Proponen terminar con las humillaciones de los jefes a los empleados
Si su jefe lo sobrecarga de trabajo, le exige que haga horas extras, le cambia el turno sin avisarle, le niega información, le dice que todo lo que usted hace está mal, difunde rumores injuriosos sobre usted, lo despide por teléfono o a la vuelta de las vacaciones, se le ríe a la distancia o no lo saluda, usted podrá denunciarlo por "acoso moral" ante la Justicia Contravencional porteña -o ante la oficina estatal que se crearía con este fin-, de prosperar un proyecto de ley presentado la semana pasada en la Legislatura por el diputado de la Ciudad Mario "Pacho" O'Donnell (Partido Justicialista).
La iniciativa parlamentaria del legislador peronista es incluir dentro del Código Contravencional de la Ciudad la figura del "acoso moral" -o "mobbing"- que define como la consecuencia de la repetición y prolongación de las situaciones laborales de humillación y coacción que desestabilizan el vínculo de la víctima con el ambiente de trabajo y que, incluso, pueden causar problemas psicológicos duraderos. "Es un proceso destructivo sutil, que puede llevar a la discapacidad permanente, como así también a la muerte de la víctima", expresó O'Donnell en los fundamentos de su proyecto de ley.
La iniciativa contempla no sólo las humillaciones que pueda recibir un empleado de su jefe sino también las de sus pares dentro del ámbito laboral. En un principio, el trabajador agredido no quiere mostrarse ofendido y toma todo en broma pero, con la permanencia de este cuadro y la repetición de las agresiones, la víctima es acorralada y sometida a una situación degradante. La agresión tiende a desencadenar ansiedad, y la víctima se coloca en actitud defensiva -de hiper vigilancia- por tener una permanente sensación de amenaza, por lo que surgen sentimientos de fracaso, impotencia y baja autoestima. El miedo de sus compañeros a ser los próximos, crea un "pacto de tolerancia y silencio" que hace que cataloguen a la víctima como una persona "paranoica", "loca", de "difícil convivencia" o de "mal carácter".
El trabajador, que queda desestabilizado, ridiculizado, debilitado y estigmatizado, presenta depresión reactiva, disturbios del sueño, mareos, pérdida de la concentración e irritación. Todos estos problemas disminuyen su productividad laboral y lo hacen más propenso a sufrir accidentes de trabajo.
En este sentido, O'Donnell destaca que la legislación brasileña reconoce estas situaciones como enfermedades laborales. En tanto en Francia, el acoso moral está tipificado como delito y las sanciones a quienes lo cometen comprenden no sólo la multa pecuniaria sino también la privación de la libertad; y la Ley Básica de Prevención de Riesgos de Suecia establece que el empresario es responsable de los posibles riesgos psicológicos en el ambiente de trabajo, por lo que no debe consentir conductas de acoso.
El Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires establece las reglas de convivencia entre los porteños pero no fija cuáles deben ser las penas para quienes las infrinjan. De ser agregada la figura del acoso moral, el juez tendrá la libertad de elegir como sanciones apercibimientos, multas, trabajos de utilidad pública, arrestos con diversas modalidades de cumplimiento, cauciones de no ofender, prohibiciones de concurrencia o reparaciones del daño cometido. Pero si el acoso moral fuera de un jefe a un empleado, además deberá inhabilitarlo permanentemente para acceder a cargos que impliquen dirección o mando de personal subordinado.
Además de abrir una oficina estatal para brindar asistencia a las victimas de estas situaciones y recepcionar sus denuncias, la iniciativa parlamentaria de O'Donnell incluye dentro del protocolo de enfermedades de origen laboral a las sintomatologías derivadas del mobbing o acoso moral.