Publicado: 06/03/2010 UTC General Por: Redacción NU

El enigmático señor Caputo

Le tiene fobia a los medios. No da notas ni se saca fotos. No atiende el teléfono si no conoce el número. Para el ciudadano común no existe. Pero es el personaje que más influye sobre el jefe de Gobierno, Mauricio Macri. Es sólo Nicky, para los íntimos.
El enigmático señor Caputo
Redacción NU
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En su oficina de Paseo Colón al 200, Nicolás ?Nicky? Caputo (52), el mejor amigo y álter ego del jefe porteño ?aunque, como ya veremos más adelante, se trata de un otro yo probablemente más autónomo que Mauricio Macri? mira el número que aparece en la pantalla de su celular cuando suena, y no atiende.

?No reconozco el teléfono, así que no atiendo ?le dice a su interlocutor?. Nunca atiendo si no conozco el número.? En su oficina está un legislador del macrismo, de los tantos que desfilan por su despacho para consultarle temas políticos o del gobierno, en su calidad de consejero informal, pero poderoso e influyente.

?¿Por qué se tienen que ocupar de mí, sólo por ser ?amigo de??, desliza, con cierta acidez, ante algún periodista que quiere entrevistarlo. Una misión francamente imposible.

Lo cierto es que Nicky, consejero y confidente de Macri, tiene una fobia extrema frente a los medios, al punto de que el ciudadano común no le conoce la cara. ?La gente debe creer que soy borracho, porque la única foto que usan es una en la que estoy tomando de una copa?, dice, en referencia a una de las poquísimas imágenes suyas que circulan por internet.
Nadie sabe si ese celo extremo responde a su condición de millonario (más que Macri, según muchos) o porque él es así. ?Yo soy así y así me fue bien, ¿para qué cambiar?? Lo cierto es que, junto con José Torello, hoy jefe de asesores del Gobierno porteño, forman un trío simbiótico e inseparable. Los peronistas que se alinean con el jefe porteño todavía recuerdan cuando, en las primeras elecciones del macrismo, aquellas en las que el ingeniero recién empezaba a jugar en las ligas mayores de la política, en lugar de esperar los resultados con su tropa o con los punteros que le habían conseguido los cruciales votos del sur, el muchacho del Cardenal Newman se quedaba encerrado con sus amigos, Caputo y Torello, mientras el resto la miraba desde afuera. Nadie lo podía creer.

Eran los tiempos del famoso techo negativo que no podía superar.

Las leyendas en torno a Macri, Torello y Caputo son muchas y, tal como suele suceder con estas jugosas historias de Palacio, nunca se sabe qué parte es la verdad y cuál la mentira. Y como siempre surgen de las filas de la oposición, por lo general suelen ser una mezcla de ambas cosas.
Lo cierto es que el nombre de Caputo, el hombre que pagó el rescate de Macri durante su secuestro, es siempre blanco de cuestionamientos, polémicas y denuncias de la oposición porteña.

Por ejemplo, cuando al principio del gobierno de PRO, su amigo lo nombró asesor ad-honorem ?cargo que ya oficiaba en la práctica?, tuvo que renunciar casi en seguida, cuando un sector de la oposición lo denunció como contratista del Estado.

Poco antes de este episodio fue descubierto por la prensa en el café Rod Point, frente a Canal 7, cuando oficiaba de negociador informal, frente al gremio estatal, sin tener ningún cargo en el Ejecutivo. Eran las primeras épocas, cuando Macri había anunciado el despido de unos tres mil empleados que, según consideraba, eran ñoquis. Un objetivo que, pese a lo impopular, en aquel momento encontró consenso.
Una muestra de su influencia al lado de Macri la relata un funcionario importante del jefe porteño, que pide anonimato: ?Cuando asumimos, la Ciudad tenía una deuda infernal con las constructoras, y entonces Caputo se ofreció a negociar con la Cámara Argentina de la Construcción, dada la influencia que allí tenía, a raíz de su actividad. Propuso entonces negociar la deuda con un bono y que, mientras tanto, siguieran trabajando sin cobrar. Pero la idea no funcionó: las obras siguieron paralizadas durante casi un año, el tiempo que duró la negociación?.

Nicky es accionista de la firma Caputo S.A., una de las constructoras más grandes de la Argentina, fundada por su abuelo en 1932, que es contratista de obras y servicios en la Ciudad de Buenos Aires desde la década del 70. De allí que el jefe porteño suele argumentar que él no le dio esas contrataciones que ya tenía, y jura y perjura que, durante su mandato, no le dará ninguna otra nueva.

Los papeles revelan que Caputo es dueño de Mirgor (a la que, en rueda de amigos, considera su principal trabajo), una empresa de venta de aires acondicionados para autos, que creó junto con Macri en 1983. En tanto, él y su familia controlan Caputo S.A., Motores Argentinos, Indisur S.A., Capdo S.A., II Tevere S.A. y Hopasa S.A. También, según admite, tiene acciones en empresas generadoras de energía.
De esta parte de sus negocios ?la energía? también se ocupó la oposición.

Elisa Carrió fue la primera en afirmar que existía un pacto entre Kirchner y Macri y que el negociador era el propio Caputo: ?El pacto existe y su negociador es Nicolás Caputo, un empresario que controla casi el 30 por ciento de la energía del país y que tiene grandes obras de construcción?. El propio empresario admite emprendimientos conjuntos con Socma.
Y a la extensa lista de su prosperidad habría que agregar otro dato: su constructora también tiene contratos de obras de remodelación con el Gobierno nacional, como la del edificio de la Afip, sobre Avenida del Libertador, y la de la sede del Servicio de Sanidad Animal.

Relación simbiótica

Es bajo de estatura, morocho, y muy llano en su trato, ?nada fashion?, aseguran quienes lo frecuentan. Su oficina de Paseo Colón tampoco refleja su estatus de millonario. O el hecho de que su empresa, Mirgor, haya tenido facturaciones de mil millones de pesos, en los primeros años K, cuando repuntó el consumo. Caputo parece fiel a sí mismo: no ostenta para no llamar demasiado la atención.

Tiene la misma edad que Macri y tres hijos. Y cultiva una costumbre especial: le gusta tratar y construir relaciones políticas con el ala más peronista de PRO; cuida esos vínculos. ?Es respetuoso de la vieja política?, dice, con cierta amargura, un dirigente cercano a Michetti, que tenía esperanzas de que PRO fuera algo así como una ?derecha sensible?.

Hablando de Michetti, dicen que a la diputada, entonces vicejefa, le molestaba el trato poco cordial, un poco brusco para su gusto, que el empresario desplegaba cuando compartían la mesa chica de PRO. Por las dudas, y advertido de lo desprolijo que podría resultar a los ojos del electorado porteño ?que se fija en esas cosas? que alguien sin cargo tome decisiones clave de Gobierno, Caputo deja deslizar ante sus íntimos que ?hace como cuatro meses? que ya no comparte esas tertulias políticas de alto nivel.

Pero nadie duda de que, se ubique donde se ubique, siempre será influyente ante Macri.

En la biografía no autorizada del jefe porteño, El pibe, de Gabriela Cerruti, que acaba de lanzar Planeta, tampoco quiso hablar de nada en serio, excepto de su relación de amistad, casi simbiótica, con Macri.

Caputo lo cuenta así: ?Nuestra amistad nació en primer grado, éramos muy inocentes y nos hicimos muy amigos. Una ligazón que, con algunos altibajos, se mantiene hasta hoy. Hace 45 años que nos conocemos; cuando me casé, Mauricio vino con Ivone (su primera mujer) de luna de miel con nosotros. Nos peleamos muchas veces, y la más larga duró unos meses, pero jamás nos dejamos de ver. El primer negocio que tuve en mi vida y que sentí como propio fue Mirgor. Yo estaba trabajando en un proyecto en Tierra del Fuego y la familia Macri estaba ingresando en el negocio automotriz. Entonces, le propuse a Mauricio generar un autopartistas, desde Tierra del Fuego, porque en ese momento estudiaba un proyecto de promoción industrial. Nada muy específico; simplemente hacer algo juntos, independiente de nuestras familias?.

Y sorprende afirmando: ?Yo nunca me dediqué a la construcción, como se dice en todos lados: a eso siempre se dedicó mi familia. De hecho, salvo por un corto período, nunca trabajé en Caputo S.A. Mauricio vendió las acciones en Mirgor en 1994. A esta altura dejamos de ser socios, pero las que siguieron haciendo sociedades fueron las compañías de nuestras familias. Socma y mi familia buscaron negocios en común?.

Estudiaron juntos ingeniería en la UBA, pero Nicky no se recibió: decidió dedicarse a los negocios. Y, a diferencia de Macri, siempre la tuvo clara: sabía que si no se independizaba de su papá constructor, jamás levantaría vuelo propio. El jefe porteño no tuvo el mismo instinto, o quizá Franco Macri resultó ser un patriarca más fuerte. Hasta el propio Macri lo dice en público: ?Hizo de todo para mantenerme agarrado?. En eso, su amigo del alma, fue la contratara.

En la época de Boca, estuvo junto a él en la compra y venta de jugadores, en unas largas reuniones que se hacían en su oficina. Él y su álter ego se ven más de una vez por semana, se mandan mensajes de texto y cuando cenan juntos lo hacen en la casa de Macri.

La polémica por el juego

A fines de 2008, Caputo volvió a verse envuelto en otra polémica: esta vez por el negocio del juego.
Todo empezó con un audaz y sospechoso decreto que Néstor Kirchner firmó el 5 de diciembre de 2007, es decir, pocos días antes de dejar el Gobierno. El decreto favorecía a su amigo y empresario de confianza, el zar del juego, Cristóbal López, con el fin de que pudiera agregar 1.500 máquinas tragamonedas a las 3 mil que ya explotaba en el casino de Palermo.

Como la concesión del hipódromo vencía en 2017, el decreto la prorrogó hasta 2032 para ?satisfacer la demanda lúdica? (sic). La norma salió publicada con su firma, la de su hermana Alicia y la de Alberto Fernández, un día muerto: el 31 de diciembre.

Pero fue un año después, cuando Carlos Pagni, en La Nación, levantó polvareda con un artículo en el que sugirió una hipotética alianza entre Kirchner y Macri ?la misma de la que venía hablando Carrió? en relación con la explotación del juego en la Ciudad. En su explosiva columna también involucraba, aunque lateralmente, a Caputo.

?Al cabo de un año, Kirchner encontró al aliado que consolide esa medida desde el punto de vista legal ?escribía Pagni en diciembre de 2008?. No es su dócil esposa, que acaso nunca hubiera ido tan lejos con una concesión. El responsable de proveer un blindaje jurídico a aquel regalo navideño para López es Mauricio Macri.? Y sigue: ?El texto a favor de Kirchner y López fue negociado por el propio empresario y su socio, Federico Achával, concesionario del hipódromo. Por el gobierno porteño intervinieron dos íntimos amigos de Macri: Nicolás Caputo y José Torello. El folclore que rodea a esta mesa de enlace es muy frondoso. Fuentes relacionadas con sus cuatro integrantes aseguran que las empresas de López en la ciudad ?el casino de Palermo y los dos barcos de la Costanera Sur? fueron, el año pasado, generosos mecenas de la campaña electoral de PRO?.

Lo cierto es que el Jefe de Gobierno había enviado aquel viernes a la Legislatura porteña un convenio suscripto entre el presidente de Lotería Nacional, Roberto López, y el presidente del Instituto de Juegos de Apuestas de la Ciudad, Néstor García Lira, que en su cláusula octava establecía que ambos organismos ?se obligan a respetar los términos y condiciones de las concesiones y permisos que amparen a los juegos existentes a la fecha, con sus ampliaciones y prórrogas?. El párrafo se completaba con un compromiso increíble: ?Y de aquellos (concesiones y permisos) que se autoricen a partir de la suscripción de la presente?.
La historia que sigue es conocida: Macri estaba en Italia, y Michetti, en su reemplazo, se negó a firmarlo. Gabriela todavía se llevaba bien con Lilita y fue a ella a quien recurrió para buscar consejo. No es necesario ser pitonisa para adivinar lo que le habrá dicho Carrió. Otros dicen que también el cardenal Bergoglio apareció en aquella escena traumática.

Como fuere, finalmente Macri dio marcha atrás con el convenio, aduciendo que los K habían introducido una cláusula que no estaba pactada el proyecto inicial y en la que pretendían hacerlo avalar el escandaloso decreto de Kirchner.
Y frente a semejante vendaval mediático, el misterioso ?y sin duda influyente? señor Caputo volvió a convertirse en un enigma.

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