Las brujas, los aparecidos y los Reyes Magos
Existen relatos sobre aparecidos desde las épocas más remotas. Etnólogos y viajeros de los siglos XVI, XVII y XVIII, han recopilado cuentos, leyendas y rumores que tienen por protagonistas a sujetos que después de muertos, mantienen usual comercio con el mundo de los vivos.
Etnias de África, Oceanía o la América aborigen (pero también los satanistas urbanos), conservan hoy sus amitades o enemistades con espíritus de sus antepasados o entidades sigilosas que se mueven en bosques, cuevas o lagos, interactuando con las comunidades, sea de manera cordial o agresiva (según sean los lazos de reciprocidad).
La salud, las buenas cosechas, el éxito en la caza, el orden institucional y social de esos grupos, están reguladas por el contacto que los chamanes guardan con esos convidados de piedra.
El chamán, que inaugura después de su iniciación la familiaridad con los desencarnados, es el medio que permite la comunicación con los 'fiambres'. Es quien después de probarse, soporta una 'muerte' cargada de simbolismos, convoca o viaja al trasmundo para intentar encontrar solución a las dificultades del colectivo en el que practica sus atributos.
Si los Reyes Magos resultan la versión amable de estas 'visitaciones' (también las 'chicas de la calle', a un golpe de teléfono), Karl Marx, acaso menos optimista pero no menos lúcido decía que el peso de los muertos oprime la cabeza de los vivos.
Y en esa orientación, Freud proponía, en "Duelo y melancolía", dos hipótesis: en el duelo, el sobreviviente tramita exitosamente el 'peso' del muerto; en la melancolía, fracasa, y el aparecido reaparece en los momentos menos oportunos, infinitamente. Borges se aprovechó de este argumento.
Esta capacidad otorgada a los muertos encontrará una dilatada vigencia, incluso en sociedades industrializadas, muy alejadas de las concepciones teocéntricas y holísticas existentes en la antigüedad.
Cuando culturalmente la relación con los muertos -con sus espíritus- es aceptada como normal y natural, la posibilidad de experimentar miedo se normaliza.
La experiencia subjetiva frente a la visitación fantasmática ha sido objeto de sorna del escritor norteamericano Chuck Palahniuk en uno de sus últimos libros, titulado, precisamente, "Fantasmas".
El miedo al moribundo y al muerto reciente provoca perplejidades que rodean y acompañan al proceso de agonía y deceso. El miedo mágico, según Jean Delumeau, reguló las prácticas que intentaban disuadir al espíritu a quedarse entre los vivos, por voluntad propia.
Finalmente, la colocación de piedras encima de los féretros -que se advierte en los países de Europa Oriental- liga ese concepto de la muerte con lo corporal: la amenaza no reside en el alma del muerto sino en su cadáver reanimado por fuerzas ocultas. Leopoldo Lugones creía en estas reanimaciones, pero no le sirvieron demasiado a la hora de tragarse el cianuro que se lo llevó definitivamente al otro barrio.