Vivi Tellas: ¿hay vida más allá de la vanguardia?
Lo primero que hice en cuanto a mi formación fue estudiar Bellas Artes. Vengo de la plástica. Soy de la gente del teatro que viene de las artes plásticas. Yo soy ese caso. Después, pintando me empecé a sentir un poco sola. Eran años difíciles, de dictadura. Y me empecé a reunir con otras amigas que también tenían actividades artísticas y como era tan difícil juntarse y hacer cosas con otros, era un estado de miedo. Bueno, como se sabe, pero yo lo viví justo en esa época de formación donde querés reunirte con otros y hacer cosas. Entonces la actividad de pintar, si bien me encanta, hasta hoy me fascina y me siento más cerca de eso que del teatro, empecé a hacer cosas con otros y me di cuenta que eso me llevaba al teatro y a la escena. Y ahí nos juntamos con unas amigas y armamos el grupo Las Bay-Biscuit, un grupo de chicas que hacía todo tipo de performances pero que tenía mucho de las artes visuales: vestuario, escenografía, siempre empezaban por ahí las ideas. Y ahora, visto a la distancia lo tomo como una especie de aventura de juventud, de travesura. Después empecé a estudiar. Ví que podía desarrollar tanto lo visual que es algo que me interesa, la música que también me gusta y empecé a descubrir que la escena tenía todos esos elementos para trabajar y me sentía bastante plena con eso y empecé a estudiar. Hice los tres años de la carrera y me recibí. Mi maestro de dirección fue Lorenzo Quinteros.
Después, para mí una influencia muy, muy grande fue Alberto Ure con el que yo también hice algunos trabajos y me trasmitió mucho lo que para mí fue el teatro. Lo reconozco como mi maestro. Con el que tuve mucha afinidad y aprendí muchísimo.
Igual siempre me sentí un poquito sapo de otro pozo en el teatro. Porque por lo general la gente viene de la escritura o empieza por el texto y yo empezaba siempre por lo visual: la escenografía, la luz. Después, recién empecé a entender más la dramaturgia, el texto. Incluso, ahora, en estos últimos tiempos creo que estoy volviendo a las artes plásticas que al teatro.
Lo que estoy haciendo ahora, “los archivos documentales en vivo”, están más relacionados con la instalación en el campo de las artes plásticas que del teatro. Si bien pasé por todas las instancias de dirigir mucho. Después de ahí arranqué con esta nueva etapa.
Cuando trabajo sobre textos, siempre estoy buscando materiales. Tengo como una brújula que va siempre buscando qué quiero hacer, qué me conmueve, qué me estoy imaginando o con qué estoy obsesionada en ese momento. Y muchas veces elijo los materiales que me provocan mucho misterio, que me dan mucha curiosidad, o que no entiendo. Me intereso o me empiezo a adentrar por alguna razón. Por ejemplo, Bernarda Alba es un proyecto que yo quería hacer desde hace muchos años y tenía ganas de hacer un clásico. Tenía ganas de hacer un clásico y empecé a buscar. Como las traducciones me parecían muy complicadas, no me atrevía a encarar una traducción. Quería algo en mi idioma. Empecé a leer Lorca y a buscar algo que me resonara mucho. Y así dí con "La casa de Bernarda Alba". Yo viví en mi infancia una cosa muy de mujeres. Reconocía cosas que, si bien estaban con otro signo, me resultaba algo para investigar. Eso me abre un camino para dedicarme, analizar, ver qué me estoy imaginando con eso.
Entonces, empecé a darme cuenta que hay una repetición natural. Aparte de las técnicas que se usan en la actuación, que las personas pueden repetir algo que les provoca siempre la misma reacción, emoción y está ahí intacto. Aparte trabajé con esas historias que yo escuché toda mi vida desde los seis años. Esta repetición es teatro. Es teatro y es un clásico. Porque los clásicos son textos que se hacen y se hacen y nunca se agotan. Siempre tienen algo para decir esos textos. Ahí empecé a reconocer qué material tenía y a darle como un marco y realmente resulta. Es mucho trabajo. Tengo que estar muy atenta para no interferir, para no pedirles cosas que no pueden hacer. No es la idea trabajar con gente que no son actores para pedirles que actúen. Para eso me encantan los actores. Esto viene de otro lugar.
Después hice "Tres filósofos con bigotes". Después de la experiencia de Mi mamá y mi tía empecé a darme cuenta que estaba fascinada con lo que había hecho. Como si se me hubiera abierto una puerta nueva a otro mundo y todavía estoy así. Creo que me va a durar unos años. Encontré la fascinación en lo inestable, en la falta de virtuosismo, en la inocencia. Y como yo estaba yendo al grupo de filosofía de Tomás Abraham, el grupo legendario de los jueves. Le pregunté si podía ir de oyente. Y me emocionaba tanto estar ahí y yo no me sentía capaz de exponer como ellos y me propuse devolverle algo al grupo de estudio. Al principio había pensado en un trabajito chiquito para fin de año, con alguno de ellos. Pero después dije puede ser mi trabajo, puedo abrir un espacio para ver. Y estaban ellos tres que son personas muy distintas a mí y con bigotes. El bigote y la filosofía y quedó "Tres filósofos..." y les ofrecí participar, a ver qué salía. Y me di cuenta, una actitud artística nueva para mí donde que todo lo que me producía emoción o curiosidad de las cosas que yo hacía podía convertirlas en una obra de teatro. Y entonces tienen una estructura las obras estas: la mesa, el reloj y hay objetos en la mesa que se van mostrando.