente aceptable para una sociedad que parcialmente los abandonó. Y sobre todo que no se quede inmóvil y sin propuestas a esperar el fracaso de Javier Milei, que, aunque sea muy probable, no lo tiene al peronismo de heredero. Probablemente a este ritmo podría haber años de llano si no conectan con las nuevas circunstancias y tendencias.
Increíblemente Argentina está retrocediendo aceleradamente en cuestiones estratégicas, tanto de soberanía como sociales y culturales. Las derrotas de estos dos años del movimiento popular costarán muy caras por el ensañamiento y la crueldad con que se está llevando a cabo este modelo que nada tiene que envidarle al de José Alfredo Martínez de Hoz. El alineamiento automático e irresponsable con Estados Unidos e Israel complementan un panorama peligroso para nuestro futuro.
Todos los imperios van aprendiendo las nuevas maneras de ejercer influencias decisivas en determinadas zonas del planeta. Aquí renegamos del Estado y todos se aprovechan, como es lógico. Un proyecto de país bien equilibrado, con un Estado presente y eficaz, un Ejecutivo que logre un consenso importante en el Congreso y con las Provincias, insertado en un mundo multipolar que nos permita concretar nuestros intereses en lugar de regalarlos ante presiones ajenas, le daría a la Argentina una nueva vida. Quizás nos lleve de regreso a ese Estado de Bienestar que la dictadura asesina no toleró y vino a quitarnos por un largo período a todos lo que habitamos este bendito suelo argentino.
No miremos las formas, pueden ser dictadores o experimentos, sino los contenidos y las consecuencias de lo que hacen.
Se parecen demasiado. Fin.