Fuerte reclamo por un proyecto productivo a largo plazo
"La sustentabilidad no está garantizada porque la redistribución del ingreso no está en la agenda de quienes gobiernan". Así lo aseguró el diputado nacional y economista Jorge Sarghini, este martes por la noche, en un debate económico organizado por el espacio de centroizquierda Foro Porteño, y del que participaron, además los economistas Marta Albamonte y Abraham Gak. El encuentro se desarrolló en el primer piso del Colegio Público de Abogados y fue coordinado por el ministro de Medio Ambiente porteño, Marcelo Vensentini..
En primera fila, escuchaban el secretario General del Gobierno porteño, Raúl Fernández; la responsable del programa Puertas al Bicentenario de la Ciudad, Silvana Giudici; el presidente del Ente Regulador de los Servicios Públicos porteños, Carlos Campolongo; el legislador Norberto La Porta, y el subsecretario del Plan Estratégico de la Ciudad, Daniel Martini, quienes, junto con Vensentini, Albamonte y la ministra de Cultura porteña, Silvia Fajre (ausente con aviso), conforman el Foro Porteño
Sarghini, quien encabeza en la Cámara de Diputados el bloque Justicialista Nacional, integrado por peronistas disidentes al oficialismo, fue el más crítico en su exposición, aunque reconoció el crecimiento de la economía nacional a partir del modelo económico actual, del cual fue uno de los precursores (fue secretario de Hacienda de la Nación en 2002 y 2003, durante la presidencia de Eduardo Duhalde, con Roberto Lavagna como Ministro de Economía).
Pero el objetivo de la discusión era, precisamente, ir más allá del crecimiento expresado en los actuales indicadores económicos. Es que el eje pasaba por la pregunta: "¿Qué hacer para pasar del crecimiento al desarrollo sustentable y justo?". Y sobre este tema es que estos economistas dieron sus visiones.
ALBAMONTE ROMPIÓ EL HIELO
La primera en hablar fue la ex secretaria de Hacienda del Gobierno de la Ciudad, Marta Albamonte. La ex funcionaria porteña llamó a "salir de la simple adaptación a la forma de mundialización del capital para ser nosotros quienes definamos cuáles van a ser los rumbos a seguir".
Para Albamonte, "en los noventa, fuimos lo mejores alumnos para adaptarnos a la desregulación y privatización, a la flexibilización laboral, al desmantelamiento de la seguridad social". Luego expresó: "Es hora de que este país en crecimiento de un salto cualitativo hacia un modelo productivo".
Después de hacer un análisis de las causas que llevaron a la crisis del 2001, señaló que "a pocos años de esa situación que parecía insalvable y caótica, las cuentas nacionales nos muestran indicadores que, lejos de mostrar un país en crisis, lo muestran en crecimiento. El PBI crece a un acumulado del 40 por ciento en cincuenta meses, la inversión bruta pasó del 13 por ciento a más del 20 por ciento y sigue adelante. Las exportaciones crecen en forma sistemática, no sólo por la venta de productos agropecuarios, sino también manufactura de origen agropecuario y también de manufactura industrial".
Entre las condiciones favorables señaló que "los precios de los productos manufacturados crecen menos relativamente que los de materia primas. En este esquema la Argentina tiene una potencialidad fabulosa para darle salto cualitativo hacia un desarrollo económico. Y hay un nivel de reservas pocas veces visto".
Según Albamonte, es necesario un "crecimiento de desarrollo vinculado a un modelo de acumulación autocentrado, donde se puedan manejar las herramientas de política económica y se pueda definir el destino de los excedentes que se generan en diversos sectores productivos, reinyectándolos en los sectores que deberíamos pensar en redefinir".
"La estructura productiva de la Argentina, es desequilibrada. Hay sectores desmantelados, como la industria de bienes de capital", remarcó la ex secretaria porteña.
Luego, fue el turno de la crítica: "Hay cuestiones positivas que se tomaron no como un programa de desarrollo de fondo sino como respuesta a cuestiones que fueron surgiendo, como por ejemplo, la manera en que se llevó a cabo el control de precios", manifestó.
Y remarcó: "Hay que buscar formas en que la distribución del ingreso apunte a generar el círculo virtuoso del crecimiento y el desarrollo. Las políticas de recomposición salarial han sido sustantivas en este período, pero es verdad que los que están en el estrato social más bajo aún no reciben el efecto de una redistribución del ingreso. Y es ahí donde hay que apuntar".
Finalmente, planteó seis puntos para lograr un "régimen de acumulación más coherente con las necesidades de la Argentina", que pasan por la readecuación de la relación entre el trabajo y el capital -lo que implicaría un reparto más parejo de la renta nacional, con el consiguiente aumento de la demanda y, por ende, la generación de un círculo virtuoso de crecimiento-; la inserción internacional basada en la consolidación del MERCOSUR; la propuesta de una política industrial que permita el crecimiento de industrias de producción en el marco de nuevas tecnologías; una política de precios que rompa el pensamiento neoliberal y ataque la cuestión desde la estructura misma; el mantenimiento de un régimen monetario y cambiario que posibilite la diversificación productiva -este esquema, dijo, debe complementarse con un régimen financiero que tenga una banca pública de desarrollo-, y un Estado que lleve adelante una profunda y progresiva reforma tributaria.
EL TURNO DE SARGHINI
"Tengo una visión más crítica de lo que he escuchado y seguramente voy a escuchar", se atajó Sarghini, al comenzar su alocución. El ex presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires se refería al discurso de Albamonte y a las ideas que iba a expresar, posteriormente, Gak.
"En abril del próximo año vamos a estar cumpliendo cinco años de crecimiento sostenido. El crecimiento medido como tal va a continuar", arrancó, optimista, para luego subrayar que no coincidía con los que pensaban que este crecimiento era fruto solamente del contexto estable.
"Hemos hecho cosas los argentinos para aprovecharlo. Se han plegado bien las velas para aprovechar ese viento de afuera. De todas maneras -remarcó- no está garantizada la sustentabilidad y está absolutamente pendiente el tema de la distribución del ingreso. Eso es lo que hay que discutir hacia delante, y debo decir que no visualizo que esto esté tan claro en la agenda de los que gobiernan", cuestionó.
Luego, en uno de los pasajes más salientes de su discurso, remarcó que "en la actualidad no hay políticas dirigidas a la mitad del empleo que se encuentra en negro. Hoy las políticas son todas para mejorar las condiciones del 50 por ciento que está adentro, en el sector formal".
En otro pasaje, criticó que "el tema energético está enfocado en una visión cortoplacista. Y recordó que "hay un interrogante sobre el modelo de planificación energética".
"El plano fiscal -añadió el economista-, tenemos superávit, mucho, pero no sé si tan buena calidad. Se está concentrando en el nivel nacional y se está complicando a nivel provincial. Las provincias tienen problemas graves. Excluyendo el sistema de seguridad social, el 70 por ciento de los recursos los maneja la Nación y el 30 por ciento las provincias. En cuanto a la distribución del ingreso, es un tema pendiente que debemos abordar: hoy hay 7 millones y medio de pobres y un millón y medio de indigentes", expresó el diputado nacional.
Luego, expuso que, "en el tema de la distribución del ingreso, estamos en el mismo paradigma de consenso de Washington, que dice que el crecimiento económico resuelve las cuestiones sociales".
"Eso sí -señaló Sarghini-, estamos con un gran ventaja: este modelo derrama mucho más porque, precisamente, no tiene los fundamentos del que recomendaba el consenso de Washington. Es un modelo que yo defiendo. Pero el avance de materia de distribución del ingreso en materia social ha sido producto del derrame. Y éste es un paradigma que tenemos que romper. Hay que tener políticas sociales por encima de aquellas que el crecimiento desarrolla como mejora social por derrame", puntualizó.
"Tenemos que perseguir un modelo de innovación tecnológica para tener competitividad mundial", continuó Sarghini. "Esto -dijo- hay que acompañarlo con políticas inclusivas en materia social, de educación, ciencia y tecnología. Políticas específicas para el empleo. Y tomar conciencia de que la calidad institucional tiene que ver con la calidad de vida de la gente". Vinculado a esto último, señaló que el presupuesto nacional es "una absoluta falacia mientras existan los superpoderes".
Finalmente, cerró su discurso con una frase que resumió la idea que atravesó las tres alocuciones: "A lo último que tendríamos que resignarnos es a tener crecimiento sin justicia social".
OPTIMISTA Y CON PROPUESTAS
Finalmente fue el turno de Abraham Gak, profesor honorario de la UBA, rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y director estratégico del Plan Fénix.
El economista festejó que los conceptos del Plan Fénix, que tiempo atrás parecían "demasiado audaces", "hoy estén aceptados como verdades". Y se mostró optimista con respecto al futuro, pero aclaró que para que éste sea promisorio, "es necesario lograr un consenso político" para la puesta en marcha de un programa de desarrollo sustentable a largo plazo.
"La inclusión social, el bienestar y la educación son imperativos para el desarrollo. No nos regodeamos con el crecimiento logrado en estos últimos años, porque si no va acompañado de estas tres cosas, este crecimiento no va a poder ser sustentable en el tiempo", subrayó Gak.
El economista afirmó que "el problema no se limita a la redistribución del ingreso. Desde el Plan Fénix, creemos que lo que hay que brindar es bienestar, que va más allá de un salario digno, equivale también al acceso a la educación, el goce del ocio y de los aspectos culturales que no deben estar destinados sólo a una minoría. Argentina tiene todas las ventajas para poder hacerlo", sentenció.
Como era de esperarse, Gak cuestionó duramente las políticas neoliberales de los '90. Pero apeló para esto a los datos duros. "De promedio -señaló-, el crecimiento en el período '93 - 2001 el 1,6 por ciento. Es un dato del Indec, que tira por la borda toda la publicidad mediática de los noventa sobre el crecimiento extraordinario de la Argentina", sentenció.
El académico continuó diciendo que "en 2002, en virtud de una devaluación salvaje, que arrojó a la pobreza a un sector de la población que no lo estaba, tuvimos un descenso del PBI del 11 por ciento. Pero a partir del 2003 la Argentina se recuperó, y con sus propios recursos. Ni un dólar vino de afuera. Sin embargo la Argentina creció el 8,8 por ciento en 2003; el 9 por ciento en 2004; el 9,2 en 2005, y prevemos que vamos a terminar el 2006 con el 9,2 por ciento. Nosotros, además, prevemos que en 2007 podemos crecer el 7,8; en 2008 el 7,2; en 2009 el 7,3 y en 2010 el 7,4", auguró.
Pero luego se refirió a otras estadísticas, más desalentadoras: la de la pobreza y la indigencia. "Mantener más allá del 0 por ciento la indigencia nos parece espantoso. No hay razón ninguna para que en este país haya hogares indigentes", remarcó.
"En 2003 -dijo Gak- tuvimos el 40 por ciento de los hogares bajo la línea de la pobreza y el 17 por ciento bajo la línea de la indigencia. En 2006 hay una reducción importante: vamos a tener el 20,5 por ciento de la población bajo la línea de pobreza y el 8,6 por ciento bajo la línea de indigencia. Nosotros proponemos con una serie de medidas reducir al 2007 a 0 indigencia. Si no logramos eso es porque no estamos haciendo bien las cosas. Y llegar a un 13 por ciento de pobreza en el 2010, que es un porcentaje también es alto en función de lo que ha sido la Argentina. Los caminos para lograr esto pasan por la política social".
Gak propuso una serie de medidas vinculadas para acabar con la precarización del empleo. Expresó que "hay que revertir la lógica de la prematura incorporación de jóvenes al mercado de trabajo, fortaleciendo su permanencia en el sistema educativo". Y entre otras cosas, propuso "reducir el período de prueba y terminar con los contratos precarios, supervisar los procesos de tercerización y externalización de la fuerza de trabajo, y reformar las normas referidas a duración y condiciones de la jornada de trabajo, con el objetivo de reducir su extensión máxima legal".
"Estas reformas a los derechos laborales individuales deben complementarse con reformas al derecho colectivo de trabajo", aclaró.
Finalmente, abogó por una fuerte y justa reforma tributaria y por la calidad del sistema político y las instituciones.
La extensión de los discursos redujo la cantidad de preguntas que el público pudo hacer a los expositores.