Alternativa a los narcos
El mismo barrio con intereses opuestos: el Bajo Flores. Los narcos dedicados a un negocio difícil de explicar y fácil de enseñar. Los profesionales de la salud en un centro de día históricamente abandonado por los gobiernos y en pie para asistir a los más excluidos de los adictos, los llamados fisuras.
Hace un mes que funciona la reparada sede del Centro de Día para adictos La Otra Base del Encuentro, ubicada en Camilo Torres al 2100, y recién este lunes fue la oportunidad para celebrar la reinauguración no oficial sino afectiva de este espacio que es alternativa a los transas que cada vez suman más poder y dominio territorial en el Bajo Flores.
Al relanzamiento del mejorado centro para adictos sin internación se acercaron desde consumidores de drogas, sus familias que juntaron firmas para reclamar las obras de remodelación, docentes y alumnos de escuelas primarias y secundarias de la zona (EMEM Nº 3, primaria Nº 4), la Cooperativa de Aprendizaje y Oficio (COPA), la coordinadora SIDA porteño, profesionales de los centros de salud Nº 19, 24 y 40, el periodista radial Ricardo Carrizo, médicos de los otros dos centros de día para adictos porteños, el ex padre en la capilla María Madre del Pueblo, Adolfo Benassi, el secretario general de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), Eduardo López, Defensoría del Pueblo porteña, Asesoría Tutelar de Menores, Carlos Gullo (hijo del diputado Juan Carlos Dante Gullo) de La Campora, del Movimiento Evita, ATE Niñez, y referentes barriales de Club de Jóvenes Bajo Flores, del Centro Cultural El Oso, del CAF Nº 3 y los residentes de salud mental del Hospital Durand.
La cinta argentina para la reinauguración fue cortada por un triunvirato: el echado subdirector del Hospital Piñero, Jorge De luca, la fundadora y directora de la Otra Base del Encuentro, Beatriz Baldelli, y Jorge de mantenimiento.
?Jorge durante meses fue la única persona que dejó la empresa Manteletric para refaccionar la sede. Él pintó el 80 por ciento del centro?, contó a este medio una de los diez profesionales que trabajan con una forma inédita que es visitar a los adictos en su lugar de adicción, ?La ranchada? le dicen cuando quedan instalados en la periferia a la villa del Bajo Flores.
Las reparaciones no alejaron del todo los problemas de infraestructura. Hace una semana que no funciona el teléfono de línea. ?La empresa Comahue vino a romper lo mismo que se había arreglado. Todo para poner las cámaras de seguridad. El problema que están pasando los cables por el mismo lugar que van los del teléfono?, reconoció otra de las que recorre dos veces a la semana las calles del Bajo Flores para hablar con los fisuras.
Las cámaras de seguridad no son bien vistas en el Centro de Salud. Los adictos son reacios al control policial por eso jamás aceptaron los profesionales la custodia de la policía federal.
Eduardo, otro de los profesionales, explicó que la reinauguración fue en ?agradecimiento de todos aquellos que nos ayudaron a salir adelante, que desde su lugar aportaron, un caso es el padre Adolfo. Con él empezamos las primeras visitas a las ranchadas que eran cerca de la capilla?.
La Otra Base del Encuentro trabaja sobre un universo de 151 personas. En su mayoría adultos, un dato contrario a lo que replican los medios de comunicación que concentran en los menores de edad la mayor cantidad de adictos. El promedio de edad de adictos crónicos en el Bajo Flores son adultos de 29 años y mujeres de 26 años.
Otro de los mitos derrumbados por los profesionales de la Otra Base es la configuración violenta de los adictos. ?Es un mito. Nuestra tarea es acercarnos y eso se aprecia, se sorprenden para bien. Porque en general los vecinos nos los quiere, las instituciones los consideran insalvables y los narcos inútiles que son descartados?, aseguró una de las mujeres que sale con otros médicos residentes a recorre las calles de las barriadas marginadas.
La humedad en las paredes, los techos que se caen en el consultorio, los ventanales por donde cuela el frío invernal pasan hacer historia reciente del centro de día. Ahora se enfrentan el desafío que 150 adictos crónicos se acerquen a probar un desayuno, una ducha, y a comer en una mesa con cubiertos. ?Queremos devolverle la dignidad a los pacientes?. El taller de radio o las clases de gimnasia es parte de ese difícil camino.