Un debate muy acotado por muchas reglas
Macri llegó al estudio a las 21:25, antes que Ibarra, aunque éste había llegado antes al hall central del canal estatal -a las 20:55- para ser invitado con jugos y gaseosas por las autoridades.
Mientras se realizaba el sorteo -a las 21:10-, un dicharachero aunque nervioso Juan Pablo Schiavi, jefe de la campaña de Macri, se acercó a bromear con los periodistas. En esos momentos, algunos periodistas intentaban confirmar la presencia entre los asesores del presidente de Boca Juniors del empresario y asesor de imagen Javier Grosman, que tiempo ha fue asesor y luego funcionario de Aníbal Ibarra, al que posteriormente abandonó para incorporarse al proyecto político de Luis Zamora. De todos modos, no fue posible para este cronista comprobar la veracidad del rumor.
Para probar los micrófonos, Macri exclamó: "Hola, Panam, ¿cómo andás?", para regocijo de su esposa, como acotó alguna periodista que se encontraba en las butacas reservadas al periodismo.
Finalmente, llegó Ibarra y ambos candidatos se estrecharon civilizadamente las manos. Macri tenía en su rostro el mismo gesto de incomodidad y desagrado que lució la noche del debate en el programa "A Dos Voces", pero cambió su expresión ni bien las cámaras lo enfocaron.
Ibarra se ubicó a la derecha del escenario, visto de frente, con Macri a su derecha. El moderador, Damián Loreti -director de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires-, se mostró en todo momento tenso y esquemático, tanto que por momentos pareció sentirse sobrepasado por la responsabilidad.
En el primer bloque Ibarra confrontó a su rival y le cuestionó algunas cifras sobre los planes de alimentación y de salud. Cuando Macri intentó responderle fuera de su tiempo de exposición, Loreti lo frenó en seco recordándole las normas que había impuesto al debate Poder Ciudadano, cercanas a la pasteurización. Las reglas fueron aplicadas con tanta rigidez que parecían destinadas a feroces carniceros que amenazaban con matarse el uno al otro.
Por momentos, cuando Ibarra lo confrontaba -lo hizo varias veces- Macri sonreía con una fingida alegría que a veces las cámaras no llegaban a mostrar.
A esta altura -cuando promediaba el debate-, se notaba a Macri demasiado aferrado al libreto, leyendo prácticamente todo el tiempo, lo cual debilitaba su discurso.
Finalmente, Macri leyó su mensaje final, en el que se lo vio más suelto. Contó en él que en una ocasión Ibarra concurrió a la casa de su padre, Franco Macri, a un almuerzo en el que estaban presentes, entre otros, la periodista Nancy Pazos, el ex ministro Alberto Flamarique y la actual vicejefa de Gobierno porteña, Cecilia Felgueras. Macri aseguró entonces que él sigue siendo la misma persona que antes y que no se explica la razón de los ataques que recibe de parte del jefe de Gobierno porteño, en uno de sus mejores momentos en el debate.
En su mensaje final, Ibarra se mostró cálido -uno de los recursos que mejor maneja, quizás porque es el más cercano a su personalidad-, a la vez que atacaba a su rival casi sin solución de continuidad.
Terminado el debate se produjeron las previsibles evaluaciones de los campamentos de cada uno de los candidatos. La gente de Macri lo veía ganador, aunque alguno de ellos confesó que "con que haya perdido por poquito me conformo".
En el bando del actual jefe de Gobierno, en cambio, veían a Ibarra como ganador por amplio margen, quizás con una visión de microclima autocomplaciente. De todos modos, en general primó la cordura y la interpretación de que ambos tuvieron sus momentos buenos.
Cuando se dieron las manos, al final, Macri le deslizó en voz baja a Ibarra que pensaba que iba a ser más agresivo y le preguntó al jefe de Gobierno si le habían gustado los ravioles.
Los periodistas, por su parte, vieron en general ganador a Ibarra, aunque a nadie se le ocurrió pensar que la suya fue una amplia superioridad. Simplemente, hizo gala de su gimnasia legislativa y asamblearia, que le dan un manejo que su rival no tiene en la respuesta rápida, filosa e hiriente.