Publicado: 04/07/2005 UTC General Por: Redacción NU

La industria vuelve a ser el motor

La estructura económica de la Ciudad de Buenos Aires está influida fuertemente por los servicios, el comercio y el sector financiero, en primer término, por la industria manufacturera a continuación y por la administración pública en tercer término. Finalmente se sitúan el turismo, la enseñanza, la construcción y otros servicios de menor cuantía, como la “explotación de minas y canteras” y la “agricultura, ganadería y sivicultura”
La industria vuelve a ser el motor
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En la economía porteña, el rubro servicios inmobiliarios, empresarios y de alquiler figura en primer lugar, con el 19,1 por ciento, seguido por los servicios financieros, que ocupan el 15 por ciento de la actividad. El comercio significa el 12,1 por ciento y, pegado a este sector, la industria manufacturera ocupa al 11,5 por ciento.

A continuación se ubica el rubro transportes, almacenamientos y comunicaciones, que incide en un 10,6 por ciento, seguido por la administración pública –el 5,3 por ciento-, los servicios sociales y de salud –5,2 por ciento- y servicios comunitarios y personales, que ocupan el 5,1 por ciento.

Los servicios de hotelería y restaurantes inciden en un 4,7 por ciento, seguidos por la enseñanza –un 3,4 por ciento-; la construcción –un 2,7 por ciento- y la contratación de servicio doméstico, que ocupa el 2,3 por ciento.

Los rubros menores son los servicios de electricidad, gas y agua –1,4 por ciento-; la insólita explotación de minas y canteras –1,2 por ciento y la ganadería, agricultura y sivicultura –0,3 por ciento-, esta última una rareza en una ciudad que desborda cemento y posee muchos menos espacios verdes de los que serían necesarios.

VUELVE LA INDUSTRIA

Tras los huracanes antiindustriales que soplaron con fuerza durante los años ’90, la invencible industria manufacturera argentina comienza a dar signos de una auspiciosa resurrección.

Sólo en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, el aumento del consumo y el proceso de sustitución de importaciones que trajo consigo la posconvertibilidad generó un crecimiento del 21,2 por ciento en el volumen de la producción industrial en el 2004. A esta cifra habrías que adicionarle el fuerte incremento que se produjo en el 2003, que había sido ya del 18,7 por ciento.

Los productos metalúrgicos, las maquinarias y equipos fueron el rubro que lideró la levantada, con un 32,8 por ciento, seguidos por el rubro alimentos, bebidas y tabaco, que treparon hasta el 23,8 por ciento, al igual que los insumos de papel e imprenta.

La suba en el consumo generó además un crecimiento en un 7,5 por ciento del personal asalariado, que también vio incrementadas en un 8,9 por ciento las horas de trabajo. El salario bruto promedio, medido en valores corrientes se incrementó un 17,4 por ciento, por encima inclusive del Índice de Precios al Consumidor.

Los empleados del sector textil y confecciones fueron los más favorecidos por la mayor demanda de mano de obra, con un 17,5 por ciento. Los de la rama de alimentos, bebidas y tabaco también crecieron, alcanzando el 12,2 por ciento, el mismo porcentaje que alcanzó el sector de medicamentos.

La “madre de todas las industrias”, la construcción, también creció con índices que invitan al optimismo, pero en este sector quedaron demostradas tanto las virtudes como las limitaciones del proceso económico que vive la Argentina y, dentro de ésta, la Ciudad de Buenos Aires. Es que quienes movilizaron los guarismos hacia arriba fueron los sectores nacionales de altos ingresos y los grandes inversores extranjeros. La clase media y los sectores de menores ingresos miraron la fiesta desde afuera, presos de sus bajos salarios y de la escasez del crédito.

Éstas fueron las razones que abonaron en estos últimos tres años una crisis edilicia que lleva ya más de tres décadas sin solución en esta metrópolis de profundas desigualdades, en la que conviven la opulencia y la miseria. Tal es así que fue más destacable el aumento de las superficies destinadas a usos comerciales que para vivienda.

En resumen, se contabilizaron fuertes aumentos en el personal asalariado industrial, en las ventas en los centros de compra, automóviles y electrodomésticos, en los viajes en subterráneo, en la circulación de vehículos por las autopistas y en el consumo de gas y electricidad.

Pero, por contrapartida, un nuevo brote inflacionario amenaza con neutralizar una serie de aumentos salariales que le otorgaron un nuevo impulso al consumo en los últimos meses.

De todos modos, casi todos los analistas coinciden en pronosticar que la industria seguirá creciendo y empleando a más gente y que la economía no dejará de prosperar. Mientras tanto, la estructura de la Dirección General de Rentas se prepara para superar en el curso de este año la cifra prevista –ya un record histórico, si se lo mide en moneda nacional- de 4.400 millones de pesos de recaudación.

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