Publicado: 06/11/2026 UTC Ciudad Por: Valeria Azerrat

Bares, recitales y parlantes descontrolados: el reclamo de los chacaritenses

Los vecinos advirtieron sobre la proliferación de locales gastronómicos que por las noches se transforman en espacios bailables.
Bares, recitales y parlantes descontrolados: el reclamo de los chacaritenses
Valeria Azerrat
boliches chacarita

La música en vivo, los recitales hasta la madrugada y las mesas que avanzan sobre las veredas, forman parte de una escena cada vez más habitual en algunos sectores de, barrio de Chacarita. Para muchos vecinos, lo que comenzó como una expansión de la actividad gastronómica, se convirtió en un problema cotidiano: por eso denuncian que algunos establecimientos cambian su modalidad de funcionamiento durante la noche y se transforman en espacios bailables o salas de espectáculos sin que existan controles suficientes.

Frente a este escenario, habitantes de distintos puntos del barrio comenzaron a organizarse para reclamar la intervención de las autoridades porteñas. Agrupados en Amparo Ambiental Chacarita, buscan visibilizar una situación que afecta el descanso y la vida cotidiana de numerosas familias. El pedido central es que se verifiquen las habilitaciones y se controle que cada comercio desarrolle las actividades correspondientes al rubro para el que fueron habilitados.

La problemática se concentra principalmente en dos sectores: el corredor de la avenida Jorge Newbery, entre Corrientes y Córdoba y el entorno de Fitz Roy y Ramírez de Velasco, una zona que experimentó una fuerte transformación comercial luego de la elevación de la traza ferroviaria y la aparición de nuevos espacios gastronómicos.

En ambos casos, muchos emprendimientos se instalaron en locales donde anteriormente funcionaban comercios de cercanía. La preocupación de los residentes no pasa por la apertura de nuevos negocios, sino por las actividades que desarrollan, especialmente durante la noche y las dudas sobre sus habilitaciones.

"Está todo totalmente desregulado. Muchos de los locales no tienen habilitación para las actividades que realizan, están hasta la madrugada con música alta y recitales en vivo. Dejaron de cuidar al vecino y nos están expulsando", describió una vecina que participa de los reclamos.

La mujer explicó que el problema excede las molestias ocasionales que puede generar un comercio en una zona residencial. "Es descomunal y violento. No nos dejan dormir. Nos genera estrés y angustia. Tener que ir de madrugada a pedir lo mismo todas las semanas, que bajen el volumen, es agotador".

Entre las situaciones denunciadas mencionó establecimientos que organizan espectáculos en patios de antiguas viviendas transformadas en bares. Al tratarse de espacios que dan a los pulmones de manzana, el sonido llega directamente a las casas y edificios linderos. “No podemos descansar”, aseguró.

La reiteración de los episodios agrava el escenario. Según relatan, no se trata de un único establecimiento, sino de distintos locales que mantienen actividades hasta altas horas. "Y eso pasa todas las noches. Si no es un local, es el otro; si no, el de la vuelta. Todos los días".

A los ruidos nocturnos se suma el movimiento diurno: camiones de proveedores, descarga de mercadería, motores, mesas y sillas sobre las veredas y circulación de clientes. También están las obras en construcción, que en muchos casos comienzan sus tareas desde las primeras horas de la mañana.

"Nos sentimos muy defraudados por los gobernantes. Nadie controla nada, no hay controles ni inspecciones ni fiscalización. Hicimos denuncias por ruidos molestos, por uso indebido del espacio público y por música alta, pero seguimos con el mismo problema", cuestionaron.

Un barrio en transformación

Los reclamos por los locales gastronómicos se inscriben en un proceso de transformación urbana que los habitantes de Chacarita vienen señalando desde hace varios años. La proliferación de edificios en altura, la demolición de antiguas viviendas y la instalación de nuevos emprendimientos comerciales modificaron la fisonomía de un barrio que conservaba amplios sectores de casas bajas.

Un vecino que vive en Chacarita desde 2003 recordó que durante años la identidad del barrio estuvo asociada a sus construcciones bajas y sus comercios tradicionales. Sin embargo, esa característica comenzó a cambiar con las normas urbanísticas que habilitaron un mayor desarrollo inmobiliario.

"El barrio se llenó de dos temas: la gastronomía, con bares grandes y chicos, y el desborde de edificios que se multiplicaron amparados por el Código Urbanístico que existía en ese momento", explicó.

A su entender, el crecimiento inmobiliario estuvo acompañado por una estrategia de promoción comercial, que buscó posicionar a Chacarita como una nueva zona gastronómica, con características similares a Palermo. "Todo lo que era una conservación de casas bajas, una identidad del barrio, se fue transformando de a poco. No estamos en contra del desarrollo, pero no se tuvo en cuenta la opinión del vecino".

Actualmente, en muchas manzanas conviven edificios en construcción, emprendimientos a estrenar y terrenos donde ya se demolieron inmuebles para dar lugar a nuevas obras. Durante el día, los vecinos soportan el ruido de sierras, hormigoneras, camiones y maquinaria pesada; por la noche, la música elevada y los espectáculos de los bares.

Desde Amparo Ambiental Chacarita, cuyos integrantes también participaron de los debates sobre las modificaciones al Código Urbanístico, sostienen que el crecimiento comercial debe convivir con los derechos de los residentes.

"Todos tienen derecho a trabajar, pero respetando el derecho de los vecinos. Las autoridades de la Ciudad tendrían que poner un poco el foco en esta situación".

Ante la falta de respuestas institucionales, los vecinos comenzaron a trabajar en una propuesta para establecer pautas de convivencia con los comerciantes. La iniciativa, que se encuentra en una etapa inicial, contempla el diálogo con los responsables de los establecimientos y busca que cada emprendimiento respete las condiciones de funcionamiento correspondientes a su actividad.

"Pedimos una regulación y respeto. Queremos un espacio de diálogo con los dueños de los locales gastronómicos. No está bien que no nos cuiden. Fuimos a la Comuna en enero a contar nuestro problema y hasta ahora no tuvimos respuesta", señalaron.

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Entre sus planteos incluyeron el respeto a los horarios, la no utilización de las veredas para eventos privados y evitar que los locales habilitados para actividades gastronómicas funcionen como ámbitos de baile o recitales sin las autorizaciones correspondientes.

"Los vecinos somos los que hacemos el barrio. La idea es poder convivir entre todos, que los comerciantes desarrollen su actividad, pero respetando el rubro para el que están habilitados", explicaron.

Como parte de la organización, elaboraron un mapa del ruido de Chacarita a partir de las experiencias de las familias de las zonas afectadas. Para reunir información realizaron un relevamiento mediante un formulario que permitió registrar la cantidad de locales gastronómicos, sus horarios de funcionamiento, las actividades que desarrollan, la ocupación de las veredas, los horarios de cierre y la presencia de música a elevado volumen.

El trabajo permitió identificar alrededor de 200 establecimientos gastronómicos distribuidos entre los dos polígonos señalados como críticos. El objetivo es contar con un diagnóstico colectivo que permita dimensionar el problema y aportar información concreta a las autoridades responsables de las inspecciones y fiscalizaciones.

La consigna que acompaña la campaña resume el planteo: respetar el uso para el que cada comercio fue habilitado. En sus materiales de difusión, los vecinos cuestionan tanto la transformación de cafeterías en espacios bailables, como la instalación de parlantes en las veredas y la realización de eventos privados que afectan la circulación.

"El descanso no es un lujo, el ruido es un exceso", sintetizaron.

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