La pasión según Moyano
"Mamá es un asco no quiero bajar", escuchó este cronista a la nena que gritaba mientras su madre le tironeaba del brazo para que bajara los escalones hasta la costanera, muy cerca de la Laguna de los Coypos, a dos cuadras de la entrada a la Reserva Ecológica.
El jueves por la tarde el sol no aflojaba, y el calor multiplicaba el olor, los gusanos y las moscas y moscardones que se habían dado cita a la luz de las aguas quietas, y podridas.
La laguna, llamada así por ese mamífero parecido a la nutria pero un poco más robusta y bastante paletuda, ubicada a metros de la avenida Tristán Achábal Rodríguez, en los últimos tiempos se retiró notablemente y dejó al descubierto un pantano...de basura.
Botellas de cerveza, condones viejos, usados, papeles desteñidos, bolsas de cartón, plásticos en bolsa, bolsas de plástico y envases también de plástico, extrañas figuras, como roscones, que asomaban y se hundían: difícil nadar en ese fangal, no tan lejano del internacional Faena.
El paseo fue refaccionado hace algún tiempo, pero lo que no parece haberse previsto era el mantenimiento del lugar, abandonado a la mala de Dios.
NOTICIAS URBANAS habló sobre el tema con un funcionario de la única reserva que queda en la Capital Federal. Se escuchó que los residuos en las lagunas (hay tres) son un problema de larga data y que para limpiarlas "hay tres maestranzas".
Excusas pobres, menesterosas, que alimentan la población de roedores y predadores de roña y peso.
Las fuentes gubernamentales consultadas informaron que un programa de refacción y prevención de incendios es lo que está diagramado, pero de limpieza, nada
El ciudadano medio hace su aporte diario: mugre, heces, desechos, papelería, colillas de cigarrillos, etcétera: toda una batería cultural fomentada desde la primera juventud, cuando el niño se pregunta: ¿qué es un basurero?