Publicado: 17/01/2010 UTC General Por: Redacción NU

La Federal es la clave del éxito

El futuro de la Policía Metropolitana depende exclusivamente de la buena onda que quieran tener los federales. Los acuerdos que la Policía Federal estira y la escasez de personal porteño conspiran contra los planes de seguridad del macrismo.
La Federal es la clave del éxito
Redacción NU
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En todo relato donde se pretenda contar un hecho que involucre a miembros de la Policía Federal se deben conocer de antemano los particulares códigos que rigen en el submundo azul. A diferencia de lo que sucede con los políticos, quienes se esmeran por captar la mayor atención pública posible y tienen una declaración siempre a mano ante cualquier tema de actualidad mediática, los uniformados suelen elegir el silencio y prefieren hablar por intermedio de sus actos. Sus tomas de posición ante una situación equis queda demostrada en sus acciones, sin necesidad de agregarle ninguna palabra. El conocimiento de la lógica policial es vital para explicar la falta de una fecha precisa para que la Policía Metropolitana (PM) salga a la calle. Y las declaraciones de los funcionarios porteños no hacen más que confirmar esa indefinición. Primero se dijo que a fines de diciembre del año pasado la nueva fuerza debutaría en sociedad. Luego, en enero o febrero. Y con el correr de las jornadas y con asuntos sin resolver, se alargaron nuevamente los tiempos: ahora desde el macrismo se inclinan en señalar al mes de marzo como el más factible para la entrada en acción de los policías porteños. Un político PRO se aferra al off the record para sincerarse con una honestidad brutal que apabulla. ?En realidad, el retraso tiene una causa central y fundamental para que el desarrollo a futuro de la Metropolitana sea exitoso: pactar con la Federal, ya que sin su ayuda es imposible lanzar la fuerza. Y eso significa, ante el escaso primer contingente de policías locales, que los federales no pongan palos en la rueda, dejen trabajar y colaboren con los nuevos efectivos?, arranca en tono cansino el dirigente, para luego agregar: ?Todavía faltan firmar convenios vitales con la Federal, que son obligatorios para que los policías salgan a la calle. Pero los ?federicos? actúan con una premeditada lentitud, la cual tiene su origen en los malos antecedentes que existen entre el Gobierno de la Ciudad y la Federal. Aunque desde el macrismo se les aseguró que los policías porteños no interferirían en sus tareas y hasta se comprometieron en ayudarlos cada vez que lo requieran, los azules desconfían y negocian en cámara lenta?. El propio jefe de la Metropolitana, Eugenio Burzaco, lo reconoció públicamente, aunque utilizando un tono más diplomático. ?La salida de la nueva fuerza se demoró porque es necesario que existan acuerdos y convenios con la Federal, para poder actuar y que quede clara la jurisdicción de la PM.? El jefe de la Metropolitana, al ser consultado luego de la única reunión que mantuvo, el lunes 14 de diciembre, con el jefe de los azules, el comisario general Néstor Valleca, sobre la relación actual entre los federales y la administración PRO, dejó entrever que a pesar de las buenas intenciones macristas, el recelo de la Policía Federal aún continuaba. ?Hay que profundizar el camino de apoyo mutuo, que planteamos como norma de nuestro accionar, para que se concreten las expresiones de buenas intenciones?, concluyó el ex diputado nacional.

Luego de la reunión para limar asperezas, mantenida en el Departamento Central de Policía, en la cual Valleca estuvo acompañado por el subjefe de la fuerza, el comisario general Jorge Oriolo, el Gobierno porteño dio un paso más para congraciarse con los azules y el gesto no fue nada menor. Por eso, lo verdaderamente importante del acto de presentación de los primeros 850 agentes de la policía porteña, que encabezó el jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, acompañado además por el ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, y Burzaco, fueron los gestos y no los discursos de ocasión.

El acto se hizo el miércoles 23 de diciembre, en el Instituto de Seguridad Pública de la policía local, ubicado en el Club Deportivo Español, en el Bajo Flores, Aunque sólo se trató de dos acciones, ambas tienen un valor fundamental para decidir el futuro de la nueva fuerza de seguridad capitalina. La presencia de Valleca y los elogios que recibió la institución a su cargo por parte de las autoridades de la administración porteña, se convirtieron en los principales hechos políticos de la ceremonia. Las palabras de buena onda abundaron desde el Gobierno porteño: ?Respetamos la historia de la Federal?, señaló Macri; ?nuestra fuerza no compite, comparte?, dijo Montenegro; ?queremos que aporten su experiencia?, manifestó por último Burzaco. A eso se le debe agregar una acción nada menor y que se encuentra íntimamente relacionada con el suceso antes mencionado. Durante el acto se interpretó el Himno Nacional, ejecutado por la banda musical de cadetes de la Federal. Esto último se debió a la buena predisposición de los jerarcas de la fuerza, quienes cedieron la orquesta a las autoridades porteñas, ante la importancia de la ceremonia. Para ser claros, los gestos amistosos que el Gobierno de la Ciudad le envió a los federales tenían la misión de reestablecer los lazos de cordialidad con los jerarcas azules, para evitar que la iniciativa de poner a la Metropolitana en la calle termine naufragando ante la mirada juzgadora de los vecinos de la Capital Federal. Posibilidad que le supondría un duro golpe al futuro político de Macri y, por ende, a sus sueños presidenciales, ya que la creación de la fuerza local fue uno de los principales caballitos de batalla del PRO desde los inicios de la campaña que lo llevó a la jefatura comunal. ?Luego de las acusaciones que Mauricio le propinó a los federales cuando estalló el tema de Ciro James, la relación sufrió un fuerte deterioro, y eso debía revertirse si queríamos poner en marcha a la policía porteña. Para eso, es básico establecer una coordinación fluida con la Federal para especificar las labores de cada institución. Estas cuestiones ya fueron expuestas por Burzaco ante Valleca, sin embargo, la definición de los uniformados para dar el okey final se alarga?, afirmó otra fuente del Gobierno PRO.

Otro dato significativo que llevó a Burzaco a buscar por todos los medios la bendición de los federales se centró en la escasez de hombres que la administración porteña pondrá en actividad. ?Con 850 efectivos es imposible cubrir toda la Capital Federal. Y si encima te llevás mal con la Federal, tenés el fracaso asegurado?, se sinceró Burzaco ante los más cercanos. Por eso, desde la cartera que dirige Montenegro le apuntaron a dos objetivos de cabecera: lograr un buen diálogo con los azules y focalizar la tarea del primer contingente de policías capitalinos en una sola de las 15 comunas, en este caso la 12, compuesta por cuatro barrios: Villa Pueyrredón, Villa Urquiza, Coghlan y Saavedra. A medida que los efectivos aumenten, la fuerza actuará en más comunas, cubriendo de a poco todo el territorio de la Ciudad. ?La elección de la Comuna 12 se debió a su ubicación en el límite con el conurbano bonaerense, la cercanía a la avenida General Paz, ruta de escape hacia la provincia de Buenos Aires de los delincuentes que cometen delitos en la Ciudad, y en la estadística delictual de la zona, una de las más altas de la Capital Federal. La idea es empezar por la periferia del distrito para ir avanzando hacia el centro?, le señaló a NU un oficial de alto rango de la Policía Metropolitana.

En la práctica, los efectivos porteños, que ya cuentan con 50 patrulleros y 15 motos, iniciarán sus actividades diarias presentándose en el Comando Único de Control, que estará ubicado en el barrio de Chacarita, donde se les informará sobre la labor que deberán realizar ese día. En un principio, funcionará una especie de comisaría provisoria en el Club Atlanta (Villa Crespo), que tendrá cuatro calabozos. Para mayo, cuando se sumen 600 nuevos agentes a los 850 que estarán en la calle, se inaugurará la primera comisaría de la policía local, con oficinas y celdas, en Parque Sarmiento. Además, ésta servirá de modelo para las futuras comisarías de la fuerza. Las siguientes se ubicarían en Flores y en La Boca. La intención oficial es crear 15, o sea, una por comuna. Una vez que los 850 uniformados capitalinos, divididos en dos turnos y con horarios rotativos, inicien sus tareas en la zona que abarca los barrios de Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, tendrán las atribuciones para actuar ante las contravenciones y los delitos penales transferidos a la Justicia de la Ciudad, como el abandono de persona, las exhibiciones obscenas, las lesiones en riña, las amenazas, la omisión de auxilio, los matrimonios ilegales, la violación de domicilio, usurpación, daños, ejercicio ilegal de la medicina, incumplimiento de los deberes de asistencia familiar, discriminación, maltratos contra animales, tenencia y portación de armas no declaradas y lesiones en accidentes de tránsito. Ante el limitado número de delitos en los que la Metropolitana podrá actuar, las dudas de los vecinos se traducen en la cuestión que más los preocupa: ¿qué harán frente a los ilícitos en que no tengan jurisdicción? Ante el interrogante, fue el propio Burzaco quien trató de llevar tranquilidad a los porteños. ?Nuestros agentes tendrán la obligación de intervenir ante cualquier delito que observen, detener a los autores y entregarlos a la Federal?, informó, tajante, el funcionario de PRO. Sin embargo, en la intimidad, el macrista no se engaña y una suerte de temor constante lo amenaza día tras día. Es que él sabe mejor que nadie que ante la escasez de personal con el que cuenta la Metropolitana, la ayuda de los federales es clave. Y en el éxito de la nueva apuesta se juega el puesto y gran parte de su futuro y el de su jefe político. Con más razón, el miedo es grande, porque los federales pueden terminar desempeñando un rol claramente político, siguiendo las directivas de su protector, el jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, y pudrirle de la peor manera la calle a los nuevos policías. Si eso sucede, ni Montenegro ni Burzaco quieren imaginarse las reacciones que podría sufrir la Metropolitana por parte de los vecinos de la Ciudad. O


EL ACUERDO ENTRE BURZACO Y ORIOLO

El tono de la charla estuvo cargado de los obligatorios modales de cortesía que exigía la ocasión. Las promesas de buenas intenciones y de una futura relación de entendimiento mutuo entre las partes, proclamadas por los funcionarios porteños, se repitieron incesantemente. Y no estaban de más, ya que la misión central que tenían el ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, y el jefe de la Policía Metropolitana, Eugenio Burzaco, era restablecer, en los mejores términos posibles, la deteriorada relación entre el Gobierno de la Ciudad y la Policía Federal. Por eso, en la reunión mantenida el lunes 14 de diciembre entre los macristas y las autoridades de la fuerza ?el jefe de la misma, el comisario general Néstor Valleca, y el subjefe, el comisario general Jorge Oriolo? los compromisos de colaboración esgrimidos por los capitalinos, sumados al necesario apoyo de los azules, eran elementos fundamentales para la salida a la calle de la policía local y su posterior buen desempeño. El encuentro tuvo lugar en el despacho de Valleca, ubicado en el departamento Central de la Policía Federal, en la avenida Belgrano. Pero además, se produjo un acuerdo de suma importancia entre las partes. El mismo involucró a Burzaco y a Oriolo, quienes llegaron a la conclusión de que el retirado comisario general de la Federal Héctor Barúa era el hombre perfecto para reemplazar al ex número dos de la Metropolitana ?y hombre de confianza de Jorge ?el Fino? Palacios?, el comisario Osvaldo Chamorro. Durante su paso por la institución, Barúa prestó servicios en la comisaría 40, en las áreas de Inteligencia, Administración y Comisarías y llegó a ser nombrado al frente de la Superintendencia de Personal. También, se lo menciona como un hombre de estrecha confianza del ex jefe policial durante el final del menemismo, el comisario general Baltazar García. Pero eso no es todo, Barúa también mantiene una excelente relación con Palacios, con quien habría trabajado en la agencia de seguridad que el Fino creó luego de su paso por la Federal.

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