En Villa Soldati reciclan sueños
Primero de todo: un pequeño balance. Si un pequeño saldo nos deja la serie de notas anteriores sobre "punteros" - referentes sociales, es la de poder establece alguna que otra mínima regularidad. Y una de ellas tiene que ver con que muchos de estos referentes fueron víctimas de la erradicación de villas durante la última dictadura militar. Y que para estos hombres y mujeres la democracia significó que las puertas de la ciudad se volvían a abrir. Al menos en los papeles, todos volvían a tener derecho a la ciudad. Punto. Y del cumplimiento de ese derecho, eso quisimos decir, "algo depende" de lo que hagan, de lo que estén dispuestos a hacer los delegados de manzana (como Estela, de Parque Roca), o los presidentes de barrios (como "Mondonguito" o Marcial, de Calaza y Piletones). Estos referentes, que poseen recursos materiales y simbólicos para ordenar las necesidades de un barrio, deben ser mirados con menos desprecio y prejuicio, con más agradecimiento, incluso, por quienes no ven más allá del horizonte de sus cosas.
El futuro llegó
Tras la crisis de 2001, Valentín Herrera -como miles- se quedó sin trabajo. Hasta entonces era chofer y para poder alimentar a sus cinco hijos, debió salir a hurgar en la basura. Sin otra alternativa, se convirtió en cartonero. Primero salió solo, luego se incorporó su padre, más tarde su hermano y al final, trabajaba toda la familia. Hoy tiene una cooperativa que, para quienes conocen el paño del cooperativismo y el reciclado, es un pequeño lujo de esta ciudad, y construida a puro pulmón. Todo en el barrio "Fátima", la conocida villa 3, de Villa Soldati.
Al ver que al menos podía sobrevivir, sus vecinos empezaron a salir con él y se fue formando un grupo. Hoy integran la cooperativa Reciclando Sueños, que es una de las dos cooperativas que gestiona el Centro Verde de Villa Soldati, y que, de manera inédita en la gestión de desechos urbanos, se dedica a reutilizar material de residuos electrónicos descartado por empresas y comercios porteños. Recuperan hierros y plásticos que son reciclados, aportando tanto al cuidado del medio ambiente como al sustento familiar de los socios de la cooperativa.
"Vendíamos las cosas cada uno por su lado y luego decidimos juntarlas y venderlas en conjunto", recuerda Valentín, presidente de Reciclando Sueños, que ya no sale a buscar en la basura tras el puntapié inicial que significó un convenio firmado con la Cámara Argentina de Máquinas de Oficina, CAMOCA. En una primera reunión, organizada por la Fundación Ambiente y Sociedad, FAS, que preside Marcelo Vensentini, suscribieron un convenio con CAMOCA, que se comprometió a proveerles las máquinas a desarmar. El impacto en los medios de comunicación que fueron publicando distintas notas sobre el emprendimiento y los distintos llamados para realizar donaciones de equipos los pusieron felices porque llegaron a darse cuenta de la necesidad que tiene la sociedad de un proyecto de este tipo y su potencial para lograr auto-sostenerse. El diseño del proyecto lo realizó el licenciado Roberto Felicetti en la perspectiva, según nos dijo él, "de aportar a una problemática que no ha sido tomada seriamente por la Nación ni por la Ciudad para resolver un problema ambiental que también podría aportar a generar puestos de trabajo con nuevas calificaciones, acortando la brecha digital con los jóvenes desocupados, que son los que mayores dificultades tienen para salir de esa condición".
Como desconocían el tema, debieron recibir capacitación, y la Subsecretaría de Oficios y Prácticas Populares del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación apoyó el emprendimiento a través de un subsidio para llevar adelante un primer curso donde participan 23 jóvenes de la cooperativa (residentes del barrio Los Piletones). Éste está siendo impartido por la Fundación Equidad, y los jóvenes ya se están formando para aprender a recuperar material de reciclado electrónico.
Según sus cálculos "en el tiempo transcurrido llevan recuperados aproximadamente 70.000 kilos de rezagos electrónicos que no fueron al relleno sanitario". Cuidar el medio ambiente generando trabajo digno es la consigna de Valentín y de las ONG´s que participan de este proyecto. Y nos dice: "Queremos demostrar que de la basura pueden salir técnicos" e inclusión social. Más aún, nos comenta que "en la cooperativa se formó una comisión de discapacitados con la idea de que participen del proyecto de reciclado de residuos electrónicos".
"Tenemos la voluntad de crecer pero no siempre tenemos la tan necesaria ayuda oficial". Y si uno les pregunta si efectivamente reciben "alguna" ayuda oficial, no lo van a decir en voz alta, pero los que los conocemos sabemos que son el primer emprendimiento de este tipo en la Ciudad para separar los materiales y la reutilización de equipos y no reciben ninguna ayuda del Gobierno porteño (del Ministerio de Medio Ambiente y Espacio Público y la Agencia de Protección Ambiental), a pesar del grave problema que significan los rezagos electrónicos y de que durante este año fue promulgada una ley que obliga a las dependencias del gobierno a reciclar. Como siempre, el Estado va detrás de las iniciativas de la sociedad. Aunque en este caso, parece, ni siquiera va detrás, sino que la deja correr solo.
Hoy estos ex cartoneros trabajan con ART y ahora van por la obra social y sus otros derechos laborales. "Ahora estamos en otra situación, mis hijos no pasan necesidades, no estamos a la intemperie en las calles juntando las cosas y el trabajo rinde más", dice, feliz, Valentín Herrera. La cooperativa Reciclando Sueños ya tiene una larga trayectoria en Villa Soldati y desde hace casi dos años exporta chatarra a España, y ahora se dispone a prepararse para exportar los plásticos de los rezagos electrónicos a Méjico.
Paralelamente a esta actividad con los residuos electrónicos, la Cooperativa está realizando con sus propios camiones una recolección diferenciada de residuos secos por seis hoteles cinco estrellas de la Ciudad, que le fueron otorgados por la Dirección de Reciclado de su padrón de grandes generadores. Contento por el trabajo, Valentín cuenta que "el resultado es muy poco para las expectativas que teníamos y estamos insistiendo en que nos den más cantidad de lugares al nivel de otras cooperativas pero no hemos tenido ninguna respuesta oficial".
Pero sus preocupaciones trascienden su cooperativa y ahí se lo ve preocupado por otras, como El Trébol, que aún no pueden despegar en su trabajo porque no han recibido un subsidio del año 2007 para comprarse un vehículo. O en las discusiones de los pliegos de la licitación de la recolección de la basura, abogando para que se respete la ley de Basura Cero.
(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 161, DEL 06/11/08).