El lado oscuro del traspaso
Mandamiento de cumplimiento obligatorio para los ilusos que todavía creen que existe un oficio llamado periodismo: ?Sé perfectamente que en este país un jefe de policía es poderoso, mientras que un periodista ?oscuro por añadidura? apenas es nada. Pero sucede que creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea?, escribió Rodolfo Walsh en la introducción a la primera edición del libro Operación Masacre, de 1957.
Walsh cumplió con su palabra hasta el final. En la actualidad, a la mención sobre un jefe de policía se podría agregar la de algún funcionario de turno con ínfulas de poder eterno. La magnífica declaración de Walsh podría servir también para explicar las internas de todo tipo y los obstáculos que encierra la concreción de una policía propia en la Ciudad.
A medida que el plan para el traspaso de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal suma adhesiones políticas, tanto en la Nación como en la Ciudad, los problemas sobre su puesta en marcha aumentan. Las dificultades se transforman en una especie de matrioska, la tradicional muñeca rusa que posee la originalidad de estar hueca por dentro, de tal manera que en su interior alberga una nueva muñeca, y esta a su vez a otra, y esta a su vez otra, en un número variable que puede ir desde cinco hasta la cifra que se desee.
El ejemplo de la muñeca sirve para explicar los problemas que se multiplican, uno detrás de otro, cada vez que se trata de crear un mecanismo que transforme en hechos concretos la iniciativa en papel del traspaso. Los principales obstáculos son las internas que en el seno de la Federal, en mayor medida, y en el seno de la Metropolitana, en menor medida, provoca la cuestión de la transferencia.
Tanto los federales como los metropolitanos temen perder poder con el pase y por eso amplios sectores de ambas fuerzas se resisten a la idea. Pero a pesar de esa traba, existe una bien real sobre los problemáticos cambios que se producirían en las dos policías con el traspaso. Y los problemas de funcionamiento no son nada menores.
A los obstáculos policiales hay que sumarles los políticos, que tampoco se quedan atrás, ya que tanto en el macrismo como en el kirchnerismo existen importantes sectores que se oponen a la idea. Este medio detalló en la nota titulada ?La agenda secreta?, publicada en el último número, que las reuniones políticas entre funcionarios de PRO, que encabeza el ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, y kirchneristas cercanos a la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, avanzaban en un acuerdo para lograr el traspaso. La propia Garré manifestó públicamente, en los primeros días de septiembre, que ?la transferencia está en agenda?, aunque remarcó que es un proceso ?trabajoso y complejo? y que la decisión final sigue en manos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Pero no todos opinan lo mismo.
Dentro de los K, el mayor opositor al pase es el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien sostiene que la idea destruirá a la Federal ya que le quita el rol clave que cumplen en las comisarías y que sin ellas la fuerza carece de sentido. Además, cree que con la transferencia el único beneficiado es el Jefe de Gobierno, y que el Gobierno nacional no gana nada con la iniciativa. Varios ministros K opinan como Aníbal.
En el macrismo el plan sobre el traspaso le corresponde a Montenegro y para lograr el visto bueno de Macri, le aseguró que si el pase se concreta, el Jefe de Gobierno obtendrá tanto una importante victoria política como un triunfo ante los vecinos de la Ciudad por lograr lo que nadie pudo hasta ahora, y ese logró le servirá para aumentar su sueño de llegar a la Presidencia en 2015.
?El plan sobre el traspaso se encuentra en su primera fase, que es la de planificación. Se trata de lograr una alternativa viable que pueda unir a las dos fuerzas. Y ese es un trabajo complejo, ya que no depende únicamente de una decisión política debido a la cantidad de actores que están involucrados en el tema. En definitiva, no depende solamente de la decisión del macrismo. Por eso lo que estamos tratando de generar en este momento son propuestas que desemboquen en el escenario que permita que la transferencia sea óptima?, le explicó a NU un colaborador de Montenegro.
Los que dentro del macrismo se oponen a la iniciativa del ministro argumentan que la trasferencia de los 14 mil uniformados que integran Seguridad Metropolitana solo traerá problemas y la inseguridad no se resolverá porque se traspase la Superintendencia.
A eso se agrega que Macri deberá pagar los costos políticos de todos los delitos que ocurran en la metrópolis ante los ciudadanos porque ya no tendrá la excusa de que el Gobierno nacional es el encargado de la seguridad. Este grupo tampoco comparte la idea de nombrar a un exfederal, el excomisario Horacio Giménez, al frente de la nueva PM.
?Luego de la experiencia con Jorge Palacios como jefe de la poli no es conveniente poner a otro uniformado y lo mejor es seguir apostando por jefes civiles. Además, quiere que la propia policía maneje la plata y eso sería un retroceso luego de que se apostó también por civiles en esos cargos?, argumentan. Y aunque las objeciones descriptas hasta acá parezcan de difícil resolución todavía hay muchas más.
El tema del funcionamiento concreto de la nueva fuerza también representa un problema de difícil solución, ya que debe dejar conforme tanto a la PF como a la PM. El tema que más obstaculiza la concreción del proyecto es la plata. En las reuniones entre los K y los PRO, ésta es la cuestión que más los enfrenta.
Según Montenegro el traspaso se debe realizar con los fondos, esto quiere decir que la Nación debe poner los 800 millones de pesos anuales que requiere el pase. Los pingüinos se niegan a poner toda la plata y solo aceptan a regañadientes desembolsar la mitad del monto, pretendiendo que el macrismo se haga cargo de la otra mitad. Desde la Ciudad se oponen a esto argumentando que le corresponde a la Nación poner la plata, sosteniendo que esa postura no es caprichosa sino que es lo que está establecido por ley.
Además, existe un paso obligatorio para que se concrete el traspaso: el Congreso nacional debe modificar sí o sí la Ley Cafiero. Otros datos de peso que impiden que la transferencia avance se centran en resolver cómo serían los nuevos organigramas de ambas fuerzas en caso de que avance el plan.
?Si la Superintendencia de Seguridad Metropolitana pasa a la Ciudad habría que ver quién sería su jefe. Lo más lógico es que el que maneja esa estructura, en la actualidad el comisario general Héctor Eduardo Tébez, siga encabezándola por el conocimiento que tiene de la misma. Si esta idea prospera tendrá una fuerte oposición en los mandos superiores de la PM. Tanto para el subjefe de la Metropolitana como para los cuatro superintendentes de la fuerza eso sería perder el poder actual que tienen en la policía. Por más que respetan las jerarquías actuales y la anexen como una quinta Superintendencia, en los hechos el capo de Seguridad Metropolitana sería el hombre con más poder dentro de la PM, ya que manejaría una estructura conformada por 14 mil efectivos y además tendría el control de todas las comisarías porteñas".
"Tampoco se sabe qué pasará con los miembros de la Metropolitana que actúan en la Comuna 4 (que abarca los barrios de la Boca, Barracas, Parque Patricios y Pompeya); en la 12 (Villa Pueyrredón, Villa Urquiza, Coghlan y Saavedra) y en la 15 (Villa Ortúzar, Chacarita, Villa Crespo, La Paternal, Agronomía y Parque Chas), ya que con el pase no tendrían razón de ser debido a que la seguridad de esos barrios sería controlada por sus respectivas comisarías. Lo mismo sucede con los gendarmes, que a partir del lunes 4 de julio se instalaron en las jurisdicciones de las comisarías 34 de Pompeya, 36 de Villa Soldati-Bajo Flores y 52 de Villa Lugano, realizando tareas propias de la Federal, por pedido de Garré?, le explicó a este medió un comisario de la Metropolitana.
Por otro lado, los pesos pesados de la Federal se niegan totalmente a la trasferencia porque perderían todo el poder, ya que al no controlar las comisarías y los delitos en la Capital Federal, esa fuerza se vería totalmente licuada y su razón de existir sería casi nula, ya que básicamente la PF actúa en la Ciudad.
Aunque para que esto no sucediera se está analizando la alternativa de que la PM y la PF compartan las comisarías y el mismo espacio pero con atribuciones distintas. Por un lado, la Metropolitana se dedicaría a los delitos y la seguridad urbana, y por el otro, la Federal se abocaría a los delitos federales, como es el narcotráfico o delitos complejos como los secuestros extorsivos, dándoles de esa manera a los federicos el rango de una especie de fuerza de elite con amplios poderes para casos relevantes.
Analizando los hechos, se llega a la conclusión de que la transferencia de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana es mucho más compleja de lo que parece a simple vista y que a pesar de las buenas intenciones de algunos, la posibilidad de que el pase se realice en un futuro cercano es poco probable. Tanto entre los funcionarios de la Nación como de la Ciudad y entre los miembros de la Federal y la Metropolita la iniciativa para lograr la transferencia tiene más opositores que seguidores. Lo que no es poco.