El doctor House, un hombre que apuesta
Gregory House es el médico de moda de la televisión. House nada le debe a Lorenzo Quinteros ni a Diego Peretti. House es un hombre serio, un estudioso, heterodoxo y narcisista que apuesta más por la vida de los otros que por la suya.
Es el hombre que cree que hay cosas que no tienen cura, pero lo que segurro no tiene cura "es la estupidez, mi amigo".
En un horario extraño, medianoche de los sábados, TV abierta, el unitario ha ganado un público que desconfía de los sanadores, de la ciencia positiva y de las historias paralelas y decúbito ventral de médicos y enfermeras, formato mucho más apto para el género porno. Sobre todo si hay cadávares.
Es el segundo año en pantalla. House M.D. (acrónimo de medicinae doctor), la serie ya cuenta con un Globo de Oro y está mencionada al Emmy. En los Estados Unidos cuenta con dieciocho millones de fanáticos. Un montón, si pensamos que nuestro hombre es un misántropo de libro.
House es miembro de número del Princeton-Plainsnoro Teaching Hospital de Nueva Jersey, y su puesta es casi una provocación política a la industria farmacéutica, siempre preocupada por cambiar el nombre de las mismas dolencias para intentar sanar los mismos males.
Especialista en pestes, envenamientos radioactivos, lepras, lupus y extrañas dolencias de extraños pacientes, el doctor, considerado por sus colegas una eminencia pero un tanto desequilibrado, desprecia la jerarquía y el saber médico, en su cosmovisión, tiene tanto valor como el de los chamanes para las tribus.
Eso no puede acarrearle simpatías varias. House, además es inteligente y demasiado culto para la media. Es una mentalidad analítica y detallista, que mira desde la forma de vestir a los intereses que se deslizan entrelíneas. Es difícil que una femme fatal le haga perder pie, pero no hay que descartarlo.
La idea de la serie es del guionista David Shore y el productor Paul Attanasio, quienes se inspiraron en una columna de enfermedades extrañas que suele publicar el New York Times.
En sus mentes tomó forma una suerte de detective de gérmenes y virus mutantes cuyos ataques vuelven al afectado un sospechoso o una víctima propiciatoria. House es el hombre indicado. No confía en nadie, soporta una cojera a base de Vicodin, y reconoce que para la migraña no hay mejor remedio que el ácido lisérgico (en proporciones razonables). ¿Un ejercicio? Imagínese a Socolinsky y compárelo con House: estárá todo dicho.