Politólogos analizan el juicio político
Qué pasaría si el jefe porteño fuera, finalmente, destituido? ¿La gobernabilidad de la Ciudad está en juego? ¿Qué efectos políticos tuvo concretamente la presión ejercida por los familiares y medios en el desenlace del caso Cromañón? ¿El enjuiciamiento del jefe de la Ciudad habla de instituciones más fuertes -porque se aplica un mecanismo previsto en la Constitución porteña- o más débiles porque "salta" el jefe de Gobierno en lugar de otros que deberían responder en la cadena del Estado porteño?
Las respuestas a estas preguntas no son simples, ni únicas. Sobre todo porque es imposible desligar las derivaciones de la tragedia de Once de la crisis político-institucional que terminó en el estallido de 2001. NOTICIAS URBANAS apeló entonces a las investigaciones sobre las nuevas formas políticas realizadas por Isidoro Cheresky, investigador del Conicet, y a la opinión del analista Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía, para arrojar algunas luces a la gama de interrogantes que abrió Cromañon.
"Efectivamente, me parece que es exorbitante haber hecho responsable al jefe de Gobierno, y en ese marco, creo que el proceso estuvo condicionado por la presión de la opinión publica, que es comprensible. Sin embargo, las decisiones
jurídico-institucionales no pueden estar condicionadas por esa movilización. Más que un juicio politico -que, vale aclarar, es un mecanismo constitucional pero de aplicación inadecuada para este caso- lo que correspondía era esperar el juicio
electoral", abre el juego el analista político Eduardo Fidanza.
"¿Qué sucedería si el jefe de Gobierno es destituido? No creo que podamos aguardar una crisis institucional; en verdad, debería ocurrir que el vicejefe a cargo termine el período. De todos modos, no hay que descartar que pudiera haber un adelantamiento de las elecciones. Pero no me parece que se derive en un vacío de poder. Habría que enmarcar el caso Cromañón en una crisis de la administración del Gobierno porteño. Y, efectivamente, si el jefe de Gobierno es desplazado quedarían satisfechas las expectitvas de los familiares”, apunta el sociólogo.
Cheresky, que es profesor titular de Teoría Política Contemporánea y de Sociología Política en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, tiene
a cargo de un proyecto sobre "Las nuevas formas políticas", y mucho que aportar sobre el punto. "Los cambios que han sobrevenido en la cultura política encierran posibilidades contradictorias -apunta-. Como se ha visto, en la Argentina y
en otros países de América Latina, se expande una ‘democracia inmediata’ caracterizada por la expansión del espacio público como ámbito obligado de legitimación
permanente de gobernantes y dirigentes".
"Este espacio público es habitualmente habitado por una variedad de grupos, portavoces y representantes virtuales que tratan de incidir en una opinión pública permanentemente
configurada y reconfigurada por los estudios de opinión. No se
puede gobernar ni ser opositor sin tener en cuenta este registro regulativo de la vida pública cotidiana", concluye en sus trabajos de investigación sobre la reconfiguración institucional post 2001.
En este contexto, Fidanza deriva en una conclusión fuerte: “El caso Cromañón implicó una estigmatización de la figura de Ibarra y el fin de su vida política como candidato eventual”. Y agrega: "Desde ese lugar, su carrera política está terminada
independientemente de su responsabilidad porque ha adquirido un estigma social y político que no se lo va a poder sacudir. Esto también provoca que sus antiguos aliados miren para el costado".
"A esto, indudablemente, se suma que Ibarra no ha cesado de cometer errores; a mi juicio, se ha mostrado como un dirigente light. Y como telón de fondo, tenemos el funcionamiento precario de su administración, que mezcla no sólo corrupción sino una baja calidad de la gestión de gobierno. Estas condiciones venían desde antes pero, sin duda, están influyendo en el destino de Ibarra", juzga Fidanza.
Por su parte, Cheresky sostiene: "El espacio público no es más, o mejor, no es más esencialmente, el terreno en el que se exhiben y miden las fuerzas organizadas por los sindicatos, los partidos políticos y otras organizaciones que en el pasado encuadraban y contenían a los individuos. La época de las masas movilizadas tal como se conoció en el siglo XX pertenece al pasado. Pero en cambio se ha visto emerger otra presencia pública más espontánea e imprevisible pero igualmente poderosa, la del ‘estallido ciudadano’".
Un estallido en la ciudad, que paradójicamente tanto hizo por el crecimiento mediático (y político) de Ibarra, a quien mimaba. Algunos podrán decir que el jefe suspendido fue víctima de su propia medicina.