Comprar y comer en la calle
Sandalias, chalinas, gorros, remeras, juguetes, útiles, souvenires, bijou, posters... La lista de lo que se puede comprar en la calle es inabarcable. Tanto, que no existen datos oficiales que reflejen cuántos puestos de venta en la vía pública hay actualmente en la Ciudad. Caballito, Flores, Chacarita, Once, Constitución y el Microcentro son algunos de los barrios y zonas donde este fenómeno de la subocupación crece a pasos agigantados. Para encontrar una solución ante vecinos y comerciantes que no ven con buenos ojos la actividad y lograr que el orden no se traduzca en desempleo, Laura García Tunón, legisladora de Proyecto Sur, presentó un proyecto de ley para regular la venta callejera y una modificación para controlar los alimentos que se ofrecen en las calles de la Ciudad.
?Provengo de la CTA, hace tiempo que estoy en contacto con estas organizaciones que gobierno a gobierno y año tras año tienen y repiten los mismos problemas con los vecinos y los inspectores. Son ellos mismos los que quieren regular la actividad. Como estoy en legislación laboral, la idea también llego a mi despacho y planteamos ordenar la venta en la calle y poner especial atención en el rubro de comidas y bebidas?, detalló la diputada a Noticias Urbanas.
Actualmente se desconoce el número exacto de personas y familias que se sostienen mediante la actividad, pero García Tuñón hay algo que tiene en claro: ?Sacarlos es condenarlos al desempleo?. También señala: ?Controles, sí; coimas, no? y propone que ?haya inspectores bien pagos e instruidos, que estén capacitados en su área y que actúen con corrección en todas las zonas, no sólo en calle Florida?.
Diego Santilli, ministro de Ambiente y Espacio Público, habló hace poco más de dos semanas en la Comisión de Presupuesto sobre este tipo de subocupación, que es una realidad innegable. Pero puso el foco en diferenciar artesanos de revendedores. Sobre estos últimos, no dudó en afirmar que, a veces, forman partes de mafias. ?Es verdad que existen (las mafias); por eso, la idea pasa por que mediante la ley tengan que demostrar la procedencia o el vínculo laboral con el mantero que debe tener planilla de horarios y estar registrado, evitar el no pago de impuestos, que va tras el típico discurso de La Salada. Nosotros no perseguimos, ordenamos y sabemos que hay artesanos y vendedores con oficio que terminaron en esto por la crisis de 2001, exigimos que nadie quede sin trabajar, colocando horarios, zonas de trabajo y normas de legislación laboral y respetándolas para evitar las zonas grises de las incautaciones, porque a veces los puesteros denuncian que les vuelven a vender lo mismo que les incautaron?, argumentó la diputada.
De acuerdo a los últimos datos que provienen de la Federación de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), durante 2007 la venta callejera aumentó un 17,4 por ciento y en Florida las mantas cubren gran parte de la calle y complican el tránsito peatonal. Se calculan a grosso modo más de 5 mil puestos de venta callejera en la Ciudad.
El Código Contravencional dice en su artículo 83: ?Quien realiza actividades lucrativas no autorizadas en el espacio público es sancionado/a con multa de doscientos [$200] a seiscientos [$600] pesos. Quien organiza actividades lucrativas no autorizadas en el espacio público, en volúmenes y modalidades similares a las del comercio establecido es sancionado/a con multa de 5.000 a 30.000 pesos?.
Por eso, la premisa plantea regular el ejercicio de la actividad de venta en el espacio público, al por menor, por cuenta propia, con ubicación fija e inamovible y venta ambulante en todo el ámbito de la Ciudad, confiriéndole al Poder Ejecutivo el otorgamiento de los permisos para el ejercicio de dicha actividad.
Si la norma que impulsan desde el bloque conducido por Fabio Basteiro prospera, quedarán definidas las siguientes modalidades de venta en la vía pública: puntos fijos (puestos o mantas con ubicaciones determinadas) y ambulantes (en eventos culturales, deportivos y/o políticos, y durante fiestas patronales, religiosas y fiestas cívicas).
El interesado en obtener permiso de venta en la vía pública deberá presentar su solicitud ante el organismo de aplicación, informando datos que se le requerirán para poder desarrollar su actividad. Para el otorgamiento de los permisos en cada categoría tendrán prioridad aquellos que venían desarrollando la actividad. Sin perjuicio de ello, se respetará el estricto orden de inscripción. En caso de producirse una vacante, ya sea por renuncia o por incumplimiento de requisitos exigibles, la misma será cubierta por quien ocupe el primer lugar en la lista de espera. Los permisos se otorgarán por un periodo de dos años y serán renovables automáticamente.
La venta ambulante dentro del micro y macrocentro, que tantas polémicas genera, podrá realizarse únicamente con módulos habilitados para los trabajadores con necesidades especiales. Todo esto, claro está, si se aprueba el proyecto de ley.
CALORCITO PORTEÑO
Con la llegada del calor, todos los alimentos tienden a descomponerse con mayor rapidez. La conservación de la cadena de frío es indispensable para evitar problemas en la salud de quienes, por el apuro o por el precio, comen en la calle. Si bien los alimentos que incluyen mayonesa, jamón u otros de rápida descomposición no se recomiendan cuando el sol y la humedad copan la city, la idea de esta norma es exigir puestos y vestimenta que garanticen la conservación y el despacho de los alimentos, copiando de algún modo el modelo que existe en la hermana ciudad de Montevideo.
?Que las condiciones sean las mismas que en los restaurantes donde se vende comida?, expresa Laura García Tuñón. En cuanto a la elaboración y expendio de productos alimenticios por cuenta propia en ubicaciones fijas y determinadas, la iniciativa legislativa prevé que la actividad deba ser realizada en puestos móviles y semimóviles, los cuales tendrán ubicación fija y determinada, y deberán ajustarse a especificaciones técnicas y de seguridad higiénico-sanitarias de carácter general y de uso exterior autorizadas y diferenciando grados de conservación de cada producto que se ofrezca.
Según la Agencia Gubernamental de Control (AGC) ?organismo de la Ciudad que realiza controles para verificar si los comercios tienen la correspondiente habilitación y, en el caso de los locales que expenden alimentos, si cumplen con las normas de higiene y salubridad?, en lo que va del año se realizaron 120 inspecciones, cuatro clausuras, 14 intimaciones por mejoras y 83 actas de infracción; se detectaron seis puestos ambulantes y se secuestraron 235 kilos de comida vencida o en mal estado de conservación. Pero su labor es insuficiente, como ocurre en otros puntos conflictivos de la Ciudad. La legisladora plantea que si se paga bien y se capacita, los inspectores pueden controlar adecuadamente y evitar más de un dolor de cabeza (y de estómago) en el mejor de los casos.
En todo el mundo, una gran y tal vez creciente participación del trabajo informal opera en las calles de las ciudades, en las aceras y en otros espacios públicos, donde se vende de todo, desde frutas y vegetales frescos hasta equipos electrónicos. En términos generales, los vendedores ambulantes son todos aquellos que venden bienes y servicios en los espacios públicos. Y aunque no todos los vendedores ambulantes trabajan sin licencias o protección legal, la mayoría lo hace.
?Los vendedores ambulantes enfrentan regularmente el acoso de la policía así como condiciones laborales difíciles e inseguras. La capacidad de estos trabajadores para mejorar sus ingresos y sus condiciones laborales aumenta cuando se agrupan, se organizan y solicitan a las autoridades la tutela que, desde lo jurídico, no tiene respuesta?, argumenta la fundamentación del proyecto de ley. Por el bien de todos los que viven y sobreviven con la venta, la integrante del bloque Proyecto Sur y los representantes que acudieron a verla y le solicitaron amparo esperan que la regulación les permita, nada más ni nada menos, que el derecho al trabajo.