Dimes y diretes
Muchas dudas y pocas certezas. En ocasiones, lo peor de una pregunta es su respuesta. Aquí tenemos a Juan, que tiene una pareja gay pero que termina enamorándose de una mujer. Juan se pregunta, inquiere, duda y no decide qué camino tomar y a quién amar. De alguna manera, refleja cierta conducta patológica de estos tiempos modernos: hacer un poquito de todo y ese ?todo? es ?hasta ahí?.
Con construcciones identitarias endebles, el propio ser es el que sufre, todo en el marco de la denominada ?educación?, el ?deber ser? y la instaurada ?culpa? de nuestra sociedad. El texto da cuenta de cómo se van cayendo las ideas preestablecidas como el ?respeto a la diferencia? y discursos políticamente correctos. Quedarse únicamente con la historia de amor sería una pena en tanto se pierde de ver un texto interesante pero que logra en las actuaciones su plenitud.
Diego Velázquez es la pareja de Juan, con momentos estupendos donde el humor y la ironía se mezclan en porciones iguales. Eleonora Wexler es ?ella?, la que va por el hombre al que ama y exige un compromiso como el suyo.
Leonardo Sbaraglia es Juan, un ser dubitativo, una presa u objeto de deseo de los anteriores. Sbaraglia refleja bien esa incertidumbre plena de indecisión aunque se lo nota tenso en ese corset. Por su parte, Jorge D?Elía muestra su sapiencia para ese padre que acepta la homosexualidad de su hijo y no quiere que la relación con Juan se caiga.
Con una atmósfera lumínica y modernamente despojada y fría, esa impersonalidad se extiende a la persona de Juan que ve cómo el mundo a su alrededor se desmorona, esperando un gesto de él que será el de una magnanimidad truculenta que no lo satisface pero que le permite seguir el juego. Lo que no se dice y se da por sobreentendido es lo que logra la afinidad con el espectador.
Cock plantea preguntas, abre el juego. Muestra y no juzga. Es más, posiblemente no tome posición al respecto y sea el espectador el que llene ese casillero.