Hobbes piquetero
En las últimas semanas, una serie de policías resultaron asesinados por ladrones, reos, gente de mala vida, cacos, etcétera. La cobertura periodística fue ardua y profusa y también lacrimógena. La inseguridad es otra vez la palabra favorita del buen ciudadano. La inseguridad sobra, lo que falta es seguridad. Las primeras palabras del nuevo jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, estuvieron dedicadas a la imputabilidad y a su baja como arma para juzgar a la nueva delincuencia juvenil, al parecer organizada como los escuadrones de los narcos de Marcola en San Pablo y alrededores. El debate, si es que existió, tuvo menos prensa que los familiares de los vigilantes asesinados, que también desean sus quince minutos de pantalla, y mucho menos que la conferencia de prensa llamada por la señora Susana Giménez después del crimen de uno de sus asistentes y de las palabras del señor Guillermo Cóppola, que reconoció preocupación y miedo, después de enterarse del asesinato de su personal trainer.
La seguridad es el tema que más preocupa a los argentinos, según la unánime opinión y las mediciones de los sociólogos que antes de continuar leyendo a Simmel, prefieren el mucho más rentable negocio de la encuesta, sin importar la ideología del cliente porque se sabe que la inseguridad (como la seguridad) no tiene ideología.
Esta preocupación, que incluye proliferación de violadores y delincuentes latinoamericanos, recibió un golpe al hígado, un golpe bajo al vientre de la administración Macri, impugnada por un grupo de vecinos que no piden el asalto al palacio de invierno sino que el empresario al frente del ejecutivo comunal cumpla con una de sus promesas de campaña: construir dos o tres casas para recuperar o intentar recuperar a grupos de adictos a la pasta basa de cocaína (paco), que ya son un ejército de reserva inutilizado por el vicio y por la notoria ausencia de igualdad de oportunidades y de inclusión social que son marca registrada de la nueva política de la derecha argentina.
Todo esto es tan lamentable y de tan poco calado que hasta una idea se le puede acercar al PRO por mesa de entrada: que en lugar de vender las casas y departamentos que Macri y Larreta televisan en vivo echando a los okupas que las ocupan, política continua y vinculada a intereses poco claros, utilicen esos espacios para la posible recuperación de los adictos ?aunque más no sea para dejar a sus madres tranquilas y evitar que sean tapa de las sensacionales revistas dominicales, y de paso evitarse las entrevistas a politólogas que equiparan a Hobbes con un teórico de la inseguridad y a los piqueteros como bandas armadas (con palos y botellas), que presionando a punteros y asistentes clientelares, una vez conseguido lo que siempre se propusieron, comer algo, tomarse un tintorro, se aburguesaron y en lugar de denunciar ese aburguesamiento, se decidieron a dar una mano al único gobierno que se ocupó de mejorar, algo, un poco, no mucho, reconozcámoslo, su pasar y sus desdichas. Entiendo que esa posición nos moleste a quienes cultivamos esperanzas de redención social, pero con todo respeto, descreo incluso que ese supuesto compromiso crítico abomine de las jerarquías, y a los discursos, diarios y revistas me remito.