Avellaneda, España, Buenos Aires
?Yo hice un disco con tu libro?, le disparó Gabo Ferro a Pablo Ramos el día en que le tocó el timbre de la puerta de su casa. Ramos había terminado de editar Cuando lo peor haya pasado; Ferro, Canciones que un hombre no debería cantar, y así, insoslayable como la vida misma, había empezado una amistad que después los llevaría a ambos por los escenarios.
Este martes estuvieron en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, desafiando al diluvio con un formato de recital acústico que, a su vez, incluye la lectura de narraciones y poesías propiciando el encuentro entre dos mundos que nunca están tan distantes.
Bajo el múltiplemente interpretable título El hambre y las ganas de comer, se agruparon las canciones que, para Ramos, son ?hermosas? y ?en vivo vuelan?. Ramos quería ser músico, y de alguna forma lo es. Gabo explica de un modo casi místico la escritura: dice que el que escribe ?trae, de un otro lugar, algo, y lo pone en esta dimensión?.
?¿No ven?, por Cristo que la soledad, el desamor, la angustia y el miedo son perros rabiosos que a mí también, todavía, me siguen mordiendo?, se pregunta el escritor en ?Perros rabiosos?. Él, de Avellanda; Ferro, porteño de Mataderos. Los dos en un territorio español pero en el centro porteño. Un pentagrama indescifrable, que sólo sirve para cerrar los ojos y ser escuchado.