Publicado: 22/12/2005 UTC General Por: Redacción NU

Vuelta de campana en el juicio político

La sala juzgadora de la legislatura porteña pierde argumentos para desplazar del cargo en forma definitiva a Aníbal Ibarra. Con la atenuación de los cargos de los funcionarios directamente implicados, a Ibarra sólo le cabe la responsabilidad de haberlos nombrado pero nada más. De esta manera el juicio político se ha vuelto insostenible
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Redacción NU
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La suerte de Aníbal Ibarra, hasta hace unas horas (perdón el lugar común) estaba echada. De ninguna otra manera, Jorge Telerman se hubiera presentado en oportunidad del escándalo del Moyano en exhibición contundente de su plenitud como jefe de gobierno. Los ibarristas puros y el mismo Ibarra sólo dependían de un milagro y parece ser que el fallo de la cámara del crimen, del que se informa ampliamente en NOTICIAS URBANAS, puede serlo.

Al menos en el edificio de Bolivar 1, los funcionarios y empleados leales a Ibarra se abrazaban como en un mundial de fútbol. La expresión fue: "la acusación a Ibarra quedó floja de papeles". Esto es, si la imputación a los funcionarios directamente relacionados con la tragedia de Cromañón se redujo a "incumplimiento de los deberes de funcionario público" alejándolos de toda intencionalidad criminal, Ibarra no puede siquiera ser mirado mal en este caso. Es lo que creen.

Pero hay creencias que tienen mucha fuerza y esta parece serlo. ¿Con qué argumento un diputado puede justificar su voto de Ibarra culpable cuando la directora de habilitaciones será apenas rozada por el sistema penal? Será difícil. Lo mismo la trayectoria mediática de las instancias decisivas del juicio, aun con toda la intención de destrozar al suspendido Jefe de Gobierno que tenga un medio o un periodista, no podrá omitir los hechos y la debilidad de los argumentos.

Incluso queda debilitada la posición de los familiares, quienes insistieron en la calidad de la vía judicial por sobre la escurridiza vía política de la causa Cromañón. Aunque ya se manifestaron contrarios a la disposición de la Cámara, el efectismo de sus presentaciones públicas tendrá la cortina de los dictámenes bien escritos, sin intención de consagrar la impunidad sino asegurar la calidad del trámite judicial.

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