"Asumir Cromañón: Fue la corrupción, no un accidente"
A más de seis años de esa noche trágica parecería que sólo los padres lloran, reclaman y resisten. La tipificación del hecho como culposo es de la lógica penal: no fue voluntario ni exactamente previsible. Sus causas ?que son múltiples- provienen de diferentes corrupciones, casi todas dolosas, aunque ninguna por sí sola, causa eficiente de la masacre.
La sociedad porteña no parece haber asumido cabalmente las corrupciones que confluyeron esa noche de diciembre 2004. El campo institucional tampoco, a pesar de que Cromagnon evidenció -como nunca antes- la perversión de las reglas de juego del sistema.
Hay verdad en el grito de los padres, ?a los chicos los mató la corrupción?, por más que duela. Veamos por qué:
1.- Antes de Cromañón una inspección seguida de clausura era cosa de ?mano dura? o sea no era progre. En lo real, la amenaza de clausura era la condición para subir el precio que costaría la no clausura. Esa es la cultura del ?arreglo? bien conocida por todos. Sin esa cultura no existirían habilitaciones inviables, o verificaciones miopes. No se trata de que algunos inspectores fueran corruptos, lo corrupto son las reglas de juego, y en ese juego jugaron todos. Se debiera haber aprovechado la conmoción de Cromagnon para destituir una cultura, y no sólo a algunos funcionarios.
2.- La voracidad empresarial: ?A mí no me va a pasar, si juego al límite o abarato costos es para ganar más?. Esa ?audacia? corrompe las reglas de juego del empresariado digno. No se puede jugar a la ruleta rusa con la vida ajena, imaginando que el tiro no va a salir, porque un día sale. Haber demonizado a Chabán no sirve de mucho, si no se ve en esa conducta un arquetipo que redunde en aprendizaje para el empresariado.
3.- La inocencia de las víctimas por el sólo hecho de serlo, incluyendo a los músicos, no ayuda a ver que ellos sufrieron las consecuencias de los peligros que también cooperaron en crear, bajo una supuesta moda juvenil de que transgredir es la onda: ?tiremos bengalas aunque esté prohibido, o el que es vivo se cuela? equivalente al ? acelerá más, probá ésta o no seas careta?. Nadie les enseñó que la transgresión en democracia es positiva sólo cuando va por la superación del sistema, no cuando es de riesgo inútil. La cultura juvenil ha sido corrompida por intereses que necesitan al mundo joven como mercado de consumo y desenfreno.
4.- La regla política del ?reparto? de los espacios de gestión es el modo corrompido de la participación plural. Así se han loteado lugares de decisión, y confundido a la política con una agencia de colocaciones para adeptos, afiliados o parientes. El mandato democrático de compartir espacios de gobierno, no es lo mismo que: ?a Fulano/a le toca poner al Director o Directora de..? y ahí va una amiga, aunque sea maestra jardinera y no sepa nada del tema a gestionar. Esa corrupción de la democracia también fue parte del conjunto causal de esa noche trágica.
5.- La corrupción policial: es la más obvia y archiconocida. Siempre fueron protagonistas máximos de la cultura del ?arreglo?. Y con ese boliche, habían ?arreglado? todo.
6.- La imprevisión...puesto que Dios es argentino. Sin planes previos de cómo actuar ante catástrofes o emergencia masiva. Sin conducción ni contención y en desorden, toda esa noche y el peregrinar posterior de los padres en busca de sus hijos es el calvario más siniestro ocurrido durante la democracia.
Todo esto ?y aún más-, es lo que merece nuestra Memoria. No es sólo memoria de los chicos para sus padres, sino Memoria de Cromagnon para asumirlo desde toda la sociedad. El lugar es sagrado porque 193 jóvenes murieron allí. No fue por un accidente. Para ?que no se repita? hay que asumir que la corrupción puede matar. Que las reglas de juego de la sociedad, el comercio y las instituciones deben ser dignas y sin trampas.
En ese sentido, parecería mejor que se abra Cromagnon para todos, que sea necesario pasar por allí, que no quede recluido el santuario, ni la calle encerrada y ajena adonde van sólo familiares y amigos, sino que sea escenario de interpelación, que obligue mediante reductores de velocidad, a quienes pasen por allí a mirar y leer en sus paredes qué ocurrió, y por qué ocurrió. Si la apertura de calle o el monumento no sirvieran para modificar conciencias y conductas, los padres tendrían razón en preferir seguir llorando solos. Sin embargo, creo que hay que apostar a cambiar la historia en nuestra Ciudad y sumarnos para lograr que el ?Que no se Repita? sea como un nuevo Nunca Más.