Publicado: 31/01/2009 UTC General Por: Redacción NU

El amo de la incertidumbre

La semana pasada, su amigo Marcelo Mazzarello habló de él con admiración. Actor consagrado y respetado por el público y sus pares, vuelve con "The Pillowman", junto a Pablo Echarri en el Metropolitan, y estrena "Mundomudo" en el teatro Gargantúa (viernes y sábados a la medianoche). Carlos Belloso habla de actuación y etiquetas con NU.
El amo de la incertidumbre
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"Me habían hablado de 'Pillowman', y que podría hacer de Michal (N de R, su personaje en la obra). Está muy bien delineado en el libro pero yo siempre complico las cosas. Si te ajustás al libro y hacés un muchacho 'especial', el personaje ya está hecho. En general, paso las historias de los libros internamente. Busco resortes que funcionen para mi y pueda jugar con un mundo imaginario al que alimentás con cosas que te han pasado y que podrían llegar a pasar. Se piensa que Michal es un retrasado pero es por lo que dicen los demás. Tiene una lógica propia y particular, no te da a entender que es un retrasado. Quizás es muy sensible. Quise profundizar eso. Pensé que nació con parálisis cerebral y que los padres lo ocultaron. Ese ocultamiento hizo que, además del retraso lógico de una parálisis cerebral, tenga un nivel antisocial que genere una mayor complejidad y una mayor metáfora".

"La obra es oscura. No sé si kafkiana, más revulsiva. Dos policías detentan el poder hostigando al que escribe, al anormal, someten por la fuerza, a dos personas o un mundo más sensible, hasta llegar a un límite. El establishment siempre está contra lo artístico y la creatividad, que cuestionan al poder. Michal, sus 'capacidades diferentes', para ser políticamente correctos, cuestiona a la sociedad. Pero es la sociedad la que se tiene que adaptar a esa persona y no la persona a esa sociedad. En la adaptación está la diferencia entre respeto y tolerancia. A las personas diferentes les cuesta la realidad porque está hecha para gente normal que no piensa la diferencia".

Impasse 1: Llego cinco minutos tarde (cortesía del 63) al bar de enfrente al Gargantúa. Carlos ya está esperando. Tiene un look ciclista, gorra y lentes incluidos. Pasa Ricardo Arauz, director de Mundomudo, su obra, y lo saluda. El tema es la actuación.

"Si vamos a una definición básica, ningún personaje es malo ni bueno del todo. Hitler, en algún momento habrá tenido un descuido de ternura. Era un hijo de mil putas pero tenía un costado artístico, era pintor. En esos personajes, me gusta agarrarme del lado más humano, porque lo otro ya está. Con decir 'Hitler', sabés que es un hijo de puta, pero si lo ves acariciando un perro, ves a un hijo de puta más humano. Meto todo eso para crear y para que la gente decodifique al personaje. Que no sólo diga: 'Entró el hijo de puta y va a hacer maldades'. Le doy volumen a un personaje, pero al mismo tiempo, lo vuelvo inasible, para que no lo puedas agarrar. Desarrollo un personaje oscuro en una especie de intermitencia, que permita preguntarse por la persona, por el ser humano. Lo mío tiene que ver con la incertidumbre".

"En la física cuántica existe el principio de incertidumbre: dice que no se puede medir la velocidad y la posición de una partícula al mismo tiempo. Esto me dio a entender que transmite una realidad incierta. Así me puse a investigar qué cosa puede traducir el teatro de esta realidad. El teatro de la incertidumbre es algo que no se puede agarrar. Cuando lo querés agarrar, se escapa como un jabón, un pescado. Después fui comparando quienes tenían esta postura, la incertidumbre, lo indeterminado y me encuentro con (Gilles) Deleuze que habla sobre varios enfoques parecidos aunque lo agarra por el lado del cine. Es que un malo tiene zonas tiernas y un bueno tiene zonas oscuras. Todo esto sirve para elaborar una teoría y divertirme un rato, me aburro fácil".

Impasse 2: Carlos es un tipo agradable, de buen humor. Se prende para la charla amena, sin cassette. Tira ideas y las ejemplifica con situaciones locas, como cuando pasa un chico andando parado en una bicicleta, con una chica debajo.

"La tele es un campo más de investigación, aunque no puedo experimentar mucho, no tengo los medios. Puedo entrar en una comedia que ve todo el mundo pero practico lo que quiero experimentar. En rogramas que tienen un mayor nivel de profundidad ('Televisión por la identidad', 'Botines', 'Tumberos'), podés llegar un poco más lejos. Me acuerdo que en 'Tumberos' había leído a (Michel) Foucault y lo que tiene que ver con la cárcel, el panóptico. No me extrañó que Caetano (Adrián, el director), haya pensado en la escuela o el taller como lugares de encierro. Además, pienso el personaje para mi, con resultados propios pero no descuido a la gente ya que es un producto para vender y uno recibe directivas. El productor dice: 'El personaje tiene que ser así y así'. Describís una situación en la que tiene que encajar ese bagaje que vos tenés y vas negociando".

"En 'Tumberos', a Willy lo veía muy ostentoso, con el trava y lleno de anillos. Me puse uno de 'Linterna Verde', me encanta ese personaje, y Caetano me dice: 'Linterna Verde... el tipo se cree Linterna Verde y tiene poder sobre esos presos, a los que va a fulminar con un rayo'. A él se le cruzó eso y para mí lo del anillo venía por otro lado. Al concepto hay que darle contenido. La gente no vio a Linterna Verde ni la ostentación. sino un contenido lleno".

"Con la popularidad me llevo bien, aunque hay momentos en que uno es más popular que otros. Cuando estaba en 'Sos mi vida' o 'Campeones', no podía comer ni nada. Ahora es más tranquilo. La gente piensa que te tiene que tocar o hacer algo porque aparecés en la tele. Eso me pone triste. Me gusta ser reconocido por un trabajo y no tanto por un personaje, aunque no puedas evitarlo. Esto le pasa un poco a Pablo (Echarri), que tiene un rol de galán que junta otras cosas más. Pablo demostró en 'Pillowman' ser un excelente actor y al mismo tiempo, un galán. Los rótulos son inevitables, empobrecen. 'Pablo Echarri, galán; Carlos Belloso, actor...freak'. Una vez, en la revista de Clarín, titularon 'El loco de la televisión'. Si no tenés la etiqueta, muchos se ponen mal porque no saben qué pasa. Al mismo tiempo, se pierden de analizar algo. Cuando algo no está rotulado, se investiga. Eso es lo lindo. Hay más posibilidades de hacer cosas cuando no hay nada rotulado".



(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 173, DEL 29/01/09).

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