Publicado: 06/11/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

Argentina se va quedando sola, mientras nuestro presidente enmudece

La diplomacia argentina fue la única que hizo silencio tras el triunfo de Lula en Brasil y tras la derrota de Trump en Estados Unidos.
Argentina se va quedando sola, mientras nuestro presidente enmudece
Horacio Ríos
Horacio Ríos
javier milei

En los tiempos que corren, han comenzado a surgir serias amenazas a los proyectos como el que se encarna en el presidente argentino, Javier Milei.

En este sentido, ¿alguien podía creer seriamente que, con un riesgo país rondando los 900 puntos, una pobreza que en el segundo trimestre de este año insulta ya a 13 millones y medio de argentinos y una indigencia que destruye las vidas de casi cuatro millones, un proyecto político podría ser sostenido en el tiempo?

Milei ya cumplió con su misión (y con sumisión). Los ajustes que esperaban realizar los grandes empresarios ya fueron ejecutados. El dinero que necesitaban para sus inversiones en el exterior y en algunos puntos internos del país ya les fue transferido. Las casi 33.000 Pymes que tenían que quebrar ya fueron quebradas. La rebelión social ya fue abortada y crear las condiciones para que se recompongan las organizaciones llevará meses, quizás años. La destrucción está garantizada, pero no será eterna, a no ser que ciertos sectores políticos estén dispuestos a bombardear plazas llenas de gente o a desaparecer a otros 30.000 argentinos.

Los proyectos políticos son cíclicos. No duran más de diez o 12 años, a no ser que desaten una represión feroz contra sus opositores. Los buenos proyectos son, en principio, exitosos. Pero luego llegan los problemas, las presiones, las ambiciones personales, los empresarios que quieren todo y que, como financiaron en sus inicios al proyecto, luego exigen su parte.

Los proyectos intensos, que provocan cambios drásticos en la política, en la economía y en sus realidades paralelas, suelen ser los que menos tiempo se mantienen en el poder. Un presidente que pelea contra todos es como aquellos pistoleros del oeste. Siempre hay uno más rápido, con mejor puntería o más afortunado. Los guerreros más sabios combatían y negociaban. Se armaban y se desarmaban. Cuando llegaban a un punto, se detenían. El mejor guerrero de la historia fue, probablemente, Alejandro Magno. Se mantuvo invicto en el campo de batalla, pero al final lo derrotaron sus propios soldados, que deseaban regresar a Macedonia después de haber estado más de diez años en campaña. Cuando llegó al río Indo debió detenerse y luego emprender el regreso.

Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Cuando primero llegó la Glasnot y luego cayó el Muro de Berlín y después se acabó el comunismo, un historiador embriagado de alegría decretó “el fin de la historia” y el triunfo definitivo del liberalismo. Pues bien, Putin no es liberal. Xin-Jin Pin, tampoco. Y el grupo de los BRICS, que fundaron Lula, Hu Jintao, Manmohan Singh y Dimitri Medvédev concentra, cuarenta años después, alrededor del 40% del PBI mundial, el 26% del comercio mundial y el 51% de la población. Y, en el camino, desplazaron a varias potencias -en especial, europeas- de sus posiciones hegemónicas del comercio y la economía mundial.

Cuando los amigos pierden elecciones, pero no la esperanza

Milei sufrió algunos golpes demoledores en los últimos días. Donald Trump, Flávio Bolsonaro y Beniamin Netanyahu, algunos de sus aliados más cercanos, terminan de perder sus respectivas elecciones, aunque en el caso del norteamericano fueron sólo legislativas de medio término.

En los otros dos casos, Bolsonaro ya está fuera del poder y de Brasil. Netanyahu, por su parte, no tiene posibilidades de formar gobierno. El domingo, el presidente israelí, Isaac Herzog, encargará al líder opositor a Netanyahu, Gadi Eizenkot, que forme gabinete, una tarea tan complicada que se le conceden 42 días para hacerlo. No todos los que apoyarán a este último se encuentran entusiasmados con él, pero una cosa es segura: todos están concentrados en que Netanyahu salga de la escena de la peor manera posible. Y no lo salvó ni siquiera su amistad con Javier Milei.

En el caso de Trump, aún le quedan dos años de mandato, pero las condiciones en que perdió el martes pasado lo convirtieron virtualmente en el “lame duck” más rengo de la historia. De todos modos, será bueno recordar que la acepción de la palabra “lame” también es equivalente a “pobre, débil, aburrido y soso”. Como para sacar conclusiones.

Aún así, para suerte del presidente argentino, el triunfo demócrata no va a cambiar demasiado las cosas en cuanto al apoyo a la Argentina. La relación diplomática con los Estados Unidos no depende de la política, sino de las empresas.

Poco cambiará, entonces. Lo más probable, es quizás que sólo cambien las palabras, pero la diplomacia no se maneja con ideas, sino con intereses económicos. De todos modos, Milei deberá desideologizar su diplomacia -es decir, la de todos nosotros-, para no obturar los acuerdos comerciales, porque hay palabras que dificultan la ayuda externa, como, por ejemplo, llamar “dictador” al primer ministro español, Pedro Sánchez o llamar al presidente del primer socio comercial de la Argentina, Lula da Silva, “presidiario”, “zurdo ladrón” y “basura socialista”.

Con respecto a la derrota de Bolsonaro, Milei eligió el peor camino, que es el de quedarse en silencio, que equivale a no tener respuesta. El silencio es, en este caso, peor que el agravio, ya que Argentina fue el único país de América del Sur que no saludó al presidente brasileño. Eso es no tener política.

Complementariamente, la conclusión principal de la elección en Brasil debería ser que la derrota de Bolsonaro puso en perspectiva su propia incapacidad de formar coaliciones lo suficientemente amplias, sumado a que las propuestas políticas que emplean métodos drásticos de ajuste necesariamente generarán indefectiblemente, en algún momento, oleadas contrarias de similar intensidad a las que los elevaron al poder. En especial, el rechazo parte siempre del mismo sector: las mujeres y los jóvenes, a los que se suman luego otros, para formar corrientes de opinión.

En 2015, en América del Sur comenzó una marea de coaliciones de derecha -en algunos casos, salvaje- que llegaron al poder simultáneamente. Con altibajos, las cosas fueron modificándose hasta llegar a nuestros días, en que la marejada estaría comenzando su movimiento de reflujo.

La incertidumbre argentina se basa en que Milei no tiene, por el momento, un adversario de fuste. Pero ésa es otra historia.

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