Ojos que no ven, inspectores que siguen de largo
En el predio situado en la valiosa esquina en la que confluyen las avenidas Bullrich y Libertador se encuentra situado "El Parrillón de la Recoleta". En realidad, existen allí dos parcelas, una perteneciente al Ente Nacional de Administración de Bienes Ferroviarios (ENABIEF) y la otra al Estado porteño.
En la parcela corespondiente al ENABIEF, que lleva el número 5 y se encuentra bajo el terraplén ferroviario, funciona el cuerpo principal del restaurante. En la parcela correspondiente al Estado porteño, que lleva el número 6, existen una construcción de altura, un playón donde se instalan mesas con sombrilla y una gran playa de estacionamiento.
Pero, aún a este idílico lugar -al fin y al cabo se encuentra en la Argentina- también le llegan los problemas. Uno de ellos es que la construcción de altura no tiene habilitación. Otro es que, al enviar los planos para conseguir la habilitación en la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro (DGFOC), en esta repartición se anoticiaron de la ilegalidad del procedimiento y se emitió la Disposición 1027, que le ordena al usurpador que demuela la construcción, so pena de que el propio Gobierno de la Ciudad se encargue de ello.
En dos ocasiones, la DGFOC envió la notificación pertinente a los dueños del comercio y en ambas éstos se negaron -mediante chicanas legales- a firmarla. Incluso, en una ocasión cuestionaron que la firma del funcionario figuraba en el margen derecho. Próximamente serán intimados en forma definitiva y, si continúan negándose a recibirla, la obra será demolida por el Gobierno.
Pero, más allá de las leyes y de sus evasores, es impresceindible que el jefe de Gobierno encare un tratamiento oftalmológico masivo para sus inspectores. El glaucoma hace estragos en esta Buenos Aires que tan proclive es a la ceguera. Por esta razón, hace alrededor de un año y medio que un predio fue ocupado ilegalmente y nadie reparó en ello.