Publicado: 24/08/2006 UTC General Por: Redacción NU

Nielsen: El alivio después de los tiros penales

Las furiosas presiones que recibió por parte de todas las fuerzas vivas que se alimentan del presupuesto porteño, desde su asunción parecen haber mermado y Nielsen respira con alivio porque ahora puede dedicarse a gestionar en serio
Nielsen: El alivio después de los tiros penales
Redacción NU
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A veces, Jorge Telerman y Guillermo Nielsen hablan en francés sobre la economía de la ciudad. Y no es sólo porque tengan miedo de ser escuchados por los espías criollos sino simplemente porque ambos saben hablarlo y lo practican. “Junto con (Roberto) Laperche, Telerman y Nielsen son los afrancesados del gabinete”, explican en los pasillos de Bolívar 1. Otras veces, también, el cool jefe porteño invita a Nielsen a almorzar afuera del Palacio porteño.

A juzgar por las tormentas políticas que atravesó desde que llegó como ministro de Hacienda de la Ciudad y hasta hace muy poco tiempo, este ex coequipier de Roberto Lavagna, que comandó el exitoso canje de la deuda argentina, se siente en un buen momento. O, al menos, sin nubarrones peligrosos –como los que tuvo- a la vista.

El miércoles 16 de agosto vivió como un éxito político propio la asunción de la nueva cúpula del Banco Ciudad, donde después de muchos vaivenes logró sentar al tope del nuevo directorio a Julio Macchi, un hombre de su máxima confianza. En verdad, cerca de Nielsen, cuentan como propia a casi toda la nueva dirigencia del Ciudad –salvo algunas excepciones, como el vice, Ernesto Selzer-. Incluso, al candidato propuesto por Lilita Carrió, el economista Rubén Lo Vuolo. Los amigos de Nielsen cuentan que, en las reuniones reservadas, el ministro explica que a Lo Vuolo "terminamos rescatándolo nosotros".

Nielsen no suele hablar con periodistas. O, mejor, eligió como estrategia no dar entrevistas a medios que no sean especializados en Economía porque, según jura, sólo se anclará en la gestión.

Ocurre que la marca de su origen en el gabinete telermista fue parido al calor de la interna política más caliente en lo que va del año: el surgimiento de Roberto Lavagna como eventual oponente de Néstor Kirchner de cara al 2007.
A los cortocircuitos iniciales que generó su nombramiento en Casa Rosada –el ministro Julio De Vido, que disputó poder con Lavagna, fue uno de los más disgustados-, se sumaron los problemas presupuestarios de la Ciudad –básicamente la puja generada por el reparto-, y la incomprensión de ciertas reglas del juego propias del tablero porteño.

Varios ministros del gabinete de Telerman dirán, en estricto en off the record, que Nielsen no sabe consensuar y que carece de cintura política: he aquí una parte de los problemas que tuvo hasta el momento, aseguran estas fuentes. Nielsen, a su turno, se quejará de lo que llama la “hipocresía de la política”, en alusión al doble discurso de los que dicen una cosa en público y lo opuesto en privada. Vaya novedad.

Distancia profiláctica vs. internas calientes

Es que él es, básicamente, un técnico y este nuevo cargo le exige ciertas habilidades políticas, de las que el ministro carece hasta el momento. Aunque, según dicen sus amigos, el hombre está dispuesto a aprender. ¿Por qué? Porque supone que una buena y visible gestión en su actual cargo podría darle proyección política nacional en 2007. ¿Con Lavagna o con Telerman? Cuando sus ex colaboradores se lo preguntan, Nielsen juega al misterio: “Hay que tomar distancia profiláctica de las internas –aconseja- de lo contrario no se puede gestionar, y esa, la gestión, debe ser nuestra llave”.

Hace un tiempo que no habla con Lavagna. Y, aunque jamás lo dirá en público, está sorprendido por el camino de enfrentamiento a Kirchner que decidió tomar su amigo y ex jefe. Cuentan que Nielsen no está muy de acuerdo con la opción política elegida por Lavagna, pero que este punto no lo discutió ni lo discutirá –por ahora, al menos- con el ex ministro.

En la soledad de su despacho se queja de “operaciones” –las define así, a secas- de las que, según él interpreta, fue blanco. ¿Motivos? El jugoso (y envidiable) prespuesto que maneja, las suspicacias que generó su amistad con Lavagna, la dependencia de la chequera K a través de la coparticipación y los ATN e incluso, la mala relación -hoy por hoy sin retorno- entre Alberto Fernández y Telerman, empeorada en la última semana por el enfrentamiento agudizado entre Aníbal Ibarra y su sucesor.

A Nielsen le molestan, por ejemplo, las interpretaciones que se hicieron sobre la remoción de Donato Spaccavento, el médico del Presidente, y su reemplazo por el actual ministro Alberto De Micheli. “Es que hay que separar lo profundo de lo anecdótico y los fuegos artificiales de la realidad” suele explicar en los almuerzos privados.

La realidad, según él la entiende, es que el médico presidencial provocó un “desmanejo” presupuestario cuando de un plumazo incluyó un gasto adicional de 300 millones de pesos. Eso ocurrió la noche anterior al anuncio del nuevo gabinete, cuando firmó la instauración de la carrera de médico municipal.

El ministro cree en el orden administrativo –tal será, según promete, el leit motiv de su acortada gestión- y en la dinamización de las políticas públicas visibles. “Visibles” es aquí una palabra clave.

En los últimos días abundaron los llamados entre Nielsen, su colega nacional, la ministra Felisa Miceli, Martín Redrado y Guillermo Moreno, el hombre K encargado de tomarle el pulso a un conflicto que puede estallarle en la cara a Telerman y complicarlo seriamente: el déficit habitacional en la ciudad, el encarecimiento de los alquileres, y la dificultad para acceder al crédito hipotecario.

En este sentido, su idea es darle un rol más dinámico al Banco Ciudad para articularlo con las políticas públicas. Facilitar el acceso al crédito hipotecario por medio de menores requisitos para la gente será un tema en la agenda de la entidad.

Pero esta articulación también significa ayudar a concretar las obras de infraestructura importantes o la colocación de créditos prendarios para -por ejemplo- la renovación de la flota de taxis en la city porteña. Demasiados objetivos, quizá, para tan poco tiempo.

TOCANDO EL PUNTO G DE GESTIÓN

En los meses que le quedan como ministro, Nielsen apostará a separar dos temas: la ejecución del presupuesto de la gestión y la administración.

Un ejemplo del primer punto es el sistema de salud, uno de los grandes temas que, según él, implican un manejo (o un desmanejo, mejor dicho) presupuestario. Veamos cómo funciona actualmente y qué habría que cambiar para hacerlo más efectivo: anualmente se transfiere al conurbano bonaerense alrededor de $ 1.000 millones por servicios de salud. Este monto es un virtual subsidio que podría emplearse en mejoras de infraestructura para los hospitales de la ciudad. Eso promete hacer Nielsen.

La obra pública, el bacheo o la mejora de la iluminación, no sólo con fines estéticos, sino para frenar el aumento de la inseguridad –otra complicación que le rebota a Telerman- son cuestiones de gestión, que también figuran en la agenda de Nielsen.

Pronostica que, para la línea H de subte, empezará a fin de año una segunda etapa en las excavaciones –que comenzarán a la altura de la Facultad de Derecho- para terminar durante el primer trimestre de 2007.

En cuanto a las obras en curso, le apuntará a las del Canal Maldonado y al río subterráneo de desagote, cuyo costo total es de 88 millones de euros. Una prioridad que debería ser visible, en los planes de Nielsen, es que “no se note, cada vez que llueve” que la ciudad creció sobre una topografía con arroyos.

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