Un camino de difícil retorno
Un legislador macrista experto en el tema seguridad escuchaba hace unos días los argumentos que brindaban los ministros Mariano Naradowski y Guillermo Montenegro acerca del origen de las escuchas del espía más famoso de la Argentina, el señor Ciro James. Cuando los funcionarios finalizaron sus discursos, se dio vuelta y le dijo en voz baja a este cronista: ?Este partido es para perder cinco a cero. Si por casualidad o por un aborto de la naturaleza llegamos a empatarlo, Macri es presidente por 10 años y yo ya no hablo más de seguridad, sigo la flecha?, ironizó con gesto de preocupación.
Muertas las promesas de grandes obras, aquellas que auguraban un túnel debajo de la avenida 9 de Julio que conectara el norte con el sur, los 10 kilómetros de subte por año, la Autopista Ribereña y el Centro Cívico en Barracas, por tomar sólo algunas de las iniciativas anunciadas por el ingeniero Mauricio Macri, la realidad redujo al jefe de Gobierno a un sólo objetivo para entrar en la historia porteña: el tema tomó el pomposo nombre de Policía Metropolitana.
Para ello, desde un primer momento confió en su amigo personal Jorge ?el Fino? Palacios, quien dispuso de una libertad para su accionar que sólo tienen los elegidos de Macri. El hombre, que tenía buenos antecedentes en la Policía Federal, no era bien recordado por algunos capos con mucho poder en la institución. Palacios entendió de entrada cuando le ofrecieron el puesto que la vida le daba una nueva oportunidad de hacer las cosas a su manera y esta vez no pensaba desaprovecharla: era el momento de demostrarse a sí mismo, a sus antiguos colegas y al poder político qué clase de policía era. Y cuál el camino para construir una fuerza de seguridad.
Entonces comenzó a hurgar entre las filas de la Federal para seleccionar a los que podrían ser funcionales a un proyecto que había nacido con pies de barro en la política pero con mucho aval presupuestario desde la Jefatura de Gobierno. El ofrecimiento de nuevos cargos y mejores sueldos a los efectivos, pero sobre todo el ?ninguneo? que Palacios tuvo hacia los ?pesados? de la Federal mientras le caminaba la tropa, terminó por irritar a estos últimos de una manera especial. Y allí empezó un combate que obviamente estaba perdido de antemano.
La maquinaria se puso en marcha, con la Federal, con un juez que le cae muy bien a los azules, como Norberto Oyarbide, y con un guiño de la Rosada que nunca quiere dañar del todo a Macri pero en la realidad lo destroza económica y políticamente cada vez que puede. Y allí empezaron a aparecer los espiados de la oposición y los propios, los jueces de Misiones, el supuesto implante del espía por la Policía Federal, la pregunta de siempre: ¿para quién trabajaba? Y así el avance metódico del juzgado siguió hasta llegar al punto de cocción de la torta, la detención del Fino Palacios. Y va a seguir. Porque nadie monta una estructura de este tipo para hacer sólo 10 escuchas ilegales, al menos que fuera una prueba piloto de algo que por lógica debiera ser varias veces más grande. Oyarbide lo sabe, tiene quien lo informe y administra la munición. En algún momento, el juez se fue de boca y dijo, exagerando su libreto, que ?esto (por la Metropolitana) no es una policía sino una Gestapo?.
La poderosa fuerza policial con la que soñaba el Fino se fue construyendo en las penumbras del poder político. Tan sólo cuando arreciaron las críticas, el ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, que estaba monitoreando lo que podía ?y no era mucho?, salió a bancar la movida del Fino en todos los escenarios y los medios de comunicación, algo que le valió el respeto del jefe Mauricio. Ahora sí había espíritu de cuerpo en esta maniobra en la que el Gobierno porteño se jugaba buena parte de su prestigio como generador de una realidad nueva, como creador de herramienta hasta el momento impensable y que ellos promovían para el beneplácito de los porteños que los votaron.
Si alguna lección le entra a este gobierno de ?nuevos inexpertos? ?como dijo insólitamente Jaime Durán Barba, quien siempre aconsejó a Macri alejarse de la experimentada política?, es enfilar callado hacia Moreno 1525, y salir con un acuerdo que contemple la realidad y que le dé sobrevida al experimento fallido. En este contexto, la Metropolitana no puede ser otra Policía igual a la Federal. Será otra cosa o no será nada.
El gobierno de Macri no negoció la fuerza nueva con quien tenía que hacerlo y luego se comió un vuelto increíble que hoy festeja toda la oposición, mientras el grueso de la gente, por ahora, permanece ajeno a los enjambres de la política. Encuestas recientes mantienen razonablemente bien la imagen de Macri, pero ya muestran los signos del tobogán de la gestión. Y todavía falta que vuelva una furibunda Gabriela Michetti de sus vacaciones, lo que elevará sin lugar a dudas la tensión al máximo en el campamento macrista.
La comisión investigadora que planteó crear la oposición en la tarde de este último miércoles, y que finalmente derivó en la creación -por pedido del legislador Gonzalo Ruanova- de una comisión revisora de las incorporaciones en la Metropolitana (aprobada durante la sesión legislativa en la que Montenegro asistió, de forma espontánea, a dar explicaciones), abre un panorama de desarrollo impredecible.
Los porteños ya vivieron durante todo 2005 la parálisis de gestión de un gobierno que luego fue investigado y enjuiciado. Si uno pensara ahora en una posible destitución resultaría descabellado, por la realidad social y por los votos que tiene el macrismo. Pero cuando se abre la hendija uno no sabe hasta dónde llegará la escalada. Además, el 10 de diciembre cambiarán varias caras y con ellas, los acuerdos. Eso puede generar nuevas sorpresas. Y si no, pregúntenle a Aníbal Ibarra.
Cuando Dios también te da la espalda
La acción de amparo concedida por la jueza porteña en lo Contencioso Administrativo y Tributario Gabriela Seijas, que permitirá a una pareja homosexual contraer matrimonio el próximo 1 de diciembre, colocó al Gobierno porteño en una posición tremendamente incómoda ante las diferentes autoridades eclesiales de la Ciudad, al rechazar mantener la apelación que había emprendido. Y con esto, Macri se ganó como enemigo a la Iglesia católica en uno de los momentos más difíciles de su gobierno.
?El fallo (de la jueza) resultaría nulo, por más que Macri ahora se haga el moderno y para ganarse los votos de la numerosa comunidad gay diga que ?no lo va a apelar?. La jueza ha excedido las atribuciones que le confieren la Constitución nacional y el Estatuto Organizativo local y se ha adentrado en terrenos jurisdiccionales que no le competen. Incluso, ha incursionado en atribuciones del Poder Legislativo y no precisamente el de la Ciudad, sino de la Nación?, subrayó Jorge Rizzo, titular del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal.
Pero la discusión de la legalidad o no del fallo no es lo que más importa en este caso. ?Díganle a Macri que se olvide de ser presidente de los argentinos permitiendo estas medidas, para nosotros ya fue?, sostuvo una alta fuente de la Iglesia católica a Noticias Urbanas.
?A quién se le ocurre que Macri tiene que hacerse el progre con los gays si nuestro electorado es mayoritariamente religioso y de centroderecha?, se quejaba un legislador PRO. ?Perdemos por todos lados?, bufaba el hombre.
Otro habitual vocero de Bolívar 1 señaló que el secretario general del Gobierno porteño se confió demasiado: ?Marquitos (Peña) es un optimista de la política y de la vida, para él siempre está todo bien y ahora ?como si no tuviéramos problemas? nos tiramos en contra a la Iglesia, a los evangelistas y a todos los religiosos. Sabemos que esto no va a terminar acá, el problema es que ya se lo hicieron decir a Mauricio y eso no tiene solución?, afirmó con la presión sanguínea enrojeciendo su cara. Así, crecen las diferencias en las filas PRO, cuando todo es erupción.
NOTA PUBLICADA EN EL ÚLTIMO NÚMERO DEL SEMANRIO NU Nº 215