Silencio en la noche
Desconcierto. O mejor, des-concierto. Ése es el término para calificar la sensación que se vive en el ambiente musical de la Ciudad de Buenos Aires. Porque así como no habrá conciertos por tiempo indeterminado en el Teatro Colón -la "novela" de su reforma se asemeja más a un libro de Stephen King que a un tratado de arquitectura- también están desapareciendo los lugares de música popular. En los últimos tiempos cerraron sus puertas el Café Homero, el Bar Tuñón, el Club del Vino, la Peña del Abasto, Pigmalión, una de las dos sedes de la Peña del Colorado y siguen las firmas. Lugares que formaban parte de la tradición cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Lugares por los que, entre otros, pasaron Roberto Goyeneche, Roberto Rufino, Atilio Stampone, Eladia Blázquez, Adriana Varela, Argentino Ledesma, Rubén Juárez, Luis Cardei, María Graña, Raúl Lavié, Horacio Salgán. Cerraron. Ante la desatención de las últimas administraciones porteñas. Y este año, crisis económica internacional mediante, el panorama se presenta, todavía, más desolador.
Ocurre que, aunque parezca inconcebible, actualmente no hay a nivel local, ni nacional, ninguna institución pública que fomente el desarrollo de la música. Algo que no se comprende, si se tiene en cuenta que existe un Instituto Nacional de Cine, un Instituto Nacional de Teatro y un Fondo Nacional de las Artes. Y que hay, en la Ciudad de Buenos Aires, un Proteatro, un Prodanza y un Fondo de Cultura Metropolitana. Por eso, en el ambiente musical porteño, además de desconcierto, se percibe bronca. Es esa bronca producto de la necesidad, de la desesperación, del afán de subsistir. Es esa bronca que, cuando explota, mejor estar lejos.
A falta de una respuesta del Gobierno de la Ciudad, cuyo ministro de Cultura, Hernán Lombardi, parece mirar para otro lado, las esperanzas de los "clubes de música" (así se denominan los locales con capacidad de hasta 300 personas) están puestas en un proyecto de ley que espera ser aprobado en la Legislatura porteña y que establece un régimen de créditos, subsidios y exenciones impositivas para el sector. La iniciativa abarca no solamente a este tipo de locales, sino también a los grupos musicales y solistas que acrediten dos años ininterrumpidos de actividad y no tengan relación con discográficas (al menos que éstas sean independientes). El proyecto cuenta con dictámenes favorables de la Comisión de Cultura, que preside la diputada kirchnerista Inés Urdapilleta, y de la Comisión de Presupuesto, que comanda el macrista Álvaro González. En esta última comisión, ningún diputado de Macri acompañó la propuesta, que sí contó, en cambio, con el aval del legislador Oscar Moscariello, presidente del bloque PRO, en la Comisión de Cultura. Es que en Presupuesto, los representantes macristas adujeron que querían tomarse más tiempo para estudiar el proyecto. Un dato: la propuesta original contemplaba otorgar subsidios y créditos por 3.600.000 pesos anuales, pero en el Presupuesto total que la Legislatura votó para la Ciudad (alrededor de 17 mil millones de pesos), sólo se reservaron para este fin 2.500.000 pesos. Esto significa dos cosas: primero, que la ley tiene posibilidades concretas de ser aprobada este 2009; segundo, que el monto a repartir es, a las claras, escaso. Sobre todo si se tiene en cuenta que las entidades que impulsan la iniciativa estiman que para poner en marcha la actividad se necesitan, al menos, 10 millones anuales.
"Nosotros esperamos con ansiedad la aprobación del proyecto. Es una necesidad que tiene el sector, sobre todo, a partir de Cromañón. La nueva normativa de habilitaciones encareció todo y muchos locales cerraron. Eso nos preocupa porque son fuentes de trabajo. Además, la situación golpeó sobre las ganancias de la actividad, porque las entradas tuvieron que ser más caras, con lo que se le hace más difícil al músico llevar gente", explica a NOTICIAS URBANAS Ricardo Vernazza, una de las máximas autoridades de SADEM, el sindicato de músicos. "Por eso vamos en alianza con un sector del empresariado propietario de locales. Acompañamos -aclara- a los que generan fuentes de empleo legítimas, no a los vivos que les hacen pagar a los músicos de antemano para tocar, como últimamente viene ocurriendo en el ámbito del rock". Segundo dato, entonces: dos sectores que suelen tener intereses contrapuestos (SADEM y empresarios musicales) esta vez van de la mano, porque sino el barco se hunde. Tercer dato: el proyecto original estipulaba que los locales beneficiarios de los subsidios tuvieran la obligación de mantener cinco fechas de shows semanales, con el objetivo de que los días no centrales (lunes, martes, miércoles, jueves y domingos) fueran destinados a las nuevas propuestas. Sin embargo, el número de fechas semanales exigido fue reducido a dos. Y tampoco se consignó un cupo mínimo para artistas nuevos, algo que es reclamado con fuerza por los músicos emergentes.
En diálogo con este medio, la diputada Urdapilleta prometió revisar la cuestión, mientras que Vernazza expresó que "el cupo no estuvo pensado porque como hablábamos de cinco días obligatorios de fechas, los artistas nuevos iban a terminar tocando por decantación. Pero si los redujeron a dos, obviamente, el cupo debería estar". Cuarto dato: además de la Sociedad Argentina de Músicos (SADEM), el reclamo cuenta con el apoyo del recientemente creado Consejo Federal de la Música, que, además de esa institución, aglutina a la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI), Argentores, la Cámara Argentina de Productores e Industriales de Fono-Videogramas (CAPIF), la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET) y Cámara de Espacios de Música en Vivo (CAMUVI).
LA CULTURA DE LA FOTO
"Los músicos cada vez tienen menos lugares para tocar porque cierran los locales. Esta situación, que se vio agravada después del incendio de Cromañón, es estructural, pero se podría revertir con medidas serias de parte del Estado. La actividad musical genera desarrollo, pero para eso necesitamos que el Estado invierta", subraya Federico Moya, uno de los dueños del Centro Cultural Torquato Tasso, en diálogo con este medio. Su socio y presidente de la CAMUVI, Hernán Greco, asiente: "Hoy vemos cómo el Ministerio de Cultura de la Ciudad gasta plata organizando festivales con artistas del exterior, mientras la producción local agoniza".
El cuestionamiento a la política que lleva adelante el ministro Lombardi concuerda con el que emite la diputada Urdapilleta: "Lo suyo es la continuidad de la política de (Darío) Lopérfido. Por cada evento que hace, a Lombardi no le importa si va gente o le interesa a alguien, el tema es que salga en el diario. Él hace todo para los medios. Por eso, este Régimen de Concertación para la Promoción Musical (así se llama el programa de subsidios, créditos y exenciones impositivas) al ministro no le interesa: porque es una iniciativa que promueve la política pública, que no tiene tanta prensa como esos espectáculos que a él tanto le gusta mostrar", afirma la diputada, autora de uno de los tres proyectos originales sobre el que se basó el dictamen de comisión. Los otros dos proyectos fueron presentados por Facundo Di Filippo (Coalición Cívica) y Patricia Walsh (Nueva Izquierda).
Para Ezequiel Cutaia, propietario del local de jazz Thelonious Club, "está divino que se hagan festivales, pero también hay que acordarse de quienes laburan todo el año". Cutaia se explaya y habla del último festival de jazz que organizó el Gobierno porteño: "Estoy de acuerdo con que se haga un festival de ese tipo, porque estimula a los músicos. Pero también sucede que eso es una sola vez al año, y los músicos locales que tocaron en el festival, después tienen que seguir trabajando durante los otros 364 días que restan. Entonces, ¿quién los contiene? Ahí es donde el Estado desaparece".
Según Andrés Bamio Couso, dueño del bar La Forja, de Flores, "salir sin apoyo estatal resulta muy difícil para esta actividad cultural. Ahí está el centro de nuestra pelea. Porque la actividad musical -añadió- no tiene ningún tipo de sostén como sí lo poseen otras manifestaciones culturales. Eso hay que cubrirlo de alguna forma". Cutaia concuerda: "Nosotros aguantamos mucho tiempo, pusimos el pecho cien por ciento y por eso estamos vivos, pero estamos solos. Pareciera que los que trabajamos con la música fuéramos el último orejón del tarro. El teatro cuenta con apoyo estatal, mientras que a la música no la consideran. ¿No se dan cuenta de que la nuestra también es una actividad cultural? La verdad, no sé qué piensan, ¿que somos una fábrica de pastas?", se pregunta, indignado.
El tema de cuánta plata se destinará al Régimen de Promoción Musical también divide aguas. Mientras la diputada Urdapilleta defiende el acuerdo alcanzado y dispara un tiro por elevación ("es muy difícil obtener una ley si los músicos no se comprometen en la pelea"), para los locales y los músicos consultados, la plata es poca. Si 3.600.000 pesos no alcanzaban, menos 2.500.000. "Con eso, ¿qué vamos a hacer? Imaginate, los clubes de música son más de veinte; además, tenés que bancar a los sellos independientes y a los músicos, más la estructura del instituto que otorgue los créditos y subsidios. Es realmente muy poco", se queja Moya, del Tasso. Como contrapartida, recuerda que Lombardi gastó cerca de 6 millones solamente en las actividades de la promocionada "Primavera 2008". "Sí, trajo a la Sinfónica de Berlín a tocar en la 9 de Julio. E hizo un ajedrez con personajes de tango en un parque. Todas medidas de alto impacto mediático", subraya, a su vez, Urdapilleta. Vernazza, de SADEM, recuerda que encima, cuando tocó la Sinfónica de Berlín, el Gobierno porteño no cortó el tránsito en las cercanías, "por lo que la gente no escuchó nada". Para el gremialista, se necesitan, por lo menos, 10 millones por año para fomentar la actividad en tres ejes: música en vivo, grabaciones y experimentación de nuevas formas musicales.
La cifra pactada tampoco satisface al titular de La Forja. "Igualmente -remata- entre que nos den cero y nos den algo, siempre es mejor algo". Luego, también le dedica un párrafo el ministro de Cultura: "Yo en lo personal no tengo nada contra Lombardi, pero su gestión es la de alguien que tiene la impronta de mirar la Ciudad como un producto turístico. Capaz que no puede ver la Ciudad como un producto cultural. Y cultura y turismo no pueden tener el mismo abordaje. Lombardi pone más énfasis en eso que conoce y en lo que desconoce no se mete", entiende Bamio Couso.
NOTICIAS URBANAS quiso consultar al funcionario acerca de los reclamos del sector, pero no fue posible: estaba en España, participando de la Feria Internacional de Turismo. En su lugar atendió su asesor legal, Juan Manuel Beati, quien se excusó de opinar sobre el proyecto de subsidios y créditos a la música debido a que no había hablado con Lombardi sobre el tema. Sí, en cambio, respondió a las críticas que los dueños de locales le hicieron a su jefe: "Acá no llegó ninguna nota manifestando que haya malestar del sector respecto a la política cultural. Yo mantuve una reunión con representantes de salas de música en vivo y de milongas, quedé a su disposición y les ofrecí la colaboración del Ministerio en la solución de cualquier tipo de problema burocrático que pudieran tener ante la Dirección General de Habilitaciones y Permisos".
Mientras, el panorama de los músicos es preocupante. Los avances tecnológicos están volviendo obsoletos a todo tipo de soporte físico de grabación. El CD ya es una antigüedad frente al Mp3. El tráfico de música por Internet supera cualquier tipo de prohibición que quiera imponérsele. Los pronósticos vaticinan que solamente sobrevivirán a la caída de la industria del disco los grandes sellos y los artistas ya consagrados, ya que una contracción de la industria discográfica llevará a que no se apueste por las nuevas figuras. A su vez, los artistas consagrados verán caer sus ganancias por la reducción de las ventas de CD. Por eso, para ambos grupos de músicos (famosos y emergentes) la única opción segura es la de tocar en vivo. Pero los clubes de música, al peligrar sus finanzas, hoy casi no se juegan por lo nuevo. ¿Qué queda para los músicos emergentes? Salir a vender ellos mismos entradas de antemano, para solventar los gastos, con el consiguiente riesgo de ir a pérdida. El fin del circuito es la total precarización laboral del músico.
QUÉ DICEN LOS ARTISTAS
A los 81 años, Leopoldo Federico es una leyenda viviente del tango. Maestro del bandoneón, director, arreglador, compositor, en los últimos tres años encontró en el Centro Cultural Torquato Tasso un lugar para continuar tocando regularmente, frente a la cada vez más fuerte contracción de la actividad.
"Es un drama esto que esta pasando. La gente cree que con lo del turismo la cosa está color de rosa y no es así. La gente joven que busca lugares donde mostrarse no tiene espacios para hacer su carrera, quedan en el camino, hay gente con mucho valor que espera una respuesta. Lo vemos a diario. La cultura de la música popular argentina está totalmente desamparada. No me refiero al tango solamente", sentencia. "Que el Estado subsidie la actividad sería lo lógico, porque al fin y al cabo el músico nacional no es un artista que piensa en un cachet fabuloso, sino en los manguitos que necesita para vivir. Yo apoyo totalmente todo lo que sea un proyecto a favor de la actividad musical. Por algo integro el Consejo Federal de la Música", concluye el bandoneonista, que además preside la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI).
Rodolfo Mederos es otro de los grandes exponentes del dos por cuatro. También bandoneonista, compositor y arreglador, entiende, ante la consulta de NOTICIAS URBANAS, que "el tango, lamentablemente, hoy es una lengua muerta". "Para que una música tenga posibilidades de generar nuevas obras -dice-, los músicos jóvenes tienen que tener la posibilidad de experimentar, ensayar, tocar. Yo mismo, con mi orquesta, trabajo muy poco porque no hay lugares donde albergar a 13 músicos. Así que también sufro las consecuencias de la situación". Mederos va más allá y sostiene: "Si hubiera más actividad, los locales apostarían no sólo por lo seguro y habría oportunidades para los nuevos músicos. Esto generaría una mayor actividad creativa". Más duro que Leopoldo Federico, no duda en arremeter contra las actuales políticas culturales: "Esos festivales monumentales son la decoración de la gestión. Habría que reemplazarlos por una actividad permanente y cotidiana".
Sin entrar en cuestionamientos al Gobierno porteño, la actriz y cantante Soledad Villamil, ganadora en 2008 del Premio Gardel al mejor álbum nuevo de tango, también concuerda con el diagnóstico de crisis: "Sí, hay muy pocos lugares para tocar de capacidades intermedias. Cualquier aporte económico sería bienvenido, pero ojo, siempre que los fondos que se perciban estén bien administrados y no haya un mal aprovechamiento de los mismos", subraya.
Tamara Stegmayer es una de las nuevas promesas del jazz. Su disco debut fue nominado para los premios Gardel, pero, como todos los cantantes emergentes, tiene dificultades para conseguir fechas: "Zafás si enganchás fiestas privadas, pero tocar en el ámbito público es muy jodido. Los músicos nos tenemos que ocupar del sonido, de vender entradas, de todo. Si encima querés presentar temas propios, te piden que lleves vos la gente. Una de las mejores cosas que conseguí fue tocar por 150 pesos fijos. Pero el local decidió quitar los espectáculos porque los inspectores lo apretaban. Y eso que tocábamos con un volumen bajísimo. Que un dúo de jazz y bossa nova no pueda tocar es ridículo". La cantante también considera que "el Estado debería tener una actitud más activa y subvencionar a los dueños de los boliches y a los músicos".
Amílcar Vázquez es un virtuoso guitarrista que integra la banda de Hilda Lizarazu, doble ganadora del premio Gardel por sus dos discos solistas. Junto a la talentosa ex vocalista de Man Ray y Charly García, conoce tanto lo que es tocar en el Ópera, frente a 2.500 personas, como en un reducto de sesenta localidades. "Obvio que estoy re-a favor de una ley que beneficie tanto a los músicos como a los locales. Pero debería haber una fecha semanal destinada a bandas under o artistas nuevos. Por ejemplo, que los sábados toquen bandas grandes y los otros días puedan utilizarse para que los chicos nuevos puedan ir probando", apunta. Su reclamo, casualmente, coincide con el de los dueños del Tasso -que abogan porque en la nueva ley se establezca la obligación a los locales beneficiarios del subsidio de mantener cinco fechas semanales- y con el pedido de varios músicos consultados, entre ellos, su compañero de grupo, el baterista Claudio Salas.
"Que todos los días toquen bandas estaría buenísimo", se entusiasma el batero, quien, además de tocar con Lizarazu, integra Transmundial, una formación que sorprende por su propuesta creativa. Salas no duda en salir con los tapones de punta cuando se le menciona al jefe de Gobierno, Mauricio Macri: "Cuando asumió dije: 'cagamos'. Los músicos sabíamos que no iba a ser mejor. Macri figura, se dedica a hacer veredas, pero a nivel humanitario no está presente. Ni en Salud, ni en Educación y por supuesto, tampoco en Cultura". "Igualmente -añade- el problema de la cultura es mundial, ya que el arte está manejado por un sistema que privilegia el negocio. Pero si va a haber una ley que beneficie a los músicos, de una que estoy de acuerdo. Y si la plata es poca al principio, bueno, después se verá. Primero, la norma tiene que existir". Amílcar Vázquez concuerda en los cuestionamientos al jefe de Gobierno: "Macri está matando al under, que es el gran gestor de estilos. Si no hay espacios para las nuevas propuestas, sólo perduran las comerciales, que no siempre son las mejores".
El más crítico de todos los músicos consultados resultó ser el Chango Farías Gómez. Referente indiscutido del folclore, alternó la música con la política y llegó a ocupar una banca en la Legislatura porteña a la que accedió, paradójicamente, integrando una boleta que fue colgada de la candidatura de Macri. Por supuesto, duró poco y luego de armar un monobloque de corte peronista, se sumó a la bancada del Frente para la Victoria, desde donde, en disidencia con la orden de Alberto Fernández, votó a favor del juicio político a Aníbal Ibarra. Desde su banca, también impulsó la restauración de los carnavales en la Ciudad de Buenos Aires. Culminado su mandato, se dedica nuevamente de lleno a la música y hace poco, no dudó en cuestionar al ministro Lombardi por su afán de declarar al tango "patrimonio intangible de la humanidad". "¿Vos te das cuenta? Argentina va a perder la soberanía sobre el tango. Ahora, el tango va a ser lo que decida una comisión de la UNESCO, integrada por 27 tipos". El músico vincula esta actitud con la situación actual de la actividad musical: "El Estado se muestra en forma miserable. Los gobernantes no tienen la menor idea de lo que nos ocurre". Sobre el proyecto de ley, el Chango no duda: "En principio, estoy de acuerdo. Pero hay que convocar a todos los sectores involucrados para armar un gran debate. No tiene que faltar la voz de los artistas y sólo estar la de los empresarios".
ESCLAVOS DEL ROCK
Los músicos de rock son los que más sufren la falta de espacios para tocar. Y también son los más explotados, ya que después de Cromañón, se volvió costumbre que los bolicheros obligaran a pagar por adelantado a las bandas antes del show, para zafar de los gastos. "Hay lugares donde a los músicos les cobran 400 pesos por tocar cuarenta minutos, ellos tienen que vender las entradas para recuperar la plata y encima, de la recaudación, el boliche se lleva la mitad, además de las consumiciones de la barra. Lo que se dice, un negocio redondo para empresarios sin escrúpulos. No arriesgan nada y les traen gente. Antes te hacían vender entradas pagas pero no te cobraban de antemano, ahora, es peor", sentencia Vernazza, de SADEM. Sin embargo, reconoce que al sindicato le cuesta muchísimo proteger a los músicos porque, por la necesidad de tocar, éstos muchas veces terminan defendiendo al empresario. "El sindicato no puede reclamar por los salarios -explica el gremialista-, aunque sí puede pedir a los bolicheros que les paguen obra social. Pero, ¿qué hacen estos hijos de puta? Les recargan los aportes a los músicos a la hora de pagarles. Por suerte, hay un sector del empresariado que sí es responsable y es con ellos con los que impulsamos la nueva ley".
Amílcar Vázquez concuerda: "Ni viáticos nos dan, es como si los músicos no tuviésemos valor". Claudio Salas se suma: "Cada vez es todo más caótico. Pero el problema también pasa porque hay muchas bandas que, en su desesperación por tocar, aceptan hacerlo gratis y tiran para abajo las condiciones laborales de las demás. Hace poco circuló un mail en el ambiente pidiendo que los músicos sólo tocaran donde les pagaran, pero todo sigue igual, porque como hay mucha competencia, si no tocás, desaparecés. Al final, te matás ensayando y terminás tocando dos veces al año. Y eso no sirve. Las compañías discográficas tampoco te favorecen, porque tenés que empezar a lidiar con un montón de otras cosas".
Desde el folclore, el Chango Farías Gómez entiende que el 100 por ciento de la recaudación debería ser para el músico, y no el 70 que establece el nuevo proyecto. Si los empresarios quieren quedarse con las entradas, entonces que contraten a los músicos, les paguen un salario y vayan a riesgo", apunta. Claro que en la situación actual, un 70 por ciento de la recaudación neta parece una panacea inalcanzable para el músico. "Hoy es al revés -remata Salas-. Con suerte, nos quedamos con el treinta". El Chango arremete: "Mirá lo que pasa con Cromañón. Los músicos (por Callejeros) van a ir presos, aunque la seguridad debió haber sido responsabilidad del local".
Con matices y diferencias, los consultados concuerdan en que la situación, así, no da para más y que el Estado mira para otro lado. Como si detrás de cada proyecto musical no hubiera personas que necesitan comer, vestirse, comprar papel higiénico, pagar impuestos, luz, cable, agua, gas, mantener a sus hijos o a sus padres, irse de vacaciones. No. Pareciera que los músicos, como el resto de los artistas, tienen que estar condenados a vivir del aire. Y lo peor del caso, es que la degradación del sector está naturalizada socialmente. Nueve de cada diez músicos escuchó, al menos una vez en su vida, la frase: "¿Así que sos músico? ¡Qué bien! ¿Y de qué trabajás?". Y se sabe: no se puede vivir del amor.
(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 173, DEL 29/01/09).