PJ Capital: Olmos al Gobierno, Alberto al poder
“Vamos a repartir el poder interno de la siguiente manera”, se escuchó en una mesa chica el jueves por la noche, luego de la sesión de la Legislatura porteña. “Para el Consejo (lo único más o menos importante en juego) habrá dos lugares para las agrupaciones albertistas más importantes”, es decir el propio SUTERH, la gente del por ahora ministro Alberto Iribarne, el otro gremio fuerte del distrito que milita en el PJ, UPCN, y las agrupaciones de Kelly Olmos y de Héctor Capaccioli, “mientras que habrá un cargo para las más pequeñas” agregó la fuente especialista en la lógica del poder.
El “Negro” Montero del FUP, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, María del Carmen Bianchi (directora de Bibliotecas y esposa de Miguel Talento), Héctor Fernández del Peronismo Militante, Mara Brawer (por Filmus) y los telermanistas Federico Saravia y Mario Billuvi integran también el nuevo Consejo.
Las autoridades principales por debajo del Tío Alberto quedaron de esta manera: las tres vicepresidencias (en orden) para Juan Manuel Olmos, Inés Iribarne y Andrés Rodríguez y al reciente diputado Cristian Asinelli le tocó la secretaría general. Se dio un claro recambio generacional a pedido de Alberto: salieron Daniel Filmus, Carlos Tomada y Víctor Santa María, entre otros, para dar lugar a una camada sub-40 (con honrosas excepciones), aunque la interpretación que se le daba al hecho es que esos nombres se reservan para el PJ nacional, el próximo objetivo de Néstor Kirchner, receloso del retorno de Eduardo Duhalde a la política activa.
Tal como anticipara NU hace quince días dos elementos influyeron para que el jefe de Gabinete Alberto Fernández se quedara con la titularidad de un partido con el que -Frente para la Victoria incluido- sólo obtuvo derrotas en la Capital desde el 2005. La primera es la necesidad de los congresales nacionales y que la tropa no se disperse en el momento que la necesite el Pingüino mayor para la normalización del PJ Nacional y la segunda era la segura derrota de la lista de su mano derecha, el sindicalista Héctor Capaccioli (con Vilma Ibarra de bastonera) contra el poderoso aparato interno del gremio de los encargados de edificios.
Así las cosas, el enfrentamiento interno sigue pero por fuera del partido, que quedó monocolor para las huestes de Santa María. A tal punto que, como es habitual, luego de que hubieran firmado todos, el Tío Alberto se dio una vueltita por la sede de Sarmiento de la Obra Social del SUTERH para estampar la mocha luego de una rápida mirada de los que habían puesto el gancho antes que él. Una breve charla con el dueño de casa selló una nueva etapa del peronismo porteño. La aventura de la interna había naufragado antes de empezar.