Publicado: 03/02/2006 UTC General Por: Redacción NU

El rock, a un año de la tragedia de Cromañón

A poco más de un año del incendio en el boliche de Once, músicos y representantes realizan un balance del escenario del rock en la Ciudad. Mientras algunos destacan las mejoras en seguridad, otros se quejan del limitado circuito para las bandas más chicas
El rock, a un año de la tragedia de Cromañón
Redacción NU
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República Cromañón. Sólo dos palabras son suficientes para cambiar la realidad de un ámbito que pareciera que cada tanto necesita un cachetazo para cambiar algunas cosas que están mal. Detrás de las 194 muertes, del dolor de los familiares, de las culpas repartidas, de las reacciones entendibles y las manipulaciones políticas, a un año de la tragedia se hizo visible una realidad donde controles reactivos, y no preventivos, están complicando la existencia del under rockero.

¿Qué opinan los músicos a un año de la tragedia que tiñó de negro el ambiente del rock? Para algunos, después de un año las cosas no cambiaron nada. Para otros sí y destacan mejoras en la cuestión de la seguridad. En todos los casos, salvo para músicos medianamente consagrados, que cuentan con el respaldo de las grandes empresas productoras, lo más difícil es la accesibilidad y la igualdad de oportunidades.

NOTICIAS URBANAS habló con integrantes de las bandas Carajo, Villanos, Las pastillas del abuelo, el ex Cadillacs, ahora solista, Flavio Cianciarullo, managers y organizadores de rock. A ver, un breve repaso. El escenario actual del circuito de rock porteño medianamente importante tiene los dos locales bautizados con el nombre de El Teatro, en los barrios de Flores y Colegiales, La Trastienda, Niceto y el ND Ateneo -con una tendencia más pop-. Allí aspiran a tocar las bandas under en ascenso y es el punto intermedio entre los lugares C, donde entran cerca de 500 personas y los grandes teatros o Estadios, donde hay lugar para más de 5.000 personas. Según algunos músicos que tocaron en estos espacios, los únicos que están correctamente habilitados son los teatros, los demás no, aunque siguen ofreciendo espectáculos.

Pasó un año de la noche trágica de Once. Solo bastaron dos o tres temas de Callejeros para que la gobernabilidad de la Ciudad se viera herida de muerte y se desnudaran flaquezas tanto ejecutivas como legislativas. Después de lo que pasó, se cambió la normativa en seguridad y habilitaciones. Más asistencia sanitaria, más seguridad privada y un registro de acceso público. Sin embargo, hay puntos ambiguos, como las especificaciones de "espectáculos masivos", sin determinar a cuánto se refiere lo masivo.

En todo caso, los que perdieron con todos estos cambios fueron los músicos independientes, los miebrs de la escena under, confinados a ser la última alternativa de la grilla en los grandes festivales, que en un año se cuentan con los dedos de una mano, organizados por los grandes empresarios.

Estos fueron los que ganaron. Por dinero, infraestructura y accesibilidad a cumplir con todos los requisitos. Por todo esto, a un año de la tragedia, queda pendiente una solución para que el espacio lo compartan todos.

LA OPINIÓN DE LOS MÚSICOS

Flavio Cianciarullo, ex bajista de los Fabulosos Cadillacs y líder del Flavio Mandinga Proyect: "Yo no estoy de acuerdo con esa posición que tienen muchos artistas que se sientan a reflexionar. Creo que mejor que decir es hacer. No puedo creer que después de lo que pasó todavía hay boludos que siguen prendiendo bengalas, como vi en un recital ‘rolinga’
que se hizo en el Tigre hace poco. Con esta gente soy discriminador a full. Me gustaría volver el tiempo atrás, a mi época de ‘kicker’, y cagarlos a borcegos en el orto a todos".

Mini Villanos, guitarrista de Villanos: "Me parece que Cromañón es un reflejo y una consecuencia de cómo estamos socialmente como país. Mas allá de las responsabilidades que tienen cada uno de los que de alguna manera estuvieron involucrados con la producción de esa noche. Es bastante alarmante el hecho de que alguien prenda una bengala dentro de un lugar techado sin medir el peligro y eso es una clara muestra de que culturalmente estamos hechos mierda como país.

A nivel seguridad, cambió en cuanto a que ahora cuando entras a tocar a un lugar sabes donde están las puertas de emergencia -sabes que existen-, que tenés una ambulancia
en la puerta. Lo mismo con la gente que trabaja de seguridad, tiene otra manera, más cuidadosa, para tratar al público. Sin embargo, me parece que el cambio más importante se dio en la cabeza de la gente, que está más abierta y precavida".

Eduardo Sempé, ex manager de La Covacha y uno de los organizadores del Gesell Rock 2006: “El cambio más destacado es la actitud de los espectadores, más allá de los
controles de los boliches, sin son más estrictos o no. Por ejemplo, si antes vos a un pibe le sacabas una bengala, todos saltaban y decían ‘pobre pibe’. Eso ahora no pasa".

Aldo Bacaro, manager de Las Pastillas del abuelo: "Después de Cromañón se hizo muy complicado. Nosotros convocamos cerca de 1.500 personas y, actualmente, no hay lugares para tocar. Optamos por un camino alternativo, como realizar acústicos en radios. A nosotros nos clausuraron un recital que íbamos a hacer en el Estadio de Boca de manera solidaria -el pasado 4 de noviembre-, lo hicieron de manera arbitraria.
Acá, ni bien asomas la cabeza, te empiezan a clausurar recitales con el argumento de que no quieren otro Cromañón, pero el Gobierno de la Ciudad tampoco da garantías, porque las alternativas de ellos son los Centros Culturales (Carlos Gardel, Recoleta, Julián Centeya, etcétera), pero son lugares donde tenés que tocar de manera gratuita y Las Pastillas son todos profesionales, salidos de conservatorios, que quieren trabajar de músicos.

La única forma de tocar es asociándote a los grandes grupos empresarios como PopArt, Fénix, o MST para estar en los grandes festivales donde no te pagan nada. A vos como artista no te dejan trabajar de manera independiente. La normativa es confusa".

Hernán Langer, guitarrista de Carajo: "Hoy en día hay un poco mas de lugares, pero tampoco siento que existan demasiados. Me parece que a las bandas más grandes se les hace más fácil llegar a ciertos escenarios, pero hay muchas bandas chicas que no tienen esa accesibilidad. En algunos festivales hay otros escenarios y se les da la oportunidad a los más chicos, pero también hay que reconocer que hay muchas más bandas".

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