Ibarra y Macri mantuvieron tanto su estilo como la paridad
Si esta era la última posibilidad para los porteños para definir su voto hacia alguna de las propuestas de los candidatos, el "debate" que se produjo anoche en el canal oficial no tuvo a juicio de este periodista ni vencedores ni vencidos, sólo actores. La prefabricada es así, no tiene mayores sorpresas salvo los errores que se produzacan en la fabricación de la misma.
Hubo un comienzo con un adusto Ibarra preocupado por los jóvenes y el boleto estudantil, por las mujeres en "esta sociedad machista", por los trabajadores de las áreas sociales y sobre todo con la promesa final de que "voy a seguir trabajando por esta Ciudad".
A su turno, un serio Macri prometió eficiencia y austeridad en el gobierno de una ciudad en la cual "siete de cada diez vecinos le dijeron que no" a la reelección de Aníbal Ibarra. Habló de la pobreza, del miedo, de la baja de impuestos que agita y de "la tasa altísima que paga la Ciudad" en lugar de hacer lo que está haciendo el presidente Néstor Kirchner en la Nación con la deuda externa.
La pregunta acerca de los derechos que no están garantizados generó críticas de parte de Ibarra que afirmó que "todos los derechos están en vigencia, más allá que alguno esté limitado por la realidad". Macri hizo del "Estado ausente" su consigna, instalando por primera vez en el debate el tema de la Policía Metropolitana, lo que reiteraría más de una vez en referencia a la inseguridad .
El tema de las comunas lo encontró al presidente de Boca Juniors eligiendo un esquema de ocho alcaldías, con Consejos Vecinales ad-honorem, duplicar el horario de los CGP actuales desde el primer día de gestión. Ibarra mientras tanto defendió el Presupuesto Participativo y al igual que todos los políticos (incluyendo a Macri) en los últimos 10 años, se mostró en contra de las listas sábanas.
Un fuerte contrapunto se produjo cuando Macri lo acusó a Ibarra de mantener asalariados a sus amigos en la inoperante Corporación del Sur, de la cantidad de contratados que tiene la administración porteña y del fuerte gasto en publicidad oficial que incluye la "protección de los medios y el pago de periodistas" a lo que el jefe de Gobierno contestó que los "ladrones piensan que todos son como ellos" en alusión a la causa por contrabandista que tuvo que afrontar Macri como empresario.
Luego llegaron los desacuerdos por los números de niños indigentes, cantidad de ratas por habitante, metros cuadrados de espacios verdes, cantidad de millones que gastan organismos del Estado, beneficios o no de la negociación de la deuda externa, sobreprecios de los medicamentos que compra el Gobierno, soluciones habitacionales y cantidad de vendedores ambulantes. Allí la solvencia la impuso indudablemente con "cancha" Aníbal Ibarra, pero la realidad acerca de los números enunciados por Macri y de la gestión declamada por Ibarra es harina de otro costal.
Ibarra tiene que cargar con su gestión en cada debate y no es poco. La ayuda de Kirchner y Carrió no le saca los cartoneros de la calle ni impide las violaciones en Nuñez.
Macri, aún muy vírgen en esto de la política, como si le costara ver la sangre del adversario, se mantuvo firme siempre en la ultratrabajada postura pacifista. Pudo noquear más de una vez pero prefirió "cobrar" inútilmente o quizás no tuvo los reflejos necesarios para evitarlo. Ibarra tuvo el temple que la ocasión requiere y atajó penales que iban al ángulo, casi siempre adelantándose de la raya.
Un párrafo aparte merece la publicidad puesta al aire por Poder Ciudadano en la tanda, una verdadera verguenza para una institución de un bien ganado prestigio, una maniobra digna de esos concejales oportunistas que ellos habitualmente denuncian.
En las preguntas que se hicieron, cada uno salvó el pellejo como pudo sin que le quede constancia al televidente de la veracidad de las respuetas. Macri lo golpeó con el espacio público y le tiró los muertos de las inundaciones, le preguntó una y mil veces si ya había empezado a gobernar, mientras Ibarra le recordó que él (por Macri) ya había "gobernado" con Carlos Grosso y que la complicidad con el gremio surgía de la foto que mostró Patricia Bullrich, en un gesto del Pibe hacia la Piba.
Para finalizar, Macri le recordó a Ibarra cuando visitaba a su padre Franco en su casa y charlaban amigablemente de política junto a Cecilia Felgueras y Alberto Flamarique y se preguntó que era lo que había cambiado si todo era como ahora. Ibarra le respondió que no sabía con quién hablaba, si con el Macri que había defendido lo privado y ahora hablaba de lo público o si con el que decía apoyar a Kirchner y antes lo había hecho por Menem, y puso como ejemplo que Macri había cambiado su domicilio a Misiones para votar a Ramón Puerta y aquél era "menemista". Por suerte se acabó.