Desgarrador testimonio de una víctima del trabajo esclavo
René Medonza frenó la máquina de coser. Subió desde la planta baja por las escaleras. Vio humo negro y un tablón de madera que cruzaba el pasillo que dividían a los pequeños dormitorios en el taller de la calle Luis Viale al 1271, en pleno barrio de Caballito. "Los que murieron consumidos por el fuego se resguardaron en el fondo del primer piso. Ése fue su principal y fatal error porque las ventanas tenían rejas", comenzó la charla René a un año de la tragedia producida el 30 de marzo, por la tarde, que casi se lleva la vida de su mujer e hija. Otras seis personas, entre ellas cuatro menores de edad, no tuvieron la misma suerte y fallecieron en el incendio.
René continúa con el relato ante NOTICIAS URBANAS: "Una vez fuera del taller veíamos como los primeros en llegar eran varios patrulleros pero nunca los bomberos. Luego de una hora apagaron lo que quedaba. Lo perdimos todo, hasta los documentos".
Nunca René, como la mayoría de sus compañeros, declaró ante la Justicia porque en la noche del 30 de marzo de 2006 los efectivos policiales, acusados de complicidad con los empresarios esclavistas, o funcionarios judiciales les tomaron declaración.
El Estado porteño los asistió una semana y media en el Parque Avellaneda hasta que "de golpe, un día llegaron desde el Ministerio de Derechos Humanos pidiendo que nos lleváramos las cosas y nos entregaron 200 pesos para alquilar en algún sitio".
René fue a parar a la sede de Asociación Deportiva del Altiplano (ADA). "Allí nos pedían que no habláramos del incendio con la gente de La Alameda. Por lo que vi la relación de los miembros de ADA con el consulado boliviano era cierta", cuenta el costurero boliviano a NU. Luego fueron a vivir y trabajar a un taller del barrio Rivadavia, en el Bajo Flores, y finalmente totalmente a la deriva sin que nadie en el Gobierno de la Ciudad se preocupara de su situación, terminaron alquilando y trabajando en la provincia de Buenos Aires, con el mismo encargado del taller incendiado en la calle Luis Viale, Luis Sillerico. "Sillerico una vez dijo que si le llegaban a confiscar las máquinas de costura iba a matar a quienes lo intentaran, aunque fuera preso".
René cuenta que sigue, junto con su familia, sufriendo por el incendio, "tengo daños psicológicos", y que la costura es el único sustento económico. La Alameda seguramente lo sume a su proyecto cooperativistas.
La Unión de Trabajadores Costureros (UTC) y los trabajadores de la cooperativa de trabajo "20 de diciembre", que funcionan en el expropiado centro comunitario La Alameda, se movilizaron este viernes 30, a la tarde, hasta las puertas del taller incendiado, ubicado en Luis Viale al 1271. Los costureros, además, planean para el domingo 8 de abril un encuentro de inmigrantes que conquiste la radicación definitiva, y dos días después, el martes, escracharán al juez de instrucción Alberto Baños a cargo de la causa por el incendio.
OTRO TESTIMONIO
Luis Fernando Rodríguez Palma padece hasta el día de hoy y por el resto de su vida el fallecimiento de su hijo de tres años, al que llamaba "Harry", aunque su nombre en el documento era Douglas Rodríguez Gómez. "El incendio lo estamos viviendo hasta hora por la perdida de nuestro hijo. Tenemos pocos recursos. Sara está en Bolivia y por razones económicas no vino, Kevin (su hijo otro hijo de seis años) se salvó y se quedó allá. Gracias a la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) estoy aquí para saber de la causa y participar de las marchas por justicia".
Luis Fernado sigue contando su vivencia en el taller incendiado: "Subí 15 minutos antes del incendio. En el fondo de la pieza mi hijo menor miraba la TV. Luego bajé y al ratito escuché a la cocinera gritar que había fuego. Cuando subí el techo ardía. Dos cocinas, abajo y arriba. Mi hijo bajó las gradas descalzo y su hermanito menor quedó. Era más el humo y el extinguidor no botaba el humo blanco, estaba vencido. Mucho humo, gritaba a mi hijo pero no había sonido. El techo estaba por caer y se cayó".
Con respecto a las responsabilidades por el incendio, Luis Fernando apunta a los dueños de la fábrica, Daniel Fischberg, Jaime y Javier Gueilera, "que no están imputados. La policía de la comisaría 13 también está relacionada porque tenía un acuerdo con el dueño, que le entregaba paquetes". La causa "no avanza porque la mayoría de las personas no declaran. Hay mucha presión de los patrones sobre los costureros. Les prometen otro taller con mejores condiciones, y sueldo".
"Estuve tres meses aquí porque no nos daban los cuerpos", expresó Luis Fernando, quien denunció en La Paz, a mitad del año pasado, al cónsul Alvaro González Quint y al embajador interino boliviano, Willam Torrez. "Se mandaron cartas Cancillería por el pedido de justicia y ahora con el cambio de cónsul tenemos asistencia".
De las 60 personas que trabajaban y vivían en el taller incendiado, los que no contarán esta historia son: Juana Vilca Quispe (embarazada de 25 años), Elías Carbajal Quispe (10), Rodrigo Carbajal Quispe (4), "Harry" Rodriguez Gomez (3), Wilfredo Quispe Mendoza (15) y Luis Quispe (4).
"La tragedia de Luis Viale –manifestó el referente de La Alameda Gustavo Vera- puso al desnudo el sistema de trabajo esclavo en los talleres de costura del cual se benefician principalmente las grandes marcas. También ha dejado al descubierto el sistema ilegal de trafico y trata de personas mediante las cuales se recluta a miles de inmigrantes en estado de alta vulnerabilidad y a quienes mediante engaños se los trae a la Argentina para superexplotarlos. Tal sistema no podría existir si no tuviera aliados entre la policía y los inspectores que cobran coimas, entre la AFIP que no investiga a las marcas y les permite una evasión millonaria o en Migraciones que no controla la frontera, entre otros organismos".