El 7D vamos a trabajar
El Gobierno nacional vivió una serie de medidas erráticas por estos días, pero redobló su apuesta sobre la que más difusión mediática tuvo en los últimos años de la política argentina: la aplicación en toda su dimensión, con artículo 161 incluido, de la Ley de Medios. O sea que ese será el día en que el Grupo Clarín tenga que desprenderse de una cantidad importante de licencias de radio, TV por cable y otras yerbas conexas. Y este no es un tema que esté encarnado en el hombre común. Más allá de que no debe quedar casi nadie que no sepa qué significa el 7D (fútbol mediante), es bastante difícil imaginarse a la gente saliendo a defender los intereses del Grupo Clarín en la calle. Por no decir imposible. Lo podrán hacer sus empleados más jerarquizados, los viejos y nuevos políticos o sindicalistas amigos de la poderosa trompetita, pero nadie de motu proprio perderá su tiempo gritando a favor ni de la señora Ernestina Herrera de Noble ni de Héctor Magnetto.
Solo el ambiente político y sus ramificaciones corporativas, que son las que participan del combate estelar de 2012, se ocupan de qué es lo que va a pasar el día después. La cuestión es que se está poniendo en el tapete una de las concepciones políticas más importantes que imperan en los países que se reconocen aliados del régimen bolivariano. Los medios de comunicación, que son tildados de opositores en todas sus dimensiones y plataformas tecnológicas, son ?para ellos? la puerta de entrada de la nueva dependencia con las políticas neoliberales y antipopulares. Así piensan los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, además de algunos pocos países de Centroamérica. En la Argentina se reedita el tema pero con algunos condimentos distintos. Acá, por ejemplo, hay una ley que cumplir. No obstante, tal como sucede en otros lados, medirán fuerzas el Estado nacional y una de las corporaciones más importantes del país, como lo es el Grupo Clarín.
Las estrategias judiciales de cada lado ya hicieron crujir las distintas estructuras del Poder Judicial hasta llegar a la Corte Suprema, que va a rendir uno de los exámenes más importantes en la era kirchnerista. Las palabras de su titular, Ricardo Lorenzetti, en el sentido de que no se dejarán influenciar, garantiza que el fallo gozará de una solidez jurídica importante, pero nada adelanta hacia dónde se inclinará el péndulo. Existe, como siempre, biblioteca para todos, y la continuidad judicial del conflicto tras la fecha clave es la única certeza.
Si sumamos a Sergio Szpolski y su conglomerado de medios oficialistas a ultranza; al grupo Uno de Daniel Vila y José Luis Manzano ?quienes, fieles a su olfato, decidieron ir por la presa más codiciada y pusieron sus medios al servicio del ?modelo??; a Telefónica y Electroingeniería, dos empresas a las que les interesa el país, como se decía antaño en un programa político; a los nuevos chiches que Cristóbal López decidió adquirirle a Daniel Hadad en radio y cable; se puede decir que democratizar la información no es solo sacarle a Clarín las licencias que debe dejar por imperio de la ley.
O sí, es eso, pero democratizar además es terminar de comprar abiertamente, o por amigos funcionales, medios de comunicación, productoras como la de Diego Gvirtz, espacios en cualquier plataforma o la línea editorial de noticieros televisivos o radiales. Habrá que ver quiénes comprarán licencias caídas del Grupo Clarín. Quizás aparezca alguno de estos demócratas.
Quiero ser absolutamente claro en esto: está más que bien que se cumpla con la Ley de Medios con el Grupo Clarín (que en su expansión extorsionó hasta a gobiernos) y, por supuesto, con todos los demás. Para eso se sancionan las leyes, más allá de quienes salgan beneficiados o perjudicados. Y el Grupo Clarín sabe de qué se habla cuando hay que hacer lobby para beneficiarse con una ley. Ya lo hizo más de una vez. Ahora está tomando de su propia medicina.
Lo que parece inútil y para repensar es el gasto desproporcionado en publicidad que hace rentables a todos los medios ?oficialistas?, y que no mueven la aguja de la opinión pública ?si ella existiera? o, por extensión, del electorado. Si hay que ir sí o sí por Clarín, se puede inferir que el Grupo influye más que todos los medios kirchneristas juntos. Si se hubieran centrado exclusivamente en eso, nos hubiéramos ahorrado un montón de dinero en estos nueve años.
Es cierto que Víctor Hugo Morales es el ariete más creíble del oficialismo. Al menos, el más culto. Si hablara ahora de Julio Grondona y su Fútbol para Todos como habla de Magnetto lo sería aún más, ya que antes, para él, eran igual de mafiosos. Tendrá un difícil poskirchnerismo. Igual, le alcanzará siempre con ser Víctor Hugo. El converso Jorge Lanata es similar a Víctor Hugo pero con más rating. Un show periodístico de un provocador creativo al servicio de sus nuevos amos. Tuvo el talento (que sigue intacto) de pegar primero, jugado por jugado mandó al Gobierno al horno. Le alcanza por ahora con ser Lanata. Esta no tiene retorno.
El próximo domingo podés ser un demócrata. Apagá la tele a la noche. Alguien tiene que pensar en vos. No son ellos. Les pagan demasiado bien para entenderte. Tienen jefes, igual que vos.
El 7D para el pueblo es igual al 8D y al 6D. A las 7 suena el despertador y el pueblo va a trabajar.